Mauricio Ramírez: La gestión pública en tiempos post pandemia

Educar en democracia para evitar el auge de amenzas autoritarias y populistas, pasa por abrir verdaderos espacios de participación, significación e incorporación de aquellas voces desoídas, que no están ni son partícipes de ningún tipo de estructura de intermediación clásica.

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Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

Para empezar, debemos entender qué es la gestión pública. Esta consiste en administrar correctamente los recursos con los que cuenta el país, para impulsar su desarrollo y lograr, a su vez, que las personas satisfagan sus necesidades. Tiene que ver con elaboración de políticas públicas para no solo resolver crisis o problemas coyunturales, sino también, para visualizar de manera prospectiva y evolucionar conforme a los nuevos tiempos. El profesor argentino Oscar Oszlack, habla de que la misión de la cosa pública debe ser; planificar el futuro, gestionar el presente y evaluar el pasado.

La pandemia ha venido a transformar totalmente el mundo, en definitiva nunca más será lo que ha sido. Esta es una crisis que nos ha llevado a replantearnos todo, desde nuestro modelo político hasta nuestra economía y formas de organización social. Por eso la metáfora de la encrucijada es muy significativa, ya que esta crisis global nos da la oportunidad de hacer cambios importantes, nos obliga a tomar decisiones en direcciones diferentes a las que tradicionalmente se han venido realizando. ¿Volvemos a un ayer ideal que nunca fue o caminamos hacia un mañana que no conocemos y aún estamos por entender? ¿Qué certezas podemos utilizar como forma de guía para avanzar?

Primero, quienes administran la cosa pública tienen que entender la sociedad en la que vivimos, una en constante cambio y por lo tanto, no es estática. Vamos a profundizar un poquito para comprender mejor a lo que me refiero.

¿Qué es una estructura de intermediación social?

Las estructuras de intermediación social constituyen su legitimidad de ejercicio en su capacidad de generar opinión e ideas que se transformarán en voluntades colectivas. Estas son grupos u organizaciones clásicas como partidos políticos, sindicatos, cooperativas, asociaciones de desarrollo, solidaristas, iglesias, cámaras empresariales, etc. Históricamente, han sido las que representan a la sociedad y sus intereses, por muchos años fue así y las personas se identificaban enormemente con estas. Ellas jugaban el rol de intermediarias entre las instituciones públicas y la sociedad. De esta manera, la administración pública conocía muy bien cada estructura y trabajaba en la dirección de responder a esa forma de organización y demandas sociales.

Nuevo sector plural

Pero resulta que las cosas cambiaron y hoy estas estructuras son las que están en crisis, como resultado de la naturaleza propia de nuestras sociedades liberales occidentales. Producto de dicha evolución, presenciamos cada vez con más fuerza la emergencia de nuevos sectores y grupos sociales con los que las personas sí se identifican y se sienten parte (nuevas identidades). Estas nuevas estructuras cuentan con gran peso, tienen sus propias demandas políticas y necesidades, aglutinan nuevas masas, al mismo tiempo, hacen perder poder a las estructuras clásicas. Algunos ejemplos de estos nuevos grupos pueden verse en los repartidores de Uber, Glovo u otras plataformas digitales, profesionales freelancer, conductores de plataformas, grupos pro medio ambiente, comunidad lgbti, animalistas, skaters, asociaciones de ciclistas y otros deportes, solo por mencionar algunas.

Esto crea un nuevo sector plural, como lo ha llamado el profesor canadiense Henry Mitzberg en su texto de 2015, “Rebalancing Society”. Hoy tenemos nuevos actores clave en la sociedad con un sin fin de etiquetas nuevas que alberga una variedad de asociaciones humanas. Ya no es tan fácil como decir o diferenciar entre púbico o privado. Ese nuevo sector plural, trae consigo múltiples verdades como resultado de la diversa cantidad de información conocimientos y nuevos saberes que desarrollan al mismo tiempo y que van construyendo una nueva realidad.

Por ello la administración pública debe implementar el uso de la tecnología y convertirla en una herramienta indispensable de cara al futuro. Promoviendo y avanzando a su vez, con el desarrollo de ciudades inteligentes, qué implica llevar y acercar la tecnología a las ciudades y sus quehaceres diarios para hacer un uso más estratégico eficiente y ambientalmente responsable de los recursos y servicios para el bienestar de las personas. La nueva administración pública tiene que estar en constante actualización, formación, investigación y en alianzas con los nuevos sectores de la realidad social para de esta manera poder estar a la altura de los tiempos.

¿Hacia dónde transitar?

La era digital en la gestión pública llegó para quedarse, no sólo por el salto hacia el mundo de lo virtual sino, también, porque la nueva normalidad nos exige por temas de salud, pública suprimir al menos por los meses venideros, cualquier tipo de aglomeración masiva, estimulando así dicha transición y ejerciendo presión hacia los gobiernos para desarrollar plataformas digitales o aplicaciones que resuelvan las demandas ciudadanas.

Es tiempo de poner el aparato del estado al verdadero sevicio de las personas, que aprenda a adaptarse a los cambios en periodos  de incertidumbre, donde el pensamiento disruptivo, prospectivo y contraintuitivo sean el nuevo sentido común de la próxima normalidad. El gobierno siempre de la mano de la actualización hacia nuevas tendencias y abierto a los constantes cambios sociales para estar a la vanguardia de los mismos, el momento de salirse del saco ha llegado. Si no lo hacemos así, estaremos avanzando con fuerza hacia el pasado y mirando el retrovisor para planificar el futuro.

¿Están preparados nuestros gobiernos para responder a las nuevas necesidades?

Eso está por verse, no todo es pensar y construir castillos en el aire. Esto requiere de trabajo, liderazgo y propuestas, unas que deben construirse no desde la imposición de las instituciones estatales o internacionales que, aunque tengan muy buenas intenciones, se les olvida a veces el principio sobre la construcción particiapativa y comunitaria, donde se cree un espacio verdadero para escuchar y hacer valer el sentir de todos los sectores de la sociedad, especialmente de aquellos olvidados o excluidos por el modelo de desarrollo imperante. Ha quedado muy claro con esta pandemia que la promoción del interés colectivo nunca puede quedar en manos del mercado.

Educar en democracia para evitar el auge de amenzas autoritarias y populistas, pasa por abrir verdaderos espacios de participación, significación e incorporación de aquellas voces desoídas, que no están ni son partícipes de ningún tipo de estructura de intermediación clásica. Algo que no solo requiere de apertura mental e institucional sino también, cambios jurídicos y una correcta actualización de las leyes. De cara a nuevas realidades, se requieren herramientas jurídico-políticas acorde a estas para garantizar voz y espacios a todas las personas.

Todo esto debe articularse entorno a una gran estrategia y una equipo de personas con amor patrio, compromiso social y carisma. Su labor tiene la responsabilidad de girar alredor de luchar por la transpararencia para recobrar la confianza pública, trabajar contra la corrupción y la evasión fiscal como compromiso social del Estado, optimizar la gestión de las capacidades estatales e institucionales, recortar burocracia, avanzar hacia gobierno digital y abierto, diseñar una estrategia de inteligencia artificial para el desarrollo inclusivo, así como, estar en estudio constante de nuevas mega tendencias; revolución digital, internet de las cosas, ciencia y tecnología. Desde luego, siempre bajo un marco profundamente humanista, sensible y en armonía con el medio ambiente.

Los retos que nos impone la era post pandemia no son sencillos de enfrentar, en especial si hemos venido arrastrando problemas de épocas pasadas que siguen sin resolverse, eso implicará esfuerzos, diálogo y grandes acuerdos. Costa Rica y el resto de países hermanos del itsmo requerimos de instituciones sólidas pero sensibles a las realidades internas de ese nuevo gran sector plural, hay que avanzar a nuevas alianzas público-privadas, profundizar la participación ciudadana y fortalecer el ejercicio del gobierno; formando, capacitando y creando liderazgos con una visión sistémica adecuada a las demandas de los ciclos por venir.

 


Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

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