Melissa Vargas: Octubre: ¿mes rosa?

¡Hagamos conciencia! No importa el color del lazo, no importa el tipo de cáncer… Aprendamos la prudencia, a dignificar a la persona que libra la lucha, a darle su valor y sobre todo a demostrar nuestro respeto. ¡Un diagnóstico temprano salva vidas!

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Melissa Vargas CamachoPolitóloga.

Tradicionalmente se asocia el mes de octubre a la lucha y concientización del cáncer de mama. Todos los perfiles en las redes sociales se pintan de rosado, se llenan de lacitos y nos comparten estadísticas, recomendaciones para detectar los primeros síntomas, hábitos para mejorar nuestra salud y prevenir este tipo de enfermedades. Las calles se han llenado tradicionalmente con marchas, carreras, hasta caravanas de motocicletas, conciertos y muchas actividades. Algunos edificios cambian sus bombillos, las clínicas dan sus mejores ofertas, las empresas se solidarizan y donan mamografías, los oncólogos desfilan por los diferentes noticieros y revistas matutinas. ¡El día a día se tiñe de rosa!

El cáncer de mama es posible el más común. Solo en el 2020 se registraron más de 2,2 millones de casos en el mundo. La tasa de supervivencia cada vez es más alta, no obstante, para el 2021, era la primera causa de muerte en las mujeres costarricenses.

Pero, ¿de dónde salió este color? Se habla de que el lazo rosa nace en la década del noventa, específicamente en 1991, cuando la Fundación Susan G. Komen repartió lazos rosados a quienes participaron en una carrera en New York. Al año siguiente, se repitió la iniciativa, esta vez a cargo de la editora de la revista “Self” y Estée Lauder. Y aunque, en algún momento hicieron lazos naranjas, finalmente se decidieron por los rosas convirtiéndose en el símbolo internacional. ¿La razón? Se dice que, al ser el rosa un color asociado al bienestar y, culturalmente, a la mujer. Con el tiempo llegaron lazos de otros colores para evidenciar la lucha contra otros tipos de cáncer: amarillo para el cáncer infantil, morado para el páncreas, verde para hígado, entre otros.

Lo cierto es que, quienes hemos vivido de cerca la lucha contra el cáncer de mama sabemos que esta enfermedad se asocia a cualquier otro color menos al rosa. Si se lleva un seguimiento médico y se está al día con mamografías y ultrasonidos, el descubrimiento será en etapas tempranas, y así el proceso será más favorable y la esperanza de supervivencia será aún mayor.

Les invito a imaginar por un momento que, van a su revisión periódica y en el momento de aplicarla el radiólogo observa alguna anomalía. Desde ahí inicia el proceso. Mientras el médico ve las imágenes y da la autorización para realizar la biopsia, corren muchos pensamientos y emociones. Les recuerdo: el cáncer de mama era la primera causa de muerte entre las costarricenses. Mantengamos ese dato presente.

Los resultados de las biopsias no son tan rápidos como todos deseamos, a ver, un minuto que tarden es una eternidad. ¿Tengo antecedentes familiares? Llega la hora de la consulta y el médico le indica el resultado. Biopsia negativa, el alma vuelve al cuerpo. Biopsia positiva, ¿y ahora qué hago? ¡mi familia! ¡mis hijos! ¿cómo se los digo? Una vez más corren los pensamientos y emociones…

Las mujeres que son diagnosticadas con este cáncer se sitúan, principalmente entre los 30 y 69 años. Muchas tienen hijos pequeños, adolescentes… Tienen la responsabilidad de sus padres… Sus carreras, sus ilusiones.

El proceso continúa. Sesión de mamas. Los médicos deben deliberar con todos los exámenes cuál va a ser el mejor tratamiento para seguir. Mientras tanto las preguntas vuelan ¿Cuántas sesiones de quimioterapia? ¿Tendré radiología? ¿Cuándo será mi cirugía? A mi vecina la operaron primero y luego le pusieron la quimioterapia… ¿Y si me quitan la mama? ¿Mi esposo me amará igual? ¡Me va a dejar! ¡Ya no seré mujer nunca más! ¡Voy a perder mi cabello! Y es que, al final del día, perder el cabello es el menor de todos los problemas, la más sencilla de todas las consecuencias que acarreará el tratamiento a seguir. ¡Todo vale con tal de mantenerme con vida!

Según sea su caso, así será el orden del tratamiento: quimioterapia, cirugía, radioterapia y más quimioterapia. Las sesiones de quimioterapia son largas, principalmente la espera. Los síntomas posteriores son variopintos. Desde un hambre descomunal, tal si se hubiera corrido una maratón, hasta los más pesados. Mucho cansancio, medicamentos, dietas a seguir… Preguntas inoportunas e incómodas y la familia siempre procurando la comodidad y los chineos que estén a la mano.

Tras meses de intravenosas, venas agotadas y quemaduras por radiación se le suman los cuidados post cirugía. ¡Y es que hay de todo tipo! Terapia física, terapia psicológica… Ejercicios para restablecer el movimiento y dar fuerza a los músculos… Pero sobre todo, el pánico en las miradas de quienes se enteran de la lucha que está librando.

Ahora, otro ejercicio. Les invito a imaginar que es una familiar quien está enfrentándose al cáncer. ¡Primera causa de muerte en las costarricenses! ¿Qué hacer! Nada lo prepara a uno en la vida para saber como proceder. ¿Lloro con mi familiar? ¿Soy fuerte por ambos? ¿La abrazo? ¿No la toco? ¡La medicina a avanzado! ¿Cómo la consuelo? Ella quiere ser fuerte, ¿la dejo serlo?, ¿le recuerdo que puede quebrarse? ¿A quién le pido consejo? ¡Me rapo con ella, de inmediato! ¡Vamos a buscar una segunda opinión! ¡Cinco minutos y consigo al mejor oncólogo del país! ¡Vamos! De seguro hay un error, siempre están confundiendo los exámenes en los hospitales… ¡Medicina alternativa! ¿Alguien conoce un nutricionista especialista en oncología? Y ahora, ¿cómo la cuido?

La lucha contra el cáncer de mama, así como cualquier otro tipo de cáncer, no es fácil. No es bonita, no es rosa. Es una lucha constante de meses, años a veces. Un proceso que toma el resto de nuestras vidas, aunque se haya vencido. Los monitoreos no cesan, el cáncer podría volver.

Pero, de las experiencias, por más pesadas que sea, siempre habrá aspectos positivos… Esta lucha es un enorme proceso de aprendizaje, una gran lección de vida y, sobre todo, una etapa donde se conocen muchas personas que, en otros espacios, no tienen como coincidir, pero se convierten en compañeros de lucha, confidentes y, quizá, el mayor de los apoyos.

¡Hagamos conciencia! No importa el color del lazo, no importa el tipo de cáncer… Aprendamos la prudencia, a dignificar a la persona que libra la lucha, a darle su valor y sobre todo a demostrar nuestro respeto. ¡Un diagnóstico temprano salva vidas!

 

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