Mauricio Ramírez: La integración latinoamericana en cuidados intensivos

En resumen, los cambios de gobierno, la inestabilidad política interna, el poco o ningún crecimiento económico y los efectos de las diversas crisis internacionales, afectan directamente en una de las regiones más desiguales del planeta, y desde luego, en sus intentos de unión.

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Mauricio Ramírez Núñez, Académico.

La historia de la integración en América Latina tiene muy larga data, desde el siglo XIX, con los primeros pasos de vida independiente, surgieron también las ideas de unión y consolidación de unidades políticas integradas mirando en una dirección compartida para pensar el futuro de la región. América Latina siempre ha estado a la vista del mundo entero por su riqueza natural, cultural y sobre todo, por estar ubicada en un espacio geográfico de gran importancia estratégica para aquellas naciones que en los últimos siglos han estado a la cabeza del sistema internacional.

Así, esta importante región ha devenido en una vorágine de gran intensidad buscando su identidad propia, probando modelos, ideologías y formas de gobierno que permitan alcanzar nuevas condiciones de vida digna y progreso para todas las personas. Casi que a un estilo de “prueba y error”, se construye historia, ilusiones y luchas por una América Latina próspera, unida, democrática e independiente.

No obstante, la realidad histórica y política también señala los grandes avances y retrocesos que en el tema de la integración se tiene; en ocasiones se han presentado avances importantes, creación de bloques sólidos con países comprometidos, mientras que en otros momentos, cuando el péndulo de la historia se vuelve a mover en dirección opuesta, estas iniciativas vuelven a estancarse, bajan su intensidad e incidencia, o simplemente, quedan en el baúl de los recuerdos.

Existen también razones de otra índole que inciden en que los procesos de integración latinoamericana sean exitosos o no. De la misma manera, hay muchos tipos de integración llevados a cabo en torno a objetivos e intereses distintos; cultura, economía, seguridad, política o comercio internacional. Precisamente, como no es una región alejada o aparte del mundo, los fenómenos políticos, económicos, de salud o ambientales, inciden directamente sobre el estado de la situación en todos los países que forman el subcontinente.

La llegada de la pandemia de la Covid-19, y actualmente, el conflicto bélico que se desarrolla en Ucrania, son las últimas dos “distorsiones externas” de relevancia global que inciden en el debilitamiento de todo proceso local de unión o acercamiento. Las grandes preguntas aquí son: ¿cuál es el estado actual de la integración latinoamericana? ¿Existen retrocesos o avances? ¿Cuáles son las principales paradojas actuales en el desarrollo de la integración? Para dar respuesta a ello, debemos realizar un análisis a la oferta existente, así como al estado de cada una de las principales iniciativas integracionistas que siguen con vida actualmente.

Se puede empezar por mencionar que en América Latina existen actualmente nueve iniciativas concretas de integración: La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), Alianza del Pacífico, Asociación de Estados del Caribe (AEC), Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), Comunidad Andina de Naciones (CAN), Comunidad del Caribe (CARICOM), Mercado Común del Sur (Mercosur), Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA). A estos esfuerzos se suman foros regionales de peso y con distintas visiones político ideológicas: Foro de Sao Paulo, Grupo de Puebla y El Foro para el Progreso de América del Sur​​ (PROSUR), nacido a partir de la muerte de la conocida Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).

A todo esto, si damos una mirada desde afuera se podría decir que Latinoamérica está integrada, trabajando en conjunto y mirando derroteros comunes para hacer frente a las diversas crisis que enfrenta el planeta y la humanidad en la actualidad. Hasta se podría afirmar que existe una “sobre oferta” de propuestas de integración, empero, la realidad desde adentro es un poco más compleja y no permite de ninguna manera llevar a cabo una afirmación unionista positiva.

Incluso, hoy se puede decir con total contundencia, que el estado de la integración en América Latina se encuentra en sus mínimos históricos; bloques débiles, falta de financiamiento, poca capacidad de acuerdos políticos entre países miembros, la confianza entre partes es escasa y hay una evidente ausencia de liderazgos políticos que permitan articular y dirigir con certeza estos mecanismos.

Para muestra un botón, el SICA sigue aún sin un secretario general (desde junio 2021), debido a la falta de acuerdos entre sus países miembros, el MERCOSUR está enfrentando una crisis existencial producto de los cambios políticos que a lo interno de sus países han sufrido en los últimos años, y ante la ausencia de actualización o implementación de una agenda verde en lo que se refiere a comercio y producción en países como Brasil, frente a políticas como el “Green Deal” europeo, estrategias novedosas de desarrollo sostenible que reflejan una mayor preocupación ambiental por parte de las naciones europeas y los consumidores de productos importados desde el sur de América. Actualmente se encuentran en negociaciones con Singapur.

Otro proceso sin avances significativos o en cuidados intensivos son el ALBA y la CELAC. El primero, después de las muertes de Hugo Chávez y Fidel Castro, sumado a los cambios de gobierno dados en países como Argentina, Brasil, Bolivia o Ecuador, dejaron a este bloque aislado, sin capacidad de incidencia real y reducido a un proceso de elaboración de pronunciamientos contra el bloqueo a Cuba y Venezuela, así como contra las sanciones de EEUU contra Nicaragua. Se llevan a cabo reuniones entre las partes para tratar temas económicos, educativos y políticos sin mayores resultados que reflejen un cambio sustancial en la realidad interna de cada miembro. CELAC por su parte, con la presidencia pro tempore de Argentina está desde hace varios meses, especialmente durante el periodo de pandemia, en un silencio agónico, en el cual hay declaraciones, reuniones, pero lo único realmente sólido por resaltar es la firma de acuerdo con China para la cooperación económica para el desarrollo en temas relacionados a la era digital (ciudades inteligentes, sostenibles, 5G, internet de las cosas, IA) en el año 2021.

Dentro de los que se encuentran más activos están la OTCA, trabajando actualmente proyectos sobre defensa de la biodiversidad en la amazonia, elaboración e implementación de la agenda estratégica de cooperación amazónica, implementación de planes de contingencia para la protección de la salud en pueblos indígenas altamente vulnerables, protección de recurso hídrico. El CARICOM también está más activo, trabajando en revitalizar la agricultura de los países miembros para depender menos de las importaciones de alimentos para el 2025 (seguridad nutricional y alimentaria) y retomando la actualización de la educación de cara a la era digital y los efectos de la pandemia sobre esta.

La Alianza del Pacífico y el PROSUR siguen dedicados al tema comercial y llevando a cabo negociaciones, actividades y fomento de sus respectivos bloques, al parecer, ellos no se han detenido y siguen tan activos como al principio, en especial la alianza. MERCOSUR está en negociaciones comerciales con Singapur (del 4 al 8 de abril de 2022). Esta negociación iniciada en 2019 es la cuarta ronda con un país miembro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y constituye una de las prioridades de la actual Presidencia Pro Tempore Paraguaya. La Comunidad Andina no muestra más que actividades operativas mínimas, del mismo modo el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla.

En resumen, los cambios de gobierno, la inestabilidad política interna, el poco o ningún crecimiento económico y los efectos de las diversas crisis internacionales, afectan directamente en una de las regiones más desiguales del planeta, y desde luego, en sus intentos de unión. Todos hablan de democracia, defensa de la libertad, soberanía y derechos humanos, pero seguimos sin tener un consenso mínimo sobre qué es democracia. La región se encuentra más fragmentada que nunca y con un muy mal humor entre vecinos, con peligrosas tendencias hacia el autoritarismo.

Los cambios del sistema internacional no se pueden dejar de lado, hay una clara tendencia a la des-globalización (slow-globalization) y crisis del multilateralismo. Occidente busca reinventarse en un mundo que gira a Asia con fuerza y obliga a reconfigurar las relaciones internacionales en todas partes. Las tensiones geopolíticas producto de la guerra en Ucrania acrecientan la crisis económica y escasez de ciertas materias primas hacia las cuales existe una dependencia y todavía se viven efectos económicos (débil crecimiento) y sociales producto de la pandemia. El retraimiento de la cooperación internacional puede afectar también la continuidad de programas y proyectos que se realizan como parte de las iniciativas integradoras.

¿Por qué es importante la integración para América Latina?

Los graves problemas globales requieren soluciones locales, pero no individuales, no es lo mismo una lucha compartida por la defensa de un espacio común, que un espacio común atomizado y lleno de disputas, operando bajo la dinámica del “divide y vencerás”. Persisten problemas de carácter estructural en Latinoamérica, por ejemplo: desigualdades crecientes, pobreza, debilitamiento (¿desencanto?) de la democracia, inseguridad alimentaria, apartheid digital, corrupción, crimen organizado y modelos de producción poco resilientes al cambio climático. Esto crea nuevos espacios para la conflictividad local y regional, ¿por qué no trabajar al unísono si estamos en un mismo “barco”?

¿Qué nos permite un sistema de integración robusto y sólido? A continuación se mencionan solamente algunas:

  • Una mejor gobernanza regional.
  • Fortalecimiento de los vínculos e intercambios comerciales.
  • Desarrollo conjunto de políticas para enfrentar problemas como los efectos del cambio climático, el crimen organizado y la protección del ambiente.
  • Fortalecimiento del Estado de Derecho.
  • Aumentar la cooperación entre países miembros.
  • Fortalecer las políticas de paz en América Latina y fomentar el diálogo para la construcción de una paz sostenible.
  • Diseñar bienes públicos globales.
  • Brindar mayor peso a componentes sociales, culturales a las políticas de integración.
  • Mejorar la competitividad latinoamericana, la diversificación productiva y la transición hacia una economía baja en emisiones.
  • Mayor capacidad de inversión en infraestructura, formación para el empleo, investigación e innovación.
  • Fomento para nuevos procesos de diálogo social entre diferentes actores de la sociedad local y regional.
  • Una complementación energética estratégica y sostenible.
  • Una lucha más activa y eficiente contra la pobreza y la desigualdad continental.

En una época de incertidumbres, falta de confianza y volatilidad es menester una gestión regional integrada, colaborativa y consciente. Superar viejos paradigmas ideológicos de confrontación y revanchas para dar paso a la concertación y el diálogo sincero, es entender que está bien pensar diferente y eso no tiene por qué ser sinónimo de desintegración. La madurez política para construir debe prevalecer frente al egoísmo político, económico o ideológico, nuestra historia de más de doscientos años de vida independiente será una guía muy rica y llena de experiencia para encontrar la ruta correcta en un nuevo mundo, donde lo primordial será garantizar la supervivencia de la especie humana y la integridad territorial de nuestras naciones.

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