Mario Ramírez Granados: Ver con otros ojos

Para Karol J.

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Mario Ramírez Granados.

Se abre el telón, una gata negra aparece en la pantalla cerca de una escalera, y de repente un balde de pintura blanca se desprende del balcón donde se acomodaban sus gradas y se derrama sobre el animal, dejando una larga blanca, que recorre su espalda. Una mofeta la ve y confunde a la felina con una de su especie y queda prendada de ella. Los siguientes cinco o diez minutos,  registran como la gata trata de inútilmente de evadir a su Romeo, el cual trate de demostrarle de mil y un formas efusivas cuanto le gusta.

Creo, sin hacer mucho spoilers, haber resumido la trama de uno de los tantos cortos de las caricaturas de Pepe Le Pew que conocemos desde mediados del siglo pasado. Desde entonces, las caricaturas de la mofeta enamorada, con acento francés, se presentaba en la franja infantil, donde ha sido visto   por generaciones.

Sin embargo, los últimos tiempos parecen ya no ser tan amables con el zorrillo apasionado, después de que empezó a visibilizarse la molestia de grupos de los grupos de mujeres jóvenes, acerca de las aptitudes del animalito, que en su criterio rayan en el acoso y piden su cancelación.

El verbo encendido de estos grupos, han molestado a las generaciones mayores, las cuales han tratado de minimizar el reclamo, considerarlo exagerado y ridiculizarlo, comparando las actitudes de la Mofeta con los de otros personajes animados.  Confieso que yo mismo no entendía el reclamo   hasta que mi amiga Karol me planteó el tema desde otro punto de vista.

Mi amiga Karol  decía  que mi generación  y  las anteriores  se molestan cuando la  alguien  cuestiona  algún  tema que parece  ser neutro, e incluso  generar  nostalgia, pero  que  desde su lugar como mujer, los comportamientos de este Romeo afrancesado no son graciosos, y que eso  también debería  ser  respetado  y entendido.

Confieso que su punto de vista me dejó pensando y decidí ver a la caricatura con otros ojos, y lo que encontré, no me gustó. ¿Han notado ustedes la mirada de la Gatita cuando Pepe la abraza?  No es una mirada de amor correspondido o de alegría, es una mirada de terror, de alguien que se encuentra incomodo, que sólo desea escapar. ¿Es eso algo que debería hacernos reír?

La actitud de Pepe Le Pew, parece reflejar la forma en que las generaciones anteriores entendían al cortejo. De hecho hace unos años, la sexóloga Alexandra Rampolla, comentaba respecto a los problemas del mundo contemporáneo, del problema de algunos hombres, ya divorciados, que tratan de rehacer su vida, pero que parecen no entender cuando las mujeres rechazan sus propuestas.

¿Cuántos de nosotros crecimos con la falsa idea de que si una mujer nos rechazaba, era porque debíamos insistir más? Se necesitaron años para entender que ese comportamiento era inapropiado. Más grave aún, que ante una mirada de incomodidad de una mujer, ¿nuestra reacción debería ser la indiferencia, o peor, reírnos de quién sufre?

Cada generación tiene derecho a cuestionar las imágenes provenientes de épocas anteriores, y proponer nuevas narrativas, más apropiados a nuestros tiempos. Lejos de condenar o ridiculizar a los agraviados, deberíamos tratar de ver el asunto desde los ojos de los agraviados Desde este punto de vista, en mi caso me quedo con la mirada de auxilio de la gatita, y considero que los reclamos femeninos debían ser entendidos y paulatinamente deberíamos revisar los contenidos de los materiales con los que crecimos.  ¿Será que se vale justificar todo, en aras de una nostalgia mal entendida? ¿Será que ese es el tipo de valores que queremos seguir perpetuando en nuestra niñez?


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