Mario Ramírez Granados: Las veredas de la imaginación – Volver a lo esencial

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Mario Ramírez Granados.

Una vez  un graduado recién llegado de la Universidad,  entró  a laborar en una institución estatall, y le pidió  a uno de los funcionarios  más veteranos, si le  podía dar un  consejo  que  pudiera ayudarle a dar un mejor  servicio.  El  hombre, que ya peinaba  canas  sonrió  y le dijo: – No pierda  la capacidad  de asombro-.  Y en efecto,  muchas de las cosas  que pasan en la vida cotidiana, no  están  en los libros  de texto  y nos obligan  a  superar lo que damos  por supuesto.

Hace  casi  veinte años, se dieron los primeros  escándalos políticos que motivaron  la promulgación de la Ley  contra la Corrupción y el  Enriquecimiento  Ilícito en la Función Pública, para  cambiar  la cultura  de esa entonces.  Pero un cambio desde arriba no basta,  para que la cultura  de un país  cambie,  se necesitan transformaciones  más allá del ámbito  legal. De lo contrario, se convierte  en una tarea  imposible, donde  la ley  estará  siempre a la zaga de la realidad.

Debe entenderse que la corrupción, como la Hidra de Lerna del mito de Hércules, no muere  fácilmente. En la historia  griega,  la  Hidra  era un monstruo fabuloso,  al que se  si le  cortaba  una cabeza, brotaban dos.  Hércules no pudo matarla, solo detenerla momentáneamente. La corrupción, como  la bestia del cuento  también persiste,  se adapta  y toma  nuevas formas.   El enfoque  de la corrupción en estos años, tiende a condenar  al funcionario  público, pero   se  tiende  a invisibilizar  al  corruptor, al que trata de pasarse de listo  y que  prospera en medio de las grietas del  sistema.

Una primera salida, es  hacer un balance crítico  de la  Ley  contra la Corrupción  vigente,  reflexionar  si  la regulación actual es suficiente y sobre todo  que  mejoras necesita  para  que las investigaciones  lleguen  a buen puerto.   De lo contrario, investigaciones  que se alargan, sin llegar  a  ninguna parte, solo contribuyen  a la sensación de impunidad.  Una situación de este tipo, debería  obligar a la ciudadanía a plantearle a las candidaturas presidenciales, que mecanismos concretos  implementarán  para  fortalecer el  combate a la corrupción,  de cara a las  elecciones  del 2022.

La otra forma  de enfrentar  a la corrupción,  es más difícil. Implica  volver a lo esencial,  reflexionar sobre la cultura que se ha construido  durante estos últimos años, que  nos une como sociedad  en la actualidad,   donde el individualismo  y el egoísmo  se han convertido  en los  valores triunfantes,  y  se reduce el éxito a la capacidad de consumo  y el  éxito  económico. Una visión  que ha llegado  a tolerar  la imposición en todos  los niveles de la cultura  de la mordida  y el vivazo.  Se trata  entonces de una cultura de antivalores que se ha extendido  hasta  naturalizarse.

Como se dijo, la lección  más  difícil  de aprender  es que las leyes  por sí solas no cambian el corazón de la gente y que  durante mucho tiempo  Desde esta  posición, un cambio  en la cultura no puede  quedarse  entendida  solo  en la  educación, entendida  como  adquisición de conocimientos, sino  en la transmisión de valores. ¿En qué valores  nos formaron?  ¿Qué valores valen?

Retomar  los  buenos ejemplos, como   la cortesía,  el  respeto a los demás  y  la perseverancia como una semilla  de  la cual  brotan  los frutos  más dulces,  podrían  ser  un remedio   para estos tiempos tristes,  pero que debe volver  a primer  plano  y  empezar a dejar atrás a las conductas  basadas en la avaricia  en acumular más de lo que se ocupa  para vivir, en ocasiones  aprovechándose de los demás. Un camino tal vez  más rápido, pero  donde los frutos  que se acumulan a granel, se terminan  volviendo  amargos.

El otro camino está  en las veredas de la imaginación, en la recuperación  de  textos  olvidados, como las fábulas. Las fábulas son una  forma de  narración tan antigua  como el cuento mismo.  Se  narra  no solo  para  entretener, sino  para formar.  Formar  en valores significa transmitir  enseñanzas que puedan tocar la sensibilidad de quien escucha. No solo se  trata de un cambio de mentalidad, se trata de  un cambio  de corazón.

En un pasaje de los Evangelios, Jesús  decía a las multitudes que debíamos ser como niños  para  buscarlo. Tal vez  una forma sea  volver a lo esencial, a lo que aprendimos  como niños,   y recordar  causas que no están  mediadas por la conveniencia.  Los ejemplos y las moralejas,  que no aceptan dobles intenciones ¿Será  que  aún   podemos  hacerlo?


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