Mario Ramírez Granados: Las veredas de la imaginación – Los Miserables o el valor de la decisión

Para Alejandra Matamoros

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Mario Ramírez Granados.

En  las  veredas de la  imaginación no solo existen   senderos  que llevan  a  visiones del futuro,  a aventuras  o  paisajes de  terror.  También hay lugar  para    caminos  que  empiezan con una historia de  venganza y de redención.

Dentro  de esas  historias, existe una   que ocupa  un lugar especial en el corazón de los lectores: Los miserables. Escrita por el  poeta,  dramaturgo y político  francés  Víctor Hugo,  los Miserables  apareció  en el mundo  literario desde  mediados  del siglo  XIX y se convirtió  en un clásico.  Narra  la  historia de Jean Valjean, un hombre que siendo casi un niño  termina en la cárcel  por un  hurto menor. El presidio   convirtió a ese niño  en un  joven  lleno de odio y de rencor, que  cuando sale  quiere  descargar  esa amargura  en los demás,  hasta que un alma  noble le enseña  que  es posible  una  alternativa, y  Valjean dejara las sombras para  buscar ganarse  la vida  de forma  lícita.

Victor  Hugo parte de un esquema interesante,  frente a la idea del destino, propone  como los actos  van  forjando  nuestras  decisiones  y nuestro carácter.  No  se trata de un destino fijo, sino  que  un gesto  de un extraño,  o  un acto  propio, por pequeño que parezca,   puede modificarlo.  Víctor Hugo  apoya  entonces la idea de  redención.

Por donde  va, Valjean logra con su actitud,  cambiar la vida  a su alrededor,  logrando incluso que  florezca  la abundancia, mejorando  las vidas de la gente.  Pero  durante su vida,  habrá personas  que cambiarán su vida, como  Jauvert,  como Fantine  o como  Cosette.  Jauvert  personifica  a un policía  con una concepción rígida, que irá  tras los pasos de Valjean toda su vida, pues  no puede  creer   en la idea de redención.

Un lugar  especial  ocupan en la narración los personajes  de Fantine  y de Cosette.  Víctor Hugo  como  Dickens  consideraba a las mujeres  como  seres  “más allá  de la pena, la adversidad y la angustia” Fantine  representa  a las madres solteras,  que  sacan adelante  a una familia,  llegando  incluso a entregar parte de  sí misma, a cambio  de  un mejor futuro  para  su hija  Cosette, una niñita que representa modelo de virtud  por su inocencia, que florece en el medio  del fango,  pero  que  vive amenazado por  sus  tutores, los Thénardier, hasta  que  Jean Valjean  se convierte  en su protector y su padre  adoptivo.

Esa es tan solo  parte de la  historia   que desarrolla  “Los Miserables”, una historia  que se desarrolla  durante el siglo  XIX  francés,  entre las luchas de la República  y las luchas por la comuna de París, pero que como  se decía, se  volvió universal. Las figuras de  Valjean,  Jaubert,  Fantine, Cosette, Garovche o Marius  se  volvieron en personajes  universales, tanto en la literatura como en el  celuloide.

Se trata de una historia  que  goza de  total  actualidad,  en un mundo que  como  decía  un título  de Ciro  Alegría, se muestra  ancho  y  ajeno, los  gestos de bondad  pueden  marcar la diferencia.  Víctor  Hugo   nos muestra  retratos  que aún  hoy  siguen profundamente  cercanos.

Un ejemplo  de esto es Fantine. La madre  sola  que  labora  largas  jornadas  durante el día  se  ve obligada  a   involucrase en la vida  nocturna  del  pueblo, a fin de garantizar  mayores ingresos  que puedan costear  la educación de Cosette.  La gente  a su alrededor la  juzga, y pierde  su trabajo, lo cual  la obliga a dedicarse  a la  prostitución.  Para Fantine,  la esperanza no vino de discursos  huecos, de gente  que tenía  su comida  asegurada, los cuales  no  resolvían su situación  o la de su hija, sino  del gesto  de  Jean Valjean.

Si uno  deja por  un momento  las veredas  de la imaginación y ve  con cuidado  la vida diaria,   podrá identificar  que estos mismos  discursos que se ensañan  con los humildes continúan entre nosotros, pero  si  mejor  podrá ver  que  a pesar de esto, la gente  sale adelante  por los gestos  anónimos  de bondad. Desde este punto de vista, recordar las lecciones de los Miserables se vuelve  imprescindible: El camino  de la  amargura  y el rencor,  o el camino  de la bondad  y la redención ¿Qué senda  marca nuestro camino?  ¿Qué  huella  deseamos dejar en los demás?


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