Mario Ramírez Granados: Las veredas de la imaginación – En el crepúsculo

Pero el control no es eterno, y de repente el tiempo nos recuerda su paso, y esto ha sido captado desde la antigüedad por los estoicos, cuyos postulados en medio de una sociedad materialista, suenan extraños.

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Mario Ramírez Granados.

El cine y la literatura han logradas mejor que algunos textos académicos, retratar   las épocas de nuestra vida, acercándonos a la mirada y las vivencias de nuestra existencia.  Así, por ejemplo, contamos con filmes como Cuenta conmigo (Stand by me) una película que captó   lo que significa crecer en la década de los cincuenta, la amistad, así como el paso de la niñez a la juventud. En nuestro medio, un caso semejante sería el de Marcos Ramírez, novela y serie   en los que Carlos Luis Fallas retrataba las correrías de un chiquillo alajuelense a principios del siglo XX.

El paso a la madurez da lugar  a una idea fuerza que dominara la mayor parte de la vida adulta: la obsesión por el control. Tratar de estructurar la vida como un plan ordenado donde se establecen la carrera, la familia que le dan forma a una nuestra identidad.  La casa y otros bienes materiales se convierten en prioridades, y el cumplir este plan se van sacrificando relaciones y salud.

Pero el control no es eterno, y de repente el tiempo nos recuerda su paso, y esto ha sido captado desde la antigüedad por los estoicos, cuyos postulados en medio de una sociedad materialista, suenan extraños.

En la actualidad, el arte ha ido revisitando al crepúsculo y ha permitido el surgimiento de diferentes miradas acerca de la vejez.  Los libros o películas que retratan el paso a la ancianidad y las vicisitudes al final de la existencia, dejan de ser un tema tabú en el medio de sociedades que parecen negarse a envejecer para ir al centro del debate. Desde esta perspectiva,  les propongo  dos expresiones artísticas que reflexionen sobre ese último trayecto, como el Padre, hoy en cartelera o el excelente libro Gratitud,  el cual  no es tan conocido en nuestro país.

El padre es una película basada en una obra de teatro, con un elenco portentoso, entre los que destaca especialmente Anthony Hopkins.  La película no es lineal, sino que se trata de una película construida a varios tiempos, que permita al espectador captar el proceso de enfermedad de Anthony, el protagonista: ese momento en que nos negamos a reconocer que necesitamos ayuda, mientras vamos perdiendo noción del tiempo, los rostros   familiares se confunden con los de figuras desconocidas, y los recuerdos empiezan a desdibujarse.

El filme también acierta en presentar el tema desde el punto de los cuidadores, a partir de la relación entre Anthony y Anne, interpretada por Olivia Colman, en particular la tensión entre los deberes entre padres e hijos, la sensación de impotencia ante una enfermedad que parece desbordar a los cuidadores y la posibilidad de estos de una vida propia. Es decir, se trata de temas universales, dirigidos a no dejarnos indiferentes.

Por su parte, Gratitud es el libro póstumo del neurólogo Oliver Sacks, conocido por trabajos como Despertares (llevado al cine con Robin Williams), El hombre que confundió a su mujer con un sombrero y Veo una voz. El libro reúne cuatro ensayos en los que el autor reflexiona acerca de su propia biografía, a la que se despide con agradecimiento por haber tenido una vida plena, de la cual debe irse desapegando para partir, pero que a partir de esa certeza hace que detalles como contemplar una puesta de sol, disfrutar un paseo al aire libre, o una conversación, cada día de esa existencia que se apaga, sea un milagro irrepetible.

Sacks invita a ver el ocaso de una manera distinta.  En sus palabras, no hay angustia o temor por el futuro, sino que vive sin prisas el calendario, la alegría de una persona es capaz aún de asombrarse con los detalles cotidianos y que está en paz. En sus palabras:

“No considero la vejez una época cada vez más sórdida que uno tiene que soportar e ir trampeando como puede, sino una época de ocio y libertad, en la que te ves emancipado de las artificiosas urgencias de años anteriores, y esa libertad me permite explorar cuanto se me antoja, e integrar los pensamientos y sentimientos de toda una vida.”

La visión de Sacks es un replanteamiento a la visión estoica, una visión menos preocupada por lo sobrenatural y más preocupada en fomentar valores que nos permitan vivir y llegar al final sin temores. Es una visión desde el autocuidado, pero entendido desde el fomento de una vida más sana y frugal, que no debería limitarse al final de nuestra existencia.

Dos visiones del ocaso, dos miradas que incitan al debate, que buscan superar el temor a la pérdida de control de nuestra vida, así como el cuidado y las relaciones con los demás. En sociedades donde la vejez está más presente, las reflexiones sobre la vida buena son más necesarias que nunca.


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