Miguel Ángel Rodríguez: La OMC pandemia, alimentos, pesca, comercio electrónico… el futuro

Hay temas que requieren una mayor cobertura geográfica que la que cubren los TLC, pero se estancan por el poder de veto de cualquier nación, que lo usa en la OMC para obtener alguna prerrogativa.

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Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.

El pasado 17 de junio concluyó la XII Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Se efectuó en Ginebra y fue la primera reunión presencial de ese nivel en cuatro años.

Se extendió la reunión por dos días adicionales de intensas negociaciones para llegar a resultados. Pero los resultados son debatibles.

Muchos consideran muy limitados los acuerdos alcanzados. Indican que se requieren acuerdos más sustanciales. Vivimos una grave crisis de alimentos por la guerra en Ucrania, inmensos problemas con el virus SARS-CoV-02 y el riesgo de nuevas pandemias, no se ha avanzado en la erradicación del proteccionismo agrícola, el comercio internacional reglado y la OMC se han debilitado.

Otros señalan que finalmente, aunque tarde y de manera limitada, la OMC demostró que uno de sus pilares fundamentales, el de negociaciones multilaterales sigue funcionando. Se pudo llegar a acuerdos sobre una exención a las reglas sobre propiedad intelectual para para facilitar la fabricación de vacunas contra la covid-19 en economías intermedias y en desarrollo, para su propio uso y para exportar a otros países en ese mismo estadio de desarrollo económico. Con ese fin se eliminan requisitos existentes en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual establecido en los documentos constitutivos de la OMC, lo cual constituye un paso importante y un antecedente para futuras calamidades.

Se da este acuerdo cuando ya las casas fabricantes de vacunas de los países desarrollados producen cantidades superiores a la demanda, difícilmente se podrá competir contra sus precios y no abarca ni la fabricación de las pruebas para detectar la enfermedad, ni la de medicamentos para su tratamiento. Pero se decidió que “A más tardar seis meses después de la fecha de la presente Decisión, los Miembros adoptarán una decisión sobre su ampliación a la producción y el suministro de medios de diagnóstico y tratamientos contra la COVID-19”.

Respecto a los problemas del agotamiento de las especies marinas por sobrepesca, apenas por segunda vez en los 25 años de vida de la OMC se logra un acuerdo que cambia las reglas del comercio aprobado por todos los miembros. Este acuerdo elimina los subsidios a la pesca ilegal, no declarada o no regulada, así como a los navíos que practiquen la pesca en esas mismas condiciones y norma los procedimientos para su puesta en práctica. Además, expresamente se establece que “Ningún Miembro concederá ni mantendrá subvenciones a la pesca o las actividades relacionadas con la pesca respecto de una población sobreexplotada”

Con relación al comercio electrónico se convino “en mantener la práctica actual de no imponer derechos de aduana a las transmisiones electrónicas hasta la CM13” (XIII Conferenciase Ministerial) “, que normalmente deberá celebrarse a más tardar el 31 de diciembre de 2023. En caso de que la CM13se retrasara más allá del 31 de marzo de 2024, la moratoria expiraría en esa fecha, salvo que los Ministros o el Consejo General adoptaran la decisión de prorrogarla.” Este acuerdo incluye envíos digitales, películas e investigaciones, por lo que la moratoria significa un triunfo para el comercio electrónico.

Sobre el tema de alimentos y los problemas generados por las condiciones prevalecientes en cuanto a su comercio, los acuerdos se limitaron a declaraciones en favor de las compras del Programa Mundial de Alimentos, a alentar a las naciones a intensificar su comercio y a evitar restricciones. Específicamente subrayaron “la necesidad de que el comercio agroalimentario fluya, y reafirmamos la importancia de no imponer prohibiciones o restricciones a la exportación de manera incompatible con las disposiciones de la OMC pertinentes.”

No se alcanzaron resoluciones ni declaraciones que permitan fortalecer el comercio reglado que ha sido sometido a restricciones con los enfrentamientos comerciales entre EEUU y China, ni se avanzó en resolver y fortalecer el sistema de solución de controversias que padece el bloqueo que, desde 2020, se da por EEUU al nombramiento de integrantes del órgano de apelación del sistema de solución de diferencias de la OMC.

Algunos de los problemas no son enteramente del resorte de la OMC.

Por ejemplo, la covid-19 ha demostrado que para enfrentar las pandemias se debe establecer un sistema que garantice el acceso a los medicamentos y vacunas que se vayan generando en términos similares para todos los países, con independencia de adonde surjan esas soluciones y sin que se afecten los incentivos para su investigación y desarrollo. Esta es una tarea que demandará solidaridad de los países avanzados para financiar la compra por parte de las naciones en desarrollo. El G-20 y la OCDE junto con la OMS son foros adecuados de la gobernanza internacional para preventivamente establecer mecanismos que puedan asegurarnos ante futuras pandemias. Asegurar un mejor resultado es una demanda de la fraternidad entre todas las personas, y también del interés propio de los países desarrollados que no pueden garantizar su salud si en otras partes de la tierra una epidemia azota sin control. Pero esta solución no es atribución de la OMC.

Otro ejemplo se da frente a la urgente necesidad de asegurar el suministro de alimentos a las naciones dependientes de importarlos de Ucrania. Su solución depende de decisiones políticas y militares que son demandadas por el más elemental sentido de humanismo, pero que escapan a las competencias de la OMC.

En cuanto al muy reducido avance en este siglo en los temas sustanciales para profundizar el comercio internacional reglado a nivel multilateral, y a los debilitamientos que ha venido padeciendo, pareciera que la solución requiere apartarse del requisito de unanimidad que condiciona las decisiones de la OMC.

En las últimas décadas ante el estancamiento de progreso en el comercio multilateral al amparo de la OMC, las naciones recurrieron a negociar tratados (TLC) bilaterales o multinacionales, pero no universales, para ampliar el intercambio de bienes y servicios, con reglas de mayor acceso a sus mercados y cubriendo nuevas disciplinas que el progreso exigía.

Hay temas que requieren una mayor cobertura geográfica que la que cubren los TLC, pero se estancan por el poder de veto de cualquier nación, que lo usa en la OMC para obtener alguna prerrogativa.

Muchos creemos que ha llegado la hora de que al amparo de la OMC grupos de países que signifiquen una cantidad importante de comercio mundial en un determinado sector (¿más de dos terceras partes?) puedan negociar tratados plurilaterales abiertos a la adhesión de los no firmantes que puedan avanzar, integrar y profundizar el comercio internacional reglado. Claro que esto significaría que haya diferentes velocidades en la expansión del comercio multilateral. Pero ¿no es esa solución mejor al estancamiento?

Claro que nada reemplaza la necesidad de que las economías, especialmente las mayores, vuelvan a ser respetuosas del comercio internacional reglado, lo cual posiblemente signifique la necesidad de abatir el nacionalismo chauvinista y mercantilista que se ha expandido durante este siglo.


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