Mauricio Ramírez: Costa Rica 2021; año electoral, pandemia y futuro

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Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

El año que termina nos ha dejado grandes enseñanzas, en la misma medida que retos de todo tipo; ambientales, sociales, económicos, políticos y hasta espirituales. Enfrentar una pandemia no es algo que sucede, alegremente, muy seguido, nadie estaba preparado para una realidad con las características que tuvimos este 2020 y con la complejidad que esto conlleva en cuanto a lo económico y social en primer orden. Sin duda, nuestra querida Costa Rica no es la excepción, hemos tenido doce meses llenos de incertidumbre, temor y ansiedad sobre lo que puede venir bajo la nueva normalidad.

De esta manera nos aproximamos al bicentenario de nuestra independencia, misma a la cual debemos honrar siendo los mejores patriotas y dejando de lado las diferencias partidarias para poner por delante la bandera patria como eje central de todo pensar, actuar y construir de ahora en adelante. Parte de nuestros retos se centran en volver a lo básico, recordar nuestras raíces, fortalecer nuestra identidad y recobrar esa solidaridad característica, esa que independientemente de nuestra ideología, está presente en nuestro ser auténtico y ADN país.

Los cambios de un mundo acelerado no esperan a nadie; la revolución digital hace que cada segundo sea determinante para la consolidación o atraso de un país respecto al modelo de desarrollo que desee elegir para navegar en esta nueva realidad de lo tecnológico. Nuevas brechas se ciernen sobre nuestras sociedades, ya no solamente son las económicas o ambientales, sino, las digitales, esas que pueden ser más peligrosas y difíciles de cerrar. Literalmente, si no se tratan a tiempo, dejan a millones de personas fuera de ese mundo que ha nacido y se consolida de manera contundente, es algo así como poner en una carrera de autos antes de iniciar, unos con el tanque de combustible lleno y otros con menos de medio tanque para una competencia de seiscientos kilómetros, todo de forma consciente.

Esta muy breve radiografía global nos hace pensar sobre la necesidad de pensar en reedificar Costa Rica, consolidar un nuevo pacto social y en el fondo, crear una nueva república. Eso implica gran fuerza, mística y gallardía, nos exige liderazgos frescos, críticos y reflexivos. Demanda perdonar para avanzar, dejar de lado resentimientos políticos, rencores ideológicos y trabajar en armonizar la energía de la mejor manera, comprendiendo lo delicado de la época. Esa nueva Costa Rica implica que conversemos sobre temas como la inclusión socioeconómica de gran parte de nuestra sociedad que, a hoy, se encuentra totalmente desconectada de todo, es como otro país aparte dentro del mismo, uno que ni los medios toman en cuenta, y por eso sigue invisibilizado, pero cada vez lo forman más compatriotas.

Esa inclusión no es solo de las minorías, que, en los últimos años, de forma legítima y valiente han venido luchando por sus derechos para que sean reconocidos y se erradique la discriminación en su contra. Nos referimos a la inclusión relacionada con la falta de oportunidades para estudiar y emprender, el alto costo de la vida, la dinámica del consumo desmedido e innecesario con su correspondiente sobre endeudamiento y altas tasas de interés, la pérdida de empleos y la consecuencia directa de esto; altos niveles de pobreza, desigualdad y desintegración familiar. Esto es realmente lo que atenta contra la familia y la unidad nacional.

También nos referimos al vasto desarrollo tecnológico cuya lógica natural implicará la suplantación de múltiples funciones realizadas por personas, que ahora serán llevadas a cabo por algoritmos y máquinas automatizadas. La tecnología de quinta generación, el internet de las cosas, el machine learning y la inteligencia artificial son una realidad innegable a la cuál deberíamos sacar el mejor provecho y tomarla en cuenta, siempre con criterio solidario, social, bajo esa nueva visión de compromiso humanista para con nuestros compatriotas. No hay cabida para egoísmos infantiles en tiempos tan convulsos.

Sin duda alguna, otro gran tema a incluir en ese nuevo pacto será la equidad, en todos sus ámbitos. Costa Rica ha venido haciendo una labor importante en temas de género, aún nos queda mucho por delante, sin embargo, no se puede bajar el acelerador a esto; la violencia contra las mujeres y diversos sectores de la sociedad siguen siendo una realidad, ante ello, más educación, cultura y severidad. La máxima debería ser la de respetar a todas las personas por el hecho de serlo, dejando de lado cualquier tipo de discriminación por categorías inventadas como raza, sexo, clase, género, etc., eso solo nos divide y no nos une, hay que pasar la página.

El otro gran tema, cuya importancia es de vida o muerte se relaciona con el ambiente y la salud de nuestro planeta tierra. No tenemos otra casa dónde ir si a esta le pasa algo, el modelo económico bajo el cual vivimos es uno realmente ecocida, solo piensa en consumir recursos finitos de manera infinita para acumular riqueza en pocas manos también infinitamente. No podemos seguir viendo nuestra casa como una bodega de materias primas a la que podemos extraerle todo pensando que no existirán consecuencias por ello, la degradación climática es una realidad, el derretimiento de los polos también, el aumento de la temperatura global no nos engaña y los resultados de esto ya se sienten en todas partes del mundo.

Nos corresponde trabajar para un pacto social costarricense que sea ejemplo mundial de conservación, respeto por la naturaleza, producción de energías renovables y líder global en manejo responsable de nuestros recursos. Sin una visión amplia y sistémica, será imposible hacer entender a muchas personas la urgencia de trabajar desde estas trincheras, sin embargo, hay algunas personas pensando en explotar petróleo en estos momentos, algo tan sin sentido como querer usar un celular de teclado modelo 2000, teniendo la oportunidad de comprar un plan con un Smartphone. El mundo ya no va por el lado del carbón, a eso debemos adaptarnos también, eso se llama visión estratégica de largo plazo.

Pero no podemos pensar en reconstruir el pacto social costarricense si antes no defendemos y tenemos claro lo más esencial; nuestra soberanía. En el mundo de hoy, con tantas tensiones geopolíticas y retos a la seguridad nacional como internacional, la soberanía vuelve a jugar un rol protagónico en las relaciones internacionales. Solamente que no como en épocas anteriores, hoy podemos traducir la palabra soberanía en un par de aspectos estratégicos: recursos naturales y seguridad alimentaria. El país que albergue reservas importantes de recursos como agua y otros minerales será blanco de posibles ataques, desestabilizaciones o intervenciones extranjeras debido a la dependencia estratégica de la economía mundial a estos recursos, recordemos el caso del agua, cotizando ya su precio en Wall Street, algo inimaginable, el oro azul es ya fuente conflicto o cooperación, por lo tanto, un factor decisivo de poder y soberanía.

Así sucede con la seguridad o soberanía alimentaria, las enseñanzas de la pandemia en este 2020 nos demostraron que no se puede de ninguna manera dejar a un país importar todo lo que se come solo por el argumento de que es más barato para los consumidores, en caso de escasez por causa del cambio climático, una guerra u otro tipo de razón nada descabellada, el abastecimiento y las cadenas globales en el comercio internacional se quiebran con facilidad, dejando en una posición de vulnerabilidad absoluta y debilidad a cualquier nación que dependa totalmente de este tipo de mecanismos para darle de comer a su gente. Volver a la tierra, como decía Luis Alberto Monge, es hoy más que nunca una necesidad vital para el Estado y la nación, el mundo que viene no escatimará en tomar las decisiones que sean para garantizar la supervivencia de cada pueblo, utilizando los medios considerados oportunos.

Como eje final y no menos importante, está el comprender el mundo de las relaciones internacionales y su profunda reconfiguración. La era multipolar ha llegado, existen ya nuevas potencias emergentes cuyo peso en la toma de decisiones no se puede pasar por alto de ninguna manera, el mundo de la Guerra Fría terminó hace 30 años y las cosas cambian, el liderazgo occidental se derrumba con fuerza y el regionalismo toma la delantera como parte de los cambios traídos con la pandemia, esto es muy difícil revertirlo, la globalización como se conocía ha muerto. El mundo mira a Asia, ahí está la cuna de innovación más grande, visión y liderazgo económico global, occidente liderado por los Estados Unidos y algunos socios europeos sigue en pie, pero sin la fuerza suficiente para sobrepasar los esfuerzos de Asia en todo sentido.

Abrir las puertas a ese nuevo mundo sin dejar de ninguna manera las excelentes relaciones con el viejo, es indispensable para una nación como Costa Rica. Solo para poner un ejemplo, el 45% del PIB global, el 50% de aumento del consumo de energía, el 60% de la población mundial y un tercio del comercio total se encuentran en oriente. Si deseamos abrir nuevos mercados, atraer inversión y generar empleos de calidad para el bienvivir, no podemos seguir con visiones atascadas en errores ideológicos y fanatismos mal fundamentados. China y Japón son dos de las más grandes economías globales, China, India (potencia para el 2050) y Corea son enormes potencias militares, Rusia podría ser un gran socio comercial, sería una locura darle la espalda al futuro.

En fin, podemos seguir hablando mucho del mundo y Costa Rica, pero es menester volver la mirada al 2021 y reflexionar con madurez sobre el proceso electoral que se avecina en febrero del año 22 y la gran responsabilidad que está en nuestras manos. Será un año decisivo, uno para estudiar propuestas, candidatos y contrastar sus diversas visiones de mundo, capacidad y liderazgo, no es buena idea caer en el fanatismo partidario y seguir la lógica del divide y vencerás. Si polarizamos el ambiente será más difícil llegar a acuerdos, nuestra madurez democrática e institucional están a prueba, aprendamos de nuestra historia, forjemos nuestro destino y avancemos sin miedo, unidos y con fuerza, porque con objetivo y ruta clara, nada es imposible.


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