Mauricio Vargas: Crisis sanitaria y desaciertos en la gestión de la pandemia vista desde el ejercicio rector parte del Ministerio de Salud

La mala noticia en relación con lo anterior es que la equidad en el acceso a las vacunas por parte de la población mundial no es equitativa, concentrándose dicho acceso en los países desarrollados con las lógicas consecuencias esperadas en términos de niveles de contagio, hospitalización, muerte y aparición de nuevas cepas, además de la profundización de la crisis económica y social condicionada por las medidas generales de salud pública que se han tenido que adoptar.

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Mauricio Vargas Fuentes, Médico.

Al promediar el mes de mayo del 2021, han pasado 14 meses desde la llegada de la covid 19 a Costa Rica. Hemos insistido siempre que el problema ha tenido que enfrentarse aprendiendo “en el camino”. El gran desafío ha sido enfrentar la enfermad sin conocer el comportamiento del virus causante.

Al momento actual, seguimos aprendiendo y como parte del proceso de aprendizaje hoy conocemos que el virus tiene una gran capacidad para mutar lo que ha permitido que aparezcan nuevas cepas con una alta capacidad de transmisión y de producir enfermedad grave. Igualmente, hoy somos testigos de una manifestación más de la rapidez del avance científico de nuestros tiempos: la llegada de la esperada vacuna contra la enfermedad, mejor dicho, la llegada de una importante cantidad de vacunas producidas por diversas casas farmacéuticas en un corto período de tiempo.

La mala noticia en relación con lo anterior es que la equidad en el acceso a las vacunas por parte de la población mundial no es equitativa, concentrándose dicho acceso en los países desarrollados con las lógicas consecuencias esperadas en términos de niveles de contagio, hospitalización, muerte y aparición de nuevas cepas, además de la profundización de la crisis económica y social condicionada por las medidas generales de salud pública que se han tenido que adoptar.

Hoy lo esencial es tener la capacidad de aprendizaje de lo sucedido durante los 14 meses que han pasado desde la llegada de la enfermedad y la experiencia nos muestra que, desde la gestión del problema, hemos quedado en debiendo, en el entendido que debe existir una dirección superior en el Ministerio de Salud en su calidad de ente rector en materia de salud.

En concreto:

  1. Hoy las decisiones deben ser mejor informadas, no solo desde la perspectiva del comportamiento epidemiológico de la enfermedad (lo biológico), sino desde la perspectiva del comportamiento de los determinantes sociales de la salud en general, y como parte de ellos, y con especial prioridad, el comportamiento social.
  2. No debemos seguir haciendo lo mismo y, sobre todo, no debemos seguir culpando únicamente a la población de los altos niveles de contagio, de la saturación del sistema hospitalario, de las muertes crecientes. Todos somos culpables: la población por no escuchar el llamado de las autoridades de salud y las autoridades de salud por no “recordar” dónde se origina el comportamiento de la gente.
  3. Usted y yo estimado lector somos producto de una sociedad que condiciona nuestro comportamiento. Un comportamiento que nace en la familia, en la escuela, en el colegio, en la universidad, en la sociedad en general. Además, el ser humano es un ser social por naturaleza. Por eso siempre hemos dicho que las decisiones que toman las autoridades de salud no deben sustentarse únicamente en criterios epidemiológicos. Hoy solo mencionamos que el contagio aumentó en personas de menor edad en relación con el primer pico de la pandemia, pero no sabemos nada de sus características socioeconómicas lo que permitiría generar políticas públicas correctas para el abordaje del problema,
  4. El equipo que conforma la sala de situación donde se deciden las medidas para abordar la pandemia, debe ser multidisciplinario y debe incluir necesariamente cientistas sociales conducidos lógicamente por el Ministerio de Salud, es más, por el ministro de salud en su calidad rector en materia de salud en el país.
  5. Si entendemos y analizamos claramente las razones del comportamiento de la gente, identificaremos las mejores medidas para enfrentar el problema. No se debe esperar la crisis de altos niveles de contagio, de saturación de hospitales, de aumento de muertes, crisis que lleva a la necesidad de aumentar las restricciones incluso a que algunos grupos soliciten la alerta roja con todas las implicaciones que tiene en el entendido que se tienen claras esas implicaciones.
  6. Las lecciones aprendidas debieran estarnos llevando a la búsqueda del punto de encuentro entre los diversos determinantes de la salud. Debe existir un balance. Hoy debiéramos estarnos moviendo entre decisiones restrictivas y de apertura, pero adecuadamente sustentadas. La UCR, por ejemplo, ha mostrado capacidad para generar información científica que permite la proyección de contagios, muertes e internamientos y si realizamos el análisis integral e integrado relacionándolo con el comportamiento social, habría mayor probabilidad de controlar la enfermedad. ¿Era conveniente, por ejemplo, liberar totalmente restricciones en semana santa?
  7. Es esencial el trabajo articulado, no coordinado únicamente. Hoy más que nunca es vital, que las autoridades del Ministerio de Salud, de la CCSS y de la CNE, trabajen articuladamente. Esto no se ha evidenciado en los últimos días, ya que observamos como las autoridades de la CCSS le “envían” una nota al Poder Ejecutivo haciendo la solicitud de declaratoria de alerta roja. Debieran estar valorando estas y otras opciones conjuntamente y hacerlo con muchos otros actores sociales que cumplen un rol en la atención de la pandemia y sus consecuencias.
  8. Es necesario cambiar el mensaje que le enviamos a la población. Es diferente un llamado a un mensaje educativo. Y le corresponde al Ministerio comprenderlo e implementarlo. La población requiere y merece un mensaje claro que le ayude a comprender la gravedad del problema y lo que se debe hacer para enfrentarlo incluido su papel, pero no únicamente. Y es que este es otro tema relacionado con los desaciertos en la gestión de la pandemia: todos opinan y los medios de comunicación se encargan de divulgar esas opiniones que terminan siendo “verdades” que generan confusión en la gente. El 17 de mayo en la edición de noticias del medio día de un canal de televisión, escuché a un médico de la CCSS, que vive en un mundo inexistente, su mundo, dando un mensaje “mesiánico” indicando que, a partir de su mensaje, TODA la población podría cambiar su comportamiento y cumplir las medidas sanitarias preventivas. Definitivamente, vive su mundo. El mensaje debe estar centralizado en el Ministerio de Salud en su calidad de ente rector.

Por último, espero que se comprenda lo dicho, no como crítica, sino como sugerencia respetuosa. Espero también que las autoridades no concluyan que si no apoyamos lo que hacen y dicen, estamos contra ellas, un poco el que si no “están conmigo, están contra mi”.

 

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