Mauricio Ramírez: La importancia geopolítica del Mediterráneo

La era del mundo multipolar ha llegado para quedarse, la Unión Europea se encuentra en una crisis de identidad profunda y la hegemonia estadounidense cae sin freno acelerando los procesos de desoccidentalización que son mucho más fuertes en estos tiempos de pandemia en que todo ha sido detenido.

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Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

El Mediterráneo es un mar semi-cerrado que cuenta con diversos ambientes que alberga una gran riqueza de especies bajo sus aguas. Es una zona compartida por un elevado número de países ribereños que conforman un conglomerado muy heterogéneo, tanto desde el punto de vista político, como cultural, social y económico, cuyas costas son densamente pobladas. Ubicado y extendido a lo largo de unos 3 800 kilómetros de este a oeste, desde el extremo de Portugal hasta las playas del Líbano, y unos mil kilómetros de norte a sur. Caracterizado por un clima seco y cálido, posee una topografía variada que contrasta con las altas montañas y costas rocosas, dándole unas características geográficas únicas.

Para occidente ha sido una región geoestratégica sumamente importante, dio albergue y fue cuna de distintas civilizaciones, un vínculo común entre diferentes pueblos y culturas, bañando así las costas de tres importantes continentes; África, Asia y Europa. Centro de comercio mundial y transmisor de cultura y conocimiento. Este espacio vuelve a tener gran relevancia a partir de finales del siglo XVIII y aún más durante el siglo XIX, cuando la debilidad del Imperio Otomano abre a las principales potencias europeas, nuevas oportunidades diplomáticas para ejercer su influencia en este mar.

En sus márgenes se vio el renacer de la cultura occidental, allá por el siglo XV en Italia y España. Los países que se encuentran más cercanos a sus orillas son; Marruecos, Argelia, Francia, Italia, Libia, Israel, Grecia, Malta, Chipre, Turquía, Egipto, Siria, Túnez, Líbano, y gracias a la existencia del canal de Suez, permite unir el mediterráneo con el mar rojo y se puede comunicar el océano Atlántico con el Indico, lo que facilita el comercio mundial evitando que se tenga que bordear todo el Continente Africano para llevar las mercancías hasta América.

Diferentes imperios han pasado y utilizado este gran mar para realizar batallas, intercambios comerciales y reflejar su poder ante los otros imperios o grandes potencias que se han encontrado en sus alrededores. Algunos de esos pueblos fueron los mesopotámicos, egipcios, griegos y romanos. Tal fue la importancia del desarrollo de estos imperios que en la Antigua Roma se le llamó el Mare Nostrum (como le han llamado los estadounidenses al Caribe Americano, frontera de disputas imperiales a través de los siglos).

Con el surgimiento de la modernidad, junto con la conformación del Sistema Internacional y las nuevas potencias, el Mediterráneo se ha encontrado en medio de las controversias, tensiones y turbulencias típicas de un sistema en el cual los diferentes actores andan en la búsqueda del control y el poder. Situación que se ve reflejada claramente con la presencia militar en la zona, de países como Estados Unidos, Irán, Rusia y China. También, existe presencia de Organismos Internacionales como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea (UE), Foro Mediterráneo, entre otras.

El Mediterráneo es un espacio geopolítico vital para el mundo entero, ya que, según se desenvuelva la dinámica de las Relaciones Internacionales en la región, se pueden presentar uniones políticas en las que convergen intereses comunes que den con un nuevo balance en el equilibrio del poder y afectar al resto de actores internacionales. La importancia de vías de comunicación y puntos de encuentro como éste, radica entre otras cosas, en que son vitales en toda estrategia de desarrollo que los países de la región deseen promover, así como para aquellos que no son del área, pero que debido a factores como el comercio y los recursos estratégicos, juegan un rol de relevancia trascendental.

Para las potencias mundiales por ejemplo, el análisis y el conocimiento geopolítico de espacios como éste, es de vital importancia para su seguridad nacional. El Mediterráneo forma un gran espacio que es útil para la expansión política, económica y militar. En tiempos de guerra, puede constituir y así lo ha hecho, un elemento de primer orden en la geoestrategia mundial, es claro que no todos los mares tienen la misma importancia geopolítica, ya que su valor se mide en relación con la situación geohistórica y su exclusividad en el papel que desempeñan los actores a su alrededor.

La guerra ha sido el común denominador de los países que bordean este mar, lo que como consecuencia ha dejado un legado histórico de conflictos sin resolverse, que periódicamente y según el “estado de ánimo” del mundo vuelven a aflorar. Es un mar en donde además de converger intereses económicos y políticos, coinciden las tres grandes religiones rebeladas; el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo. Entre las culturas que en el Mediterráneo se reúnen, están la occidental, hebrea, eslava, turca y árabe. En la actualidad, la región continúa albergando una importancia geoestratégica en el juego de la economía y política internacional, ya que es una de las principales vías para el transporte de materias primas, comercio y petróleo para occidente.

Del mismo modo en que este mar es fundamental para Occidente, lo es para Asia. Especialmente, para países como China e India, dos grandes que vienen creciendo y ejerciendo gran influencia política, económica y militar en la región. Así por ejemplo, el instituto Asia Mediterráneo (ASIMED), se crea con la necesidad de una plataforma de encuentro, un eje estructurador y aglutinador de las actividades culturales, sociales, científicas y comerciales entre el Mediterráneo y Asia. Este instituto argumenta que existe un gran interés y una gran demanda de información en los diferentes ámbitos sociales y políticos, una necesidad de conocimiento, y no sólo desde el Mediterráneo a Asia, sino también a la inversa.

Una gran parte de actores presentes en la actual transición del poder mundial parece abrirse camino al continente asiático y esto vuelve nuevamente al Mediterráneo en un gran espacio con alto valor geopolítico y por lo tanto, de posible escenario de conflictos fuertes. La era del mundo multipolar ha llegado para quedarse, la Unión Europea se encuentra en una crisis de identidad profunda y la hegemonia estadounidense cae sin freno acelerando los procesos de desoccidentalización que son mucho más fuertes en estos tiempos de pandemia en que todo ha sido detenido.

Sin duda, esta importante región del planeta seguirá estando en los ojos de todos aquellos quienes estén repensando la geopolítica mundial y desarrollando sus propias perspectivas estratégicas junto con futuras proyecciones de poder de cara a una nueva normalidad global que parece cada vez más llena de incertidumbres y grandes retos para la supervivencia y el bienestar de las naciones.

 

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