Marvin Herrera Araya , Ex-ministro de Educación y Ex-diputado

Las inaceptables manifestaciones del presidente Chaves en sus constantes actos de campaña electoral, siendo presidente de la República, ahora, en La Fortuna de San Carlos, impropias de un responsable ejercicio presidencial democrático, han tenido repercusiones internacionales y nacionales, por el rebajamiento que hace de nuestra democracia centenaria, con sus insidiosas palabras y desarreglados ruidos onomatopéyicos, calificándola de “dictadura perfecta”, mientras que, en la reunión de Davos, Suiza, en el 2023, resalta bondades de nuestra democracia. ¿Contradicción consciente o inconsciente?

En los eventos internacionales puede suponerse que el presidente Chaves se “siente bien” al recibir honores o expresiones de reconocimiento por representar a una “verdadera democracia”, a un pueblo con indiscutible trayectoria democrática, pues, libremente, ha ejercido el sufragio en diferentes campañas electorales (18), frente a las legítimas propuestas de los partidos políticos, para elegir, sin manipulaciones ni represiones, a sus gobernantes en elecciones transparentes, ordenadas y dirigidas por el TSE con su integridad e imparcialidad. Trayectoria de nuestra cultura política que Chaves Robles desacredita con fines electoreros y sus pretensiones autocráticas.

Con su violenta diatriba, insulta, humilla, a los miles de demócratas que, por décadas, confiando en nuestras reglas y nuestros procesos electorales, concurren a las urnas de votación para elegir a las autoridades nacionales y municipales. Incluso, Chaves intenta desprestigiar la rectitud y seriedad institucional del TSE, tratando de restarle, intencionalmente, la confianza que los costarricenses tenemos en este supremo Tribunal que, para el presidente, es un cómplice de su inventada “dictadura perfecta”. ¡Horror de horrores!

Nuestro pluralismo político, con sus periódicas elecciones, está años luz de las “dictaduras en democracia”, en las que solo existen el dictador o el tirano del “partido político único”, pues otros candidatos “turecas o mamparas” se prestan al juego político; dictaduras en las que hay cero alternancias del poder, irrespeto de Derechos Humanos, ausencia de libertades fundamentales: de prensa, de opinión, de información, …, y numerosos opositores encarcelados como prisioneros políticos. Dichosamente, en esos 75 años, presidente Chaves, los costarricense no hemos vivido tal repulsiva degradación del concepto de democracia.

Tan grande es el tamaño de su evidente y cuestionable contradicción, que medios internacionales han mostrado su sorpresa y puesto en evidencia la abrupta incoherencia de opinión y las politiqueras palabras, dichas a los costarricenses por Chaves en La Fortuna con su acostumbrada bravuconada, proyectando su nefasto populismo, su evidente arrogancia, sus aires de autócrata y anhelos dictatoriales, pues rechaza gobernar en nuestro sistema político sustentado en un Estado Social y Democrático de Derecho, el que le estorba para imponerse por la fuerza y concentrar el poder absoluto en su narcisista personalidad, violentando los límites del mandato constitucional y legal que juró observar y defender ante Dios y la Patria, conferido por  libres electores demócratas en esta verdadera democracia, en la segunda ronda electoral de 2022. ¿Entonces, adónde queda su juramento constitucional?

El presidente Chaves con sus pretensiones de gobernar sin controles, para “mandar a dedo”, sigue polarizando al pueblo con sus odios, falsedades, aspiración política ambiciosa, para satisfacer, precisamente, su narcisismo, individualismo, confundir, hacer politiquería y llegar a ser un “dictador, aprovechándose de los fundamentos y procedimientos de nuestra democracia”, gastando tiempo precioso que podría aprovechar para gobernar por la solución de los graves problemas nacionales: de la educación pública, a cargo del MEP, la salud del pueblo, gestionada por la CCSS, que no recibe del gobierno el pago de la deuda del Estado, la escasa inversión en vivienda de interés social, la inseguridad ciudadana, la disminución de ofertas de empleo y de los presupuestos de instituciones y programas del Sector Social. Todo lo cual nos ha convertido en el país más desigual de la OCDE.

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