Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

El famoso saludo de la contradictoria y perdida Cancillería Costarricense a Cuba por un aniversario más de su liberación la semana anterior, ha generado todo tipo de reacciones en diversos sectores políticos de la sociedad. Esto sin dejar de lado, el rol ridículo de algunos medios de comunicación respecto a la cobertura de la “noticia” y su enfoque completamente sesgado y salido de todo contexto, se ve que de la realidad internacional la entienden y la ven con los anteojos de las empresas mediáticas occidentales.

Desde luego, la reacción de los sectores conservadores no se hicieron esperar, está claro que en nada comparten ideas que tengan que ver con izquierdas y demás, por eso no es de extrañarse las duras críticas a la cancillería. Pero una reacción que efectivamente me generó gran impresión fue la de algunos diputados y figuras del Partido Liberación Nacional, quienes en un acto de desconocimiento histórico e ideológico de su propia casa, parecían más cercanos a la línea del diputado independiente conservador y de derechas, Dragos Donalescu, que verdaderos social demócratas.

Por eso es importante estudiar historia, comprenderla y tener la claridad de que los tiempos cambian y las realidades también. Así como un médico, ingeniero o mecánico se tiene que actualizar sobre las nuevas tecnologías y formas de desarrollar sus áreas, lo mismo sucede con las ciencias sociales. No es lo mismo un vehículo modelo 60 que uno modelo 2021, bueno, lo mismo con la sociedad y la política internacional, no hay diferencia alguna en ese sentido; los fenómenos sociales, económicos, ambientales y en consecuencia, ideológicos, van a mutar constantemente y no se pueden estudiar solo desde las viejas e insuficientes categorías de las ciencias sociales de los años 70.

Veamos rápidamente algunos hechos históricos concretos para entender detalles, empecemos por preguntar: ¿quién gobernaba Cuba antes de la revolución y de qué manera lo hacía? Cuba estaba en manos del dictador Fulgencio Batista Zaldívar, apoyado por los Estados Unidos y éstos tenían a la isla como un enclave suyo donde todos los altos valores morales de aquella sociedad ejemplar quedaban atrás, dando paso a los excesos de todo tipo, tanto así, que fue llamada como el “prostíbulo de América”, ya podrán imaginar nada más. Esto sin dejar de lado que Batista había participado de un golpe de estado en 1933, época desde la cual desarrolló una gran represión contra todo movimiento político y popular que fuese opositor. La corrupción en el estado no se soportaba, las condiciones de vida para las y los cubanos eran más que miserables.

Esta coyuntura hizo que un grupo de jóvenes nacionalistas, patriotas basados en el pensamiento latinoamericano, así como del gran José Martí, decidieran organizarse para intentar cambiar la realidad política y económica de la isla, devolver la soberanía al pueblo y recuperar lo que les habían arrebatado después de tantos años de abusos e injerencias del exterior. Ahí es donde los hermanos Castro, el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y otros no menos importantes, lanzan un movimiento revolucionario que vino a cambiar la historia en América Latina en la segunda mitad del siglo pasado, en un contexto geopolítico de enfrentamiento bipolar, violento y radical entre dos ideologías que se disputaban la hegemonía global en nombre de la libertad una y del anti imperialismo la otra.

Ahora bien, la pregunta básica aquí es entonces la siguiente; ¿liberó Fidel Castro y su grupo de jóvenes valientes a Cuba en su momento? contundentemente, nos guste o no, la respuesta definitiva es un si absoluto. Recordemos que el mismo don José “Pepe” Figueres envío el primer avión con armas y ayuda internacional a la revolución en 59, muchas de ellas se habían usado en el 48 aquí y en la invasión del 55.

En su libro “La Victoria Estratégica” el mismo Castro lo describe puntualmente: “Al atardecer del 30 de marzo aterrizó en Cienaguilla un avión bimotor procedente de Costa Rica, la primera expedición portadora de refuerzos desde el exterior. En ella viajaban Pedro Miret, Evelio Rodríguez Curbelo, Huber Matos y otros cuatro o cinco compañeros. El cargamento constaba de dos ametralladoras calibre 50, unas decenas de fusiles, entre ellas unas cuantas carabinas semiautomáticas italianas de la marca Baretta, proyectiles para nuestros morteros y alrededor de 50 000 tiros, enviados por un influyente amigo en aquel país”.

Fidel mismo estuvo en la finca La Lucha organizando su movimiento revolucionario, Don Pepe fue a celebrar el triunfo del grupo rebelde una vez que llegaron al poder, hay fotos de ello que así lo comprueban. Lo que sucedió después es otra cosa y podemos estar a favor o en contra, esta bien, el mismo Figueres se distanció de Fidel y su forma de hacer las cosas poco democráticas, pero en su momento, ese acto de 1959 fue efectivamente un acto de liberación, latinoamericanista y justo, por eso contaba con la solidaridad de verdaderos y grandes líderes de toda la región.

Años después, Don Pepe y Fidel “hicieron las pases”, y junto con Manuel Mora Valverde, fundador del Partido Comunista de Costa Rica, estuvieron trabajando por la paz en la región. Durante los años ochenta, tanto Don Manuel como Don Pepe viajaron a la isla y entablaron reuniones para tratar estos temas. Así lo narra el Dr. Gemán Chacón en su libro recién publicado “Manuel Mora Valverde; pensamiento y práctica política”, cuando plantea que: “En los años 80, Don Pepe y Manuel Mora, hacen un esfuerzo muy importante, cuyo objetivo era evitar una intervención militar de Estados Unidos en Nicaragua y lograr acuerdos de paz que evitaran el baño de sangre…En ese esfuerzo, Manuel Mora y José Figueres Ferrer se reunieron con el Comandante Fidel Castro y desarrollaron negociaciones para intentar la pacificación del área, mismas que fueron torpedeadas por fuerzas tenebrosas que más bien querían mantener la guerra en la región e incluso ampliarla”.

Insisto, lo qué pasó en Cuba después, es otra historia y podemos no estar de acuerdo, a mi en lo personal tampoco me parece correcto la forma en que se hicieron las cosas, a cómo tampoco puedo estar de acuerdo de ninguna manera con el bloqueo genocida contra el valiente pueblo cubano por parte de EEUU y su prepotencia. Eran tiempos muy complejos y diferentes. Sin embargo, lo que me genera gran inquietud es ver que nuestra clase política, en pleno 2021 sigue viviendo en una época que dejó de existir hace 30 años; la Guerra Fría. Es como si a un mecánico de los años 70 u 80 sin ningún tipo de actualización, le den un vehículo eléctrico y automático para que le cambie una pieza del motor, lo primero que va a decir es que no le encuentra el tanque de la gasolina y que eso no es un vehículo.

Las cosas han cambiado bastante, cada país tiene sus problemas y maneras de hacer las cosas, nos gusten o no, debemos respetar los asuntos internos, nadie está libre de pecado para tirar la primera piedra y tampoco los occidentales somos los portadores de la verdad absoluta como para imponer nuestros puntos de vista a nadie, 500 años de dominación han bastado para destruir no solo muchas culturas, sino también el ambiente.

Lo más inquietante de todo este asunto es ver a diputados y figuras del PLN en una línea abiertamente reaccionaria y de derechas frente al mensaje de la cancillería. En definitiva sí me generó un “corto circuito”, por mucho, se ve que viven de ideas anquilosadas, sin pragmatismo de ningún tipo o a conveniencia (porque no piensan así de China, por ejemplo) y no conocen de las raíces ni la historia de su propio partido y grandes líderes (así como sus ideologías). Olvidan que nacieron también de una revolución armada con ideales social demócratas, nunca conservadores, sino mas bien, reformistas, progresistas. Lo que hizo Don Pepe fue grande y correcto, por eso es un legado vivo que debe celebrarse, lo que el partido es hoy, es otra cosa y podemos estar de acuerdo o no, eso es otra historia, como le pasó a Cuba después; el poder hizo que ambos perdieran su norte, ideología y razón de ser.

Para terminar de hacer “mesa gallega”, sale un diputado independiente y fanático religioso diciendo que esta cancillería ha sido radical ideológicamente, pues claro que ha sido radical, inconsistente y contradictoria, reconocieron a Guaidó y permitieron un zafarrancho vergonzoso en la sede de la embajada venezolana en Costa Rica, imaginen que de 193 países que forman la ONU, alrededor de 48 son los que reconocen a esta figura impuesta por el Estados Unidos de Trump. Es tan sin sentido, que el mismo Joe Biden ni siquiera quiso atender a Guaidó al teléfono para recibir un saludo de felicitación por ganar la elección en EEUU. Nuestra cultura política se ve reflejada en quienes nos gobiernan y hacen las leyes que nos rigen, en definitiva, nuestra clase política en general no está ni a la altura de los tiempos, ni mucho menos a la altura de las demandas del país de cara al futuro.

Lo que hizo la cancillería no es más que un acto de respeto para con un país soberano con el cual nosotros tenemos relaciones, nada más. Eso se hace con toda nación con que se establezca algún tipo de cercanía diplomática, económica o cultural. En lugar de andar discutiendo por infantilismos anacrónicos, deberían de estar legislando por una Costa Rica ambientalmente responsable, solidaria, participativa, con empleos de calidad, buscando alianzas público-privadas para fomentar el crecimiento económico y abierta al mundo, una más democrática y libre. ¿Qué podrán pensar políticos y académicos que si entiendan el mundo de hoy en otras latitudes al ver esta “discusión nacional” por ese tema?