Melissa Vargas CamachoPolitóloga.

La historia ha evidenciado, una y otra vez, las terribles consecuencias que trae para una nación ser dirigida bajo partituras populistas. No es necesario tener un grado en historia para que se vengan a la mente las secuelas en materia económica, política y social que han vivido diferentes países a lo extenso del globo terráqueo, y América Latina no es la excepción.

A lo largo del tiempo, hemos sido testigos de todo tipo de populismos, pero recientemente leía una nueva clasificación: “populismo millenial”, haciendo referencia al Presidente de El Salvador: Nayib Bukele.

Y es que, dejando de lado todas las diferencias que, en su administración, han tenido nuestros países. Bukele es, sin duda, un fenómeno a estudiar en todo sentido. Y es que, el populismo y la demagogia parecen ser el plato del día en su gobierno: halagos, falsas promesas que son populares pero difíciles de cumplir y otros procedimientos similares para convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de la propia ambición política.

En este artículo, Ángel Sermeño, señala “Nayib Bukele es un líder populista más, que llega al poder por vías democráticas, pero que, sin embargo, es un personaje autocrático que está dispuesto a desmantelar las instituciones democráticas y atropellar las reglas constitucionales con tal de afirmar su control personalista del poder.” Para justificar estas afirmaciones Sermeño hace un recuento de diferentes situaciones: el “autogolpe” del 9 de febrero del 2020, el manejo de la pandemia del Covid-19, la destitución y reemplazo de los jueces de la Corte Suprema de Justicia, la adopción del bitcoin como moneda de curso legal…

Algunas de estas me generan una gran preocupación, como la intromisión a la división de poderes que representa destituir y reemplazar a jueves de la Corte Suprema de Justicia, un acto totalmente fuera de cualquier constitución. Pero en esta ocasión quisiera desarrollar el tema del bitcoin como moneda oficial.

Los criptoactivos vienen a modificar, de manera disruptiva, la manera en que los individuos llevan a cabo el proceso del trueque. Un proceso, tan antiguo como la humanidad. Cada vez son más las personas que se abren a este método, incluso ahora se puede ver como han surgido comercios que se rigen bajo este intercambio. Sin duda este tipo de monedas vinieron para quedarse, y poco a poco queda evidenciado. ¡Costa Rica tampoco escapa de esta nueva realidad! Ya el Banco Central se ha referido sobre el tema y existen iniciativas para regular este mercado.

El problema es cuando, la improvisación junto a la demagogia populista son quienes rigen los procesos de toma de decisiones, basta ver las noticias internacionales para constatar los problemas económicos por los que están pasando nuestros hermanos salvadoreños con la adopción del Bitcoin.

La especulación, la volatilidad de un mercado en crecimiento, sujeto a vaivenes financieros y tecnológicos, llevaron a que el país haya perdido más de un 67% de su valor en las últimas semanas.

Leía al académico e investigador Carlos Murilo director del Centro de Investigación de Desarrollo de Costa Rica señalar que: “… al presidente Nayib Bukele no le queda otro remedio que entender que su proyecto ha fracasado. Eso supone que acepte la condición del FMI para ayudar al país y que pasa porque se abandone el bitcoin como moneda oficial”.

El País, de España, titulaba hace algunos días “La caída del bitcoin representa un “golpe mortal” para El Salvador” y es que este medio señalaba pérdidas de hasta 70 millones de dólares en sus finanzas públicas, monto muy similar al pago que debe realizar este gobierno en enero por concepto de deuda internacional. Dejando una gran interrogante para los salvadoreños, porque no existe una transparencia de cuánto de sus impuestos ha sido destinado a esta moneda electrónica.

La economía salvadoreña se enfrenta, una vez más a un fuerte reto. Deben superar las fuertes pérdidas. Algunos economistas señalan que, así como El Salvador fue el primer país en adoptar el Bitcoin, también será el primer país donde las personas no quieren usar el bitcoin producto de la desconfianza generada por estas importantes pérdidas.

De allí la importancia de que, cuando se escuchan anuncios de recetas milagrosas capaces de eliminar la miseria de un considerable porcentaje de la población, ajustar precios a la baja de bienes de uso diario, se debe prestar atención de cómo es la manera en que nuestros gobernantes planean resolver. No sea que, por prestar atención a lo que anhelamos caigamos en un mal mayor ante propuestas sin sustento.

Vale la pena cuestionar que, de ser tan fácil la solución a la erradicación de la pobreza, ¿por qué no lo hicieron anteriores gobernantes? ¿De verdad se trataba de simple negligencia? ¿Sería que tenían certeza de que no existen cosas como las recetas mágicas?

La construcción de un sistema democrático como el costarricense, no es obra de un día, sino décadas en las que hombres y mujeres, altamente comprometidos, sin vender humo, han construido para heredar a la siguiente generación un país con mucho trabajo por hacer, pero con un futuro promisorio.

¡Cuidado con los populistas! La historia es testigo de que sus ocurrencias rara vez acaban bien, pero siempre tienen éxito fomentando la polarización y generando expectativas irreales y engañosas. Solamente con el diálogo, la transparencia, la verdad podremos, trabajando por un norte común, sortear los problemas de miles de costarricenses, llevando a nuestro país al siguiente nivel.

 

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Por La Revista CR

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