Mauricio Vargas: Costa Rica un país sin rumbo en lo económico y ahora en lo sanitario

Se necesita un presidente que guíe la discusión. Usted señor ministro de salud, debe dejar el cargo de comandante y cederlo al señor presidente.

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Mauricio Vargas Fuentes, Médico.

El país cumplió el 22 de julio, 4 meses y medio de la llegada de la covid 19. Cuatro meses vividos por la población, inmersa, desde mi perspectiva, en una realidad un tanto confusa.

Las medidas generales de salud pública adoptadas de forma oportuna al inicio de la pandemia en el país, lograron controlar los casos y el índice de letalidad, pero a la fecha, estamos enfrentando la fase de transmisión comunitaria y un crecimiento exponencial de los casos. Dicho de otra manera, la enfermedad se le fue de control a las autoridades de salud, lo que exige una pronta y correcta toma de decisiones.

Sobre esta realidad, lo primero que hay que decir, es que esta situación era la esperable. ¿Por qué se desconoció? ¿Desconocimiento? ¿se pretendía no alarmar a la población? ¿decisión de tipo político?

Lo cierto es que, por la razón que fuera, las autoridades de salud empezaron a vivir muy pronto de las “mieles del éxito”, diría yo, de las mieles de un éxito inexistente. A mi criterio, este mensaje confundió a la población que comenzó a percibir que Costa Rica era una “burbuja, a la que la covid 19 no iba a afectar como estaba afectando al mundo entero. ¿En cuánto incidió esto en el comportamiento de la gente? Habría que investigarlo.

Pero además de las consecuencias originadas en un mensaje incorrecto, era de esperar el comportamiento actual de la pandemia, porque la enfermedad covid 19 no es un problema únicamente de tipo “sanitario”, sino un problema de salud pública y, por lo tanto, social, económico y ambiental.

Recordemos que los primeros contagios se originaron en la ciudad de Wuhan en China, y se transmitió a otras ciudades de esa nación “por avión”, al igual que hacia los países europeos y Estados Unidos. Dicho de otra manera, la transmisión se dio desde una población con capacidad de viajar fuera por turismo o trabajo. Era probablemente una población con condiciones sociales y económicas de nivel medio o superior.

En Europa, el impacto generado, estuvo condicionado por el desconocimiento de los gobiernos y la población sobre la enfermedad y la tardía respuesta a la misma con las medidas de salud pública, pero originadas en dicho desconocimiento. He escuchado al ministro de salud expresarse desvalorizando el abordaje realizado por los gobiernos de España e Italia, y hoy se comprende que la razón era sobrevalorar las cifras que el país estaba mostrando inicialmente, en demérito de las actuaciones de otros gobiernos con experiencias diferentes. Otro de los muchos errores de comunicación cometidos.

En Estados Unidos, la situación fue otra, ya que el tremendo impacto en número de casos y letalidad, no ha estado condicionado por el desconocimiento sobre la enfermedad ya que la experiencia china y europea ya habían generado información suficiente para orientar acciones correctas. Pero se reaccionó tardía y desordenadamente, generando la situación conocida.

A América Latina en general y Costa Rica en particular, la enfermedad también llegó “por avión” y se difundió rápidamente dadas las precarias condiciones de vida de la población. Llegó a una realidad diferente a la de Europa y Estados Unidos. Esta realidad es la que hacía esperable la situación presentada y que se presenta en el continente.

Este es un asunto de epidemiología social y salud pública y para enfrentarla, hay que comprender la determinación social de la salud. Las proyecciones matemáticas son útiles, pero tenemos que tener claro que parten de supuestos de “obediencia” a las medidas impulsadas por el gobierno, pero no de la realidad social y económica de la población.

Plantear medidas de confinamiento en América Latina, Costa Rica incluida, era y es algo que se tenía y se tiene que tener claro, que no iba ni va a surtir los efectos esperados, dada la precaria situación de vida y la necesidad de “salir” de la gente ya que el 50% trabaja en la informalidad. Su reto es evitar morir de covid 19 o de hambre. Así de concreto.

En síntesis, el mensaje inicial no fue el adecuado, ni las medidas adoptadas las mejores al no reconocerse la realidad descrita. Pero no solo nos equivocamos en el mensaje, sino con la ausencia de algunas medidas como el uso de mascarillas desde el inicio, no reconociendo que, en materia de salud pública, cualquier medida que pueda incidir positivamente en la salud de las personas, debe ser implementada rápidamente. Olvidamos además que la pandemia es un asunto de salud global, que no respeta fronteras, y que, por lo tanto, las medidas que se adoptaran tenían que comprender los flujos migratorios, y más en una región como la nuestra. Fuimos capaces de culpabilizar a los nicaragüenses y provocar mensajes xenofóbicos, hasta de la prensa.

El otro olvido inicial, fue el desconocer o considerar, que el confinamiento a pesar de surtir efectos positivos en el nivel de contagio y muerte, crea mayor susceptibilidad en la población, que cuando “sale” crea un efecto rebote, aumentando el nivel de contagio. Y nos sucedió…

Pero bueno, digamos que, a pesar de los muchos errores cometidos, se debe reconocer también, que la oportunidad inicial de las medidas, impactaron positivamente en la letalidad y el nivel de contagio. El error estuvo en creer que “lo habíamos logrado” y hacérselo sentir así a la población.

Esta es una gran lección que espero las autoridades de salud hayan aprendido. Estamos en la primera ola, no en la segunda, y están por venir otras. No, nos volvamos a equivocar.

Pero comienzo a dudarlo. El día de hoy miércoles 21 de julio, en la conferencia de prensa, el periodista de Repretel, le preguntó al ministro de salud sobre la razón para abrir fronteras a ciudadanos norteamericanos, comprendiendo la crítica situación que enfrenta ese país con la pandemia. Pregunta lógica y que el ministro evadió indicando que, en la conferencia de prensa del día siguiente, se iban a explicar los detalles de la apertura de las fronteras a vuelos internacionales. El periodista insistió, porque lo que requería era la opinión del ministro de salud, del experto en salud pública, sobre la conveniencia o no de abrir fronteras a los estadounidenses. Que costaba decir, que “si, tiene razón usted en preguntar sobre esto, es una situación difícil que vamos a revisar. No se le quitaba nada.

Pero, además, a quién se le ocurre abrir fronteras a turistas de USA. Al margen del riesgo de contagiar, tienen un riesgo de ser contagiados y el país tendrá que ponerlos en lista para la atención. No abrimos restaurantes a ciudadanos costarricenses, pero si el país a ciudadanos estadounidenses. Por Dios, los contagios no se dan en los restaurantes, se dan en las calles, en los buses, en los precarios, en las fiestas sin control sanitario, en las cuarterías.

Hoy el país tiene un desempleo abierto que pasó del 15.7% en el mes de abril a 20.1% en el mes de mayo. Esto significa 468.000 personas sin trabajo. Hay 130.000 personas que desistieron de buscar empleo, por lo que no cuentan entonces en la fuerza laboral. Además, el subempleo, o sea las personas que tienen un trabajo parcial y buscan mejorar sus ingresos aumentó también a un 17.6%.  Y como si no fuera suficiente, la encuesta del INEC no contempla a 46.000 personas que tienen contrato laboral suspendido y los 107.000 que tienen una reducción de jornada como efecto directo de las medidas adoptadas para enfrentar la pandemia.

Señor ministro de salud: estas son personas que están sufriendo, que viven el día a día. Que piensan en lo que van a comer al día siguiente y lo que es peor, piensan en lo que le van a dar de comer a sus hijos. Esto es cierto, no es ficticio. ¿Se puede imaginar usted la salud mental de estas personas? Pero en una conferencia de prensa reciente, cuando un periodista le preguntó que cual era su mensaje para la gente que no tenía trabajo y que sufría lo antes descrito, usted dijo “comprendo que la gente quiera trabajar” pero…No se trata de querer trabajar señor ministro, se trata de que hay que hacer algo para mitigar el dolor de la gente y la necesidad de comida y techo.

Es necesario que el gobierno, usted incluido actúe de forma coordinada, que actúe como gobierno. Hay que planificar conjuntamente con todos los actores sociales. Estoy seguro, que los empresarios, los pequeños comerciantes, los alcaldes, los académicos y muchos otros, tienen mucho que proponer, para que la gente no se muera de hambre y mueran pocos de covid 19.

El sistema de salud ya se rebalsó. Ya no hay que decir que quieren garantizar que todos tengan oportunidad de una cama de cuidados intensivos. Ya el sistema priorizó la atención de la covid 19 y ha dejado de garantizar el derecho a la salud de muchas otras personas. Hay que decirlo. Hoy, mucho del personal de la CCSS y del Ministerio de Salud a nivel local, está dirigiendo todos sus esfuerzos a la atención de la pandemia. Pero hoy debemos reconocer, que la pandemia nos está ganando.

La nueva normalidad, debe ser capaz de plantearse como un esfuerzo de todos y todas. Pero la nueva normalidad exige que debemos aprender a convivir con el virus. Ya no existe otra posibilidad hasta que exista y se aplique la vacuna requerida. Esta es la discusión necesaria, y en esa discusión deben participar la mayor cantidad posible de actores sociales.

Se necesita un presidente que guíe la discusión. Usted señor ministro de salud, debe dejar el cargo de comandante y cederlo al señor presidente.

 


Mauricio Vargas Fuentes.
El autor es Médico, Máster en Administración de la Salud. Docente y consultor en gerencia de la salud y sistemas de salud en América Latina. Autor de diversas publicaciones. Cogestor de los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud en Costa Rica (EBAIS) y del movimiento cooperativo en salud en el país. Fue viceministro de salud, director de la Escuela de Salud Pública de la UCR y Presidente de la Alianza Latinoamericana de Salud Global. Actualmente coordina el Programa en Gerencia de la Salud y el Centro en Sistemas de Salud y Seguridad Social del ICAP

 

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