Mauricio Vargas. La UCR y la excelencia: Es necesario revisar la normativa que regula el nombramiento de las autoridades universitarias

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Mauricio Vargas Fuentes, Médico.

La discusión sobre el presente y futuro de la educación superior pública debe plantearse como asunto de interés e importancia nacional y como tal implica método y participación plural. Lo cierto es que es un asunto urgente dada su importancia para el país. Y como parte de esa discusión, es imperativa la revisión del procedimiento de nombramiento de las autoridades universitarias.

Debo decir que conozco la realidad de nuestra Universidad de Costa Rica, en la que no solo me formé con los más altos estándares como médico, sino además porque me brindó el espacio para “recrearme como un ser humano privilegiado”, no por el salario, sino por haber tenido la oportunidad de enseñar e investigar en salud pública y gerencia de la salud, teniendo además la oportunidad de dirigir en dos períodos diferentes a la Escuela de Salud Pública.

Considero para empezar, que, para cualquier reflexión en la materia, la sociedad costarricense debe tener totalmente claro que el aporte al desarrollo nacional de la universidad pública es incuestionable. En lo particular, nadie se puede ni se debe imaginar una Costa Rica sin la UCR. Esta realidad no invalida la necesidad de revisar lo actuado hasta ahora, lo cual no solo es técnicamente necesario, sino es un acto de responsabilidad de cualquier organización pública o privada que se precie de actuar correctamente, y con más razón si se trata de una institución generadora de conocimiento. Además, 80 años de existencia hacen un llamado a la necesaria revisión a lo interno y valorar si lo que hace y como lo hace responde a los nuevos tiempos que exigen respuestas diferentes en contenido y método. Digamos inicialmente, que hay docentes y carreras cuya existencia es cuestionable en la UCR.

Las autoridades universitarias superiores de la UCR, especialmente el exrector Dr. Henning Jensen durante sus ocho años de administración, hicieron girar la discusión en torno al necesario respeto de la autonomía universitaria. Considero que es un deber cuidarla, pero, bajo ninguna circunstancia debemos escudarnos en ella para obviar la necesidad de dicha revisión y muchas veces para esconder privilegios que los que conocemos la UCR, sabemos que existen. Así como la mayoría de los docentes-investigadores de la universidad son trabajadores de gran valor no solo por su producción académica sino por su reconocimiento social, hay otros que no merecen y no debieran presentarse como miembros de la comunidad académica de la UCR.

Espero que el Dr. Gustavo Gutiérrez, nuevo Rector de la UCR, no cometa los errores de su antecesor.

La revisión de lo actuado en las universidades públicas, debe realizarse como un imperativo y más en los momentos actuales que vive el país y el mundo. El país enfrenta, además de una crisis sanitaria que nos acompañará durante mucho tiempo, una crisis social y económica originada antes de dicha crisis, pero agudizada por la misma. Es necesario entonces que la institucionalidad pública no solo logre resultados positivos, sino que lo haga con criterios de eficiencia. Digamos inicialmente, que la UCR en particular, debe dar el ejemplo a la sociedad de lo que es una correcta gestión desde lo técnico y lo ético. No se debe enseñar lo que no se hace.

La UCR debe revisarse con una actitud autocrítica. No me queda la menor duda que debe ser ejemplo para sus estudiantes y para la sociedad costarricense como un todo. Debe ser desde el modelo de organización y gestión que sirva de guía en términos de eficiencia, calidad y ética. En este momento, a pesar de su relevancia social, no lo es. Repasemos algunos temas           que deben ser revisados en el contexto anotado.

  • Ser docente en propiedad, al menos en la UCR, se adquiere prácticamente con un criterio de antigüedad y no por méritos reales ya que no se sustenta en criterios de evaluación del desempeño que permita valorar la calidad de la docencia impartida, los proyectos de investigación y acción social desarrollados y su nivel de impacto en la sociedad. Es el resultado del criterio subjetivo de una comisión de la Unidad Académica y la Asamblea de la misma Unidad, que generalmente valora que el o la docente tengan “puesta la camiseta”. Dicho de otra manera, acceder al honor de ser docente-investigador en propiedad de la UCR tiene como criterio esencial el “ser el más viejo”.
  • Existen privilegios económicos que estimulan la mediocridad en el trabajo. El pago de la anualidad es uno de ellos. Esperemos que el nuevo rector, no se “devuelva” y retome la anualidad del 3.75%, pagada sobre la suma del salario base, el escalafón, el fondo consolidado, el reconocimiento por elección y los pasos académicos (artículo 14 de la Convención Colectiva). La anualidad es un incentivo perverso porque no reconoce méritos, reconoce la antigüedad laboral. La Convención Colectiva en la UCR debe revisarse ya que es un culto a los privilegios que muy pocos ciudadanos costarricenses tienen.
  • El más perverso de los privilegios económicos (hay muchos), es el pago de la DEDICACIÓN EXCLUSIVA que representa un 30% sobre el salario base de los trabajadores universitarios. ¿Quién no tiene dedicación exclusiva en la UCR? Prácticamente nadie (existen muy pocas excepciones). ¿Porqué se reconoce dedicación exclusiva en la UCR? Por existir, al igual que la anualidad. Además, la dedicación exclusiva no se paga contra alguna contraprestación.
  • La UCR debe estimular el vínculo remunerado como instrumento de vínculo con la sociedad como el término lo indica, y porque, además, le permite la generación de recursos propios tan necesarios en estos tiempos de precarias finanzas públicas. Durante los últimos ocho años de la administración Jensen, se desestimuló el vínculo remunerado por razones meramente ideológicas, porque “vender” servicios no es propio de la universidad pública. Hace 31 años, la UCR creó su Fundación para flexibilizar su relación con los actores sociales públicos y privados, no para hacer negocio, sino para concretar en la práctica una estrategia de vínculo con la sociedad. Con Henning Jensen como rector, comienza el retroceso y dejamos de comprender las potencialidades que tiene para el país, la universidad y los docentes que impulsan este tipo de iniciativas. Espero también que el Dr. Gutiérrez Espeleta, valore de forma apropiada el vínculo remunerado.
  • Por último, deseo plantear otra preocupación en razón de la excelencia del quehacer académico en la UCR.

Recordemos que las organizaciones son las personas que la componen, por lo que su calidad humana, su calidad profesional, sus competencias profesionales blandas y duras, su entendimiento de la realidad, su moral y su ética deben ser parámetros convertidos en altos estándares para que se pueda afirmar con certeza, que esas organizaciones están en la búsqueda de la excelencia.

Siempre he considerado, como lo dije antes, que nuestra UCR debe ser ejemplo a seguir en cuanto organización y funcionamiento, entendiendo que es la instancia académica por excelencia que genera el conocimiento necesario para impulsar el desarrollo social en el país.

Si bien para ser rector o miembro del Consejo Universitario se tienen requisitos iniciales similares, ambos cargos se originan en el voto popular cimentado en el perfil de los candidatos (as) y en una campaña política en la que se propone a los electores, un plan de gobierno.

Pero, resulta que, en la UCR, para ser director (a) de Unidad Académica se tienen únicamente requisitos propios de la mediocridad. Es necesario ser costarricense, mayor de 30 años y ser profesor con una categoría igual o superior al de asociado, pero es posible levantar requisitos por parte de la Asamblea. Además, ascender en régimen académico no es un asunto complicado. El procedimiento le facilita las cosas a los mediocres no haciendo diferencia con el académico de excelencia, que como apunté anteriormente, por dicha abunda en nuestra alma mater pero al que no se le reconocen los méritos mediante una adecuada evaluación del desempeño.

Para ser director (a) de una Unidad Académica en la UCR, no se requiere siquiera ser especialista en su campo de especialización, es más, los miembros de la Asamblea votan por la persona, no votan por un programa de gobierno, por atestados y por una carrera que haya generado resultados en beneficio de la sociedad costarricense y de la universidad. La excelencia no es una exigencia debidamente normada. Recuerdo cuando siendo director de la Escuela de Salud Pública, propuse criterios de idoneidad a los efectos de la elección de su (a) director (a), propuesta que se encuentran en las actas de las Asambleas respectivas. Nadie apoyó el planteamiento, nadie. ¿Porqué?

No debe ser posible que un director (a) de Unidad Académica no sea especialista en el campo de especialización de esa Unidad Académica. Esto es un contrasentido, una aberración. No nos podemos imaginar que el director (a) de la Escuela de Medicina sea un (a) periodista o el de la Escuela de Comunicación Colectiva sea un médico. No nos podemos imaginar que el Decano de la Facultad de Odontología sea un microbiólogo (a) y el de la Facultad de Microbiología sea un (a) odontólogo (a).

Pero resulta que acaba de suceder en la Escuela de Salud Pública: ha sido electa como directora una persona con formación en docencia que no es especialista en salud pública, a lo que se suma que no tiene ninguna experiencia de trabajo en ese campo del conocimiento y además con aportes poco relevantes al quehacer universitario. Y cuando digo poco relevantes, es porque lo poco realizado aporta muy poco a la teoría y la práctica de la salud pública. Y fue electa con un importante apoyo de parte de la Asamblea. ¿Qué sucedió?

La Salud Pública no es una disciplina, es un campo de conocimiento al que suman muchas disciplinas dado que su ámbito de acción es la población. Esto explica que un microbiólogo (a) para dirigir un laboratorio clínico debe estudiar obligatoriamente microbiología a lo que puede agregar estudios en salud pública o alguna de sus ramas. Pero la base esencial para el ejercicio profesional es la microbiología. Lo mismo sucede con un médico director de un hospital o un servicio de ese hospital, o con un odontólogo (a) jefe de un servicio de odontología. La base del ejercicio profesional es la profesión base a lo que suma la salud pública. La misma lógica se impone en las Unidades Académicas de una universidad como la Universidad de Costa Rica. Es un asunto de elemental razón. La profesión base para dirigir la Escuela de Salud Pública debe ser un disciplina de las ciencias de la salud y debe ser, obligatoriamente, un (a) profesional con especialidad en salud pública y experiencia de trabajo en este campo del conocimiento.

Pero en la Escuela de Salud Pública se acaba de elegir a una persona sin formación y sin experiencia en salud pública. ¿Será que no hay candidatos (as) que cumplan criterios de idoneidad? ¿Será que el proceso de nombramiento en propiedad en la UCR facilita que haya docentes con limitado tiempo de contratación que no pueden dedicarle el tiempo necesario al trabajo académico (docencia, investigación y acción social) y que además de aportar poco al quehacer universitario, no les es posible ejercer un cargo de dirección? Lo cierto es que la salud pública está de luto.

Es indudable que la universidad pública debe entrar en un proceso de revisión de su quehacer, pero lo debe hacer escuchando el llamado a realizarlo con apertura y conciencia de su necesidad. Pero es indudable también que, a lo externo, los actores sociales reconozcan lo vital de la educación superior pública para el desarrollo nacional y aporten también a la discusión, buscando su mejora y no por “bajar salarios”. Y en este campo, la prensa debe formarse y así emitir criterios alejados de posiciones ideológicas. Esta discusión es de importancia e interés nacional.

Aspiro a que el Dr. Gustavo Gutiérrez Espeleta, nuevo rector, guíe la revisión autocrítica de nuestra Universidad de Costa Rica. Espero, además, que pueda dedicar cinco minutos de su valioso tiempo, para leer, y ojalá, valorar como insumo lo escrito en el presente artículo.

 

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