Mauricio Vargas. Financiamiento de la educación superior pública: algunos temas para la reflexión

Con Henning Jensen como rector, comienza el retroceso y dejamos de comprender las potencialidades que tiene para el país, la universidad y los docentes que impulsan este tipo de iniciativas.

0

Mauricio Vargas Fuentes

El financiamiento de la educación superior pública en Costa Rica ha sido y sigue siendo un tema de discusión nacional sobre todo en la última década. La discusión se ha agudizado recientemente, debido a la percepción social de que las universidades públicas pagan salarios desproporcionados si se les compara con los que reciben otros trabajadores públicos y privados. Dicha percepción se encuentra condicionada fuertemente por la permanente difusión de noticias en la prensa nacional con carácter prácticamente de posición editorial.

Al tema de los altos salarios, se suman otros vinculados como la ausencia de regionalización de las carreras y la existencia de programas que se consideran, aportan poco al desarrollo nacional.

Más recientemente, se ha conocido el informe de la Comisión Legislativa que ha venido estudiando lo relacionado con el fondo especial para la educación superior (FEES) y cuyo informe fue conocido y aprobado por el plenario el pasado 23 de junio. En síntesis, el informe reafirma los temas antes mencionados e impulsa una reforma constitucional para que la autonomía universitaria esté supeditada a las posibilidades financieras del Estado. Además, plantea la necesidad de vincular el Plan Nacional de la Educación Superior con el Plan Nacional de Desarrollo.

La sociedad costarricense, incluida la Asamblea Legislativa, debe tener claro que la discusión sobre la razón de ser de la educación superior pública y su financiamiento, no es una discusión cualquiera ya que tiene que ver con nuestra concepción de sociedad, tiene que ver con valores sociales. El que conoce los planes de desarrollo (todos son muy parecidos), tiene claro que son enunciados de poco valor práctico ya que en general se cumplen de forma limitada, pero es claro también, que es poco probable que la formación de músicos, filósofos, artistas plásticos, entre otros, esté presente en uno de estos planes por lo que es posible imaginar entonces, una sociedad sin música, sin filosofía, sin arte.

Es más, un diputado independiente, formado en la UCR como economista, planteó durante la discusión en el plenario “que las universidades públicas son una cuna de formación ideológica de la izquierda de este país y que los estudios generales deben eliminarse de los planes de estudio” (Semanario Universidad, 2020). Sin entrar en detalles, no comprender el significado de los estudios generales en un proceso de formación superior es un problema de otro tipo. Lo que no logro es comprender la razón por la que el mencionado diputado, concluyó sus estudios en la UCR.

La discusión sobre el presente y futuro de la educación superior pública debe plantearse como asunto de interés e importancia nacional y como tal implica método y participación plural. Realizarla en el seno de una comisión legislativa, que tenía una clara orientación desde su origen, no es correcto. Requiere método porque no debe realizarse sin criterios técnicos desde la investigación social, pero requiere además que los participantes no sean “convocados” sino “informantes clave” de dicho proceso de investigación. Los resultados a los que se llegue como producto de este tipo trabajo investigativo, deben ser “válidos” científicamente hablando y no llegar a conclusiones espurias que finalmente llevan a toma de decisiones erradas.

En realidad, todo proceso de revisión de lo construido hasta ahora como sociedad, debe realizarse con método y para esto se requiere conocimiento en la materia y sinceramente, este no parece ser “el fuerte” de los señores diputados.

Conozco la realidad de nuestra universidad de Costa Rica, en la que no solo me formé con los más altos estándares como médico, sino además porque me brindó el espacio para “recrearme como un ser humano privilegiado”, no por el salario, sino por haber tenido la oportunidad de enseñar e investigar en salud pública y gerencia de la salud, teniendo además la oportunidad de dirigir en dos períodos diferentes a la Escuela de Salud Pública.

Considero para empezar, que, para cualquier reflexión en la materia, la sociedad costarricense debe tener totalmente claro que el aporte al desarrollo nacional de la universidad pública es incuestionable. En lo particular, nadie se puede ni se debe imaginar una Costa Rica sin la UCR. Esta realidad no invalida la necesidad de revisar lo actuado hasta ahora, lo cual no solo es técnicamente necesario, sino es un acto de responsabilidad de cualquier organización pública o privada que se precie de actuar correctamente, y con más razón si se trata de una institución generadora de conocimiento. Además, 80 años de existencia hacen un llamado a la necesaria revisión a lo interno y valorar si lo que hace y como lo hace responde a los nuevos tiempos que exigen respuestas diferentes en contenido y método. Digamos inicialmente, que hay docentes y carreras cuya existencia es cuestionable en la UCR.

Las autoridades universitarias superiores de la UCR, especialmente el ex rector Dr. Henning Jensen durante sus ocho años de administración, han hecho girar la discusión en torno al necesario respeto de la autonomía universitaria. Considero que es un deber cuidarla, pero bajo ninguna circunstancia debemos escudarnos en ella para obviar la necesidad de dicha revisión y muchas veces para esconder privilegios que los que conocemos la UCR, sabemos que existen. Así como la mayoría de los docentes-investigadores de la universidad son trabajadores de gran valor no solo por su producción académica sino por su reconocimiento social, hay otros que no merecen y no debieran presentarse como miembros de la comunidad académica de la UCR.

La revisión de lo actuado en las universidades públicas, debe realizarse como un imperativo y más en los momentos actuales que vive el país y el mundo. El país enfrenta, además de una crisis sanitaria que nos acompañará durante mucho tiempo, una crisis social y económica originada antes de dicha crisis, pero agudizada por la misma. Es necesario entonces que la institucionalidad pública no solo logre resultados positivos, sino que lo haga con criterios de eficiencia.

Es importante entonces tener en cuenta lo siguiente:

  • Se docente en propiedad, al menos en la UCR, se adquiere prácticamente con un criterio de antigüedad y no por méritos reales ya que no se sustenta en criterios de evaluación del desempeño que permita valorar la calidad de la docencia impartida, los proyectos de investigación y acción social desarrollados y su nivel de impacto en la sociedad. Es el resultado del criterio subjetivo de una comisión de la Unidad Académica y la Asamblea de la misma Unidad, que generalmente valora que el o la docente tengan “puesta la camiseta”. Dicho de otra manera, acceder al honor de ser docente-investigador en propiedad de la UCR tiene como criterio esencial el “ser viejo”.
  • Para ser director (a) de Unidad Académica en la UCR no se requiere siquiera ser especialista en su campo de especialización y se deben llenar requisitos, que, a mi criterio, no enaltecen el cargo. La excelencia no es una exigencia debidamente normada.
  • Existen privilegios económicos que estimulan la mediocridad en el trabajo. El pago de la anualidad es uno de ellos. Al personal se le reconoce un 3.75%, pagada sobre la suma del salario base, el escalafón, el fondo consolidado, el reconocimiento por elección y los pasos académicos (artículo 14 de la Convención Colectiva). Recuerdo cuando el rector Jensen le informó a la sociedad costarricense que se disminuyó el monto de la anualidad de un 5.5% a un 3.75%, que de todos modos es un monto superior al que se le paga otros funcionarios públicos, pero obvió informar que no era sobre el salario base sino sobre la suma de todos los rubros antes mencionados. Pero, además, la anualidad es un incentivo perverso porque no reconoce méritos, reconoce la antigüedad laboral.
  • El más perverso de los privilegios económicos (hay muchos), es el pago de la DEDICACIÓN EXCLUSIVA que representa un 30% sobre el salario base de los trabajadores universitarios. ¿Quién no tiene dedicación exclusiva en la UCR? Prácticamente nadie (existen muy pocas excepciones). ¿Porqué se reconoce dedicación exclusiva en la UCR? Por existir, al igual que la anualidad. Además, la dedicación exclusiva no se paga contra alguna contraprestación.
  • La UCR debe estimular el vínculo remunerado como instrumento de vínculo con la sociedad como el término lo indica, y porque, además, le permite la generación de recursos propios tan necesarios en estos tiempos de precarias finanzas públicas. Durante los últimos ocho años de la administración Jensen, se desestimuló el vínculo remunerado por razones meramente ideológicas, porque “vender” servicios no es propio de la universidad pública. Hace 31 años, la UCR creó su Fundación para flexibilizar su relación con los actores sociales públicos y privados, no para hacer negocio, sino para concretar en la práctica una estrategia de vínculo con la sociedad. Con Henning Jensen como rector, comienza el retroceso y dejamos de comprender las potencialidades que tiene para el país, la universidad y los docentes que impulsan este tipo de iniciativas.

En síntesis, es necesario que los todos los actores sociales vinculados con la educación superior pública se sienten a conversar sobre su presente y futuro, pero se requiere método para llegar a conclusiones válidas. Es indudable que la universidad pública debe entrar en un proceso de revisión de su quehacer, pero lo debe hacer escuchando el llamado a realizarlo con apertura y conciencia de su necesidad. Pero es indudable también que, a lo externo, los actores sociales reconozcan lo vital de la educación superior pública para el desarrollo nacional y aporten también a la discusión, buscando su mejora y no por “bajar salarios”. Y en este campo, la prensa debe formarse y así emitir criterios alejados de posiciones ideológicas. Esta discusión es de importancia e interés nacional.

Por último mencionar la importancia que tiene que la comunidad universitaria elija para ejercer el cargo de rector(a) a la persona que la UCR y Costa Rica requieren. Nuestra UCR necesita de un Rector (a) que comprenda las implicaciones del cargo, sobre todo en momentos como los que le tocará enfrentar. Debe tener un claro entendimiento de la realidad política, social y económica del país, del rol de la UCR en esa realidad y debe poseer las necesarias habilidades blandas que le permitan “moverse” apropiadamente en escenarios de enormes exigencias. No debiera elegirse a un (a) académico (a) que crea que el mundo real es el campus universitario.

 

Mauricio Vargas Fuentes.

El autor es Médico, Máster en Administración de la Salud. Docente y consultor en gerencia de la salud y sistemas de salud en América Latina. Autor de diversas publicaciones. Cogestor de los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud en Costa Rica (EBAIS) y del movimiento cooperativo en salud en el país. Fue viceministro de salud, director de la Escuela de Salud Pública de la UCR y Presidente de la Alianza Latinoamericana de Salud Global. Actualmente coordina el Programa en Gerencia de la Salud y el Centro en Sistemas de Salud y Seguridad Social del ICAP.

 


COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...