Miguel Ángel Rodríguez: Navegamos en aguas turbulentas, inflación, recesión, PIB, ingreso nacional

Frente a la pérdida de poder adquisitivo de las familias pobres por la inflación y la amenaza de pérdidas mayores por una posible futura recesión de nuestros socios comerciales, creo indispensable fortalecer los programas de ayuda focalizados para las familias pobres, tal como he comentado en artículos anteriores.

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Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.

Las noticias de esta semana lo ratifican. Navegamos en aguas turbulentas y debemos proceder con coraje y con solidaridad.

¿Estarán nuestros principales socios comerciales viviendo simultáneamente inflación y recesión? ¿O irán a estarlo viviendo en el resto de este año? Ello tendría efectos muy negativos para nosotros. El viejo dicho es que si los EE. UU. tienen un resfrío a nosotros nos da pulmonía.

Sabemos que estamos viviendo en los EE. UU., en Europa, en Costa Rica y en muchas naciones un proceso inflacionario. Al final del primer semestre de 2022 la inflación interanual en EE. UU. fue de 9,1%, su mayor nivel en cuatro décadas. En la Eurozona fue de 8,6 cifra que es el récord histórico en esa unión monetaria. En Costa Rica fue de 10,1, la más alta desde mayo de 2009.

Esto representa empobrecimiento especialmente para los consumidores más pobres. Lo sabemos bien, la inflación es el más injusto de los impuestos. Las familias reciben beneficios de comprar bienes y servicios con sus recursos, y de utilizar los bienes de consumo duradero que poseen. El servicio que presta un automóvil, una casa, la propiedad inmobiliaria, o de bienes físicos o de algunos valores, en general no disminuye con la inflación. Pero los salarios y otros ingresos monetarios pierden su capacidad de compra. Las familias pobres tienen muy pocos bienes físicos y su poder de compra es fundamentalmente por ingresos monetarios. Por eso el coso de la inflación con la pérdida de poder de compra de la moneda recae desproporcionadamente sobre las personas económicamente más endebles.

Como respuesta a la inflación y para controlarla el Sistema de la Reserva Federal (FED), el banco central de los EE. UU., subió la semana pasada la tasa de interés por sus fondos 0,75 puntos porcentuales. Es la segunda ocasión consecutiva de un incremento de esa magnitud. Es el mayor acto de restricción monetaria basado en tasas de interés que se da desde inicios de la década de 1990, cuando el FED comenzó a usar la tasa de interés como su principal instrumento de política monetaria.

En nuestro país el BCCR subió el recién pasado miércoles 27 su tasa de política monetaria en 2 puntos porcentuales, llevándola a 7,5%, la más alta desde el período agosto octubre de 2010.

El aumento en la tasa de política monetaria incidirá en un incremento que se ira dando gradualmente en las tasas activas y pasivas locales. El aumento del FED incrementará las tasas de interés internacionales que nos afectan por su impacto en el costo del servicio de la deuda externa pública y privada futura.

La situación sería mucho más grave si a la inflación se une una recesión.

Los EE. UU. anunciaron que en el segundo trimestre de este año el PIB disminuyó. Eso ya había ocurrido en el primer trimestre. En el trimestre terminado en marzo la disminución del PIB fue del 0,4%. En el que recién terminó el mes pasado fue de 0,2%.

¿Quiere eso decir que ya estamos viviendo una recesión?

La respuesta corta es no. Pero eso no quiere decir que no sea posible caer en recesión más adelante, lo que nos obligaría a ser aún más cuidadosos y decididos en adoptar las medidas que nos permitan amortiguar el golpe, disminuir su duración y librar de él a las familias más débiles económicamente.

El National Bureau of Economic Research (NBER) define recesión como una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y que durá más que unos pocos meses. Para que se de en consecuencia se requiere magnitud o profundidad, difusión y duración de la disminución. Esas condiciones actualmente no se dan.

La disminución en el PIB de EE. UU. en estos dos trimestres es una primera y provisional medición sujeta a revisiones posteriores, que incluso podrían llegar a reversar el signo de la variación convirtiéndola en un aumento de esa variable. En línea a que eso pueda ocurrir apunta que el FMI en su reciente puesta al día en julio de sus proyecciones de crecimiento para la economía mundial proyecta para EE. UU. un crecimiento de 2,5%, que es un importante numero positivo, aunque disminuye en 1,4 p.p. respecto a su estimación de abril. Y claro la llamada de atención queda viva con un crecimiento para ese país de solo 1% para 2023. Para el mundo el FMI estima ahora un crecimiento en este año de 3,2% y para 2023 de 2,9% con una disminución sobre su previsión de abril de 0,4 y 0,7 p.p. respectivamente. Para América Latina y el Caribe estima un crecimiento de 3% y 2% respectivamente para este año y el entrante. La cifra de este año mejora 0,5 p.p. respecto a abril, y la de 2023 desmejora en la misma cantidad.

Pero más importante que eso. No se dan signos de difusión ni de necesaria duración para considerar esas reducciones trimestrales como una recesión.

La caída en el PIB se dio fundamentalmente por una disminución en inventarios, pero han aumentado los gastos de los consumidores y de las empresas.

Además, en el campo del empleo ha continuado el aumento de plazas, las plazas vacantes están en un récord de altas y los despidos son muy bajos.

Esto determina que mientras la medición provisional del PIB disminuye, el Ingreso Nacional Disponible (IND) aumenta. Esto es muy importante porque indica que potencialmente los consumidores y empresas pueden incrementar su gasto en nuestros bienes y servicios.

De esta forma una disminución del PIB de EE. UU. no es tan desfavorable para nosotros si su ING aumenta.

De manera semejante un aumento de nuestro PIB no es tan favorable si el IND aumenta menos, como en nuestro caso ocurre.

Por eso desde que inició la recuperación del cierre de actividad económica que causó la pandemia, manifesté la necesidad de analizar la recuperación del IND y no solo la del PIB. De manera semejante. No basta analizar la tasa de desempleo. Si se recupera el nivel de esa tasa, pero no el número de ocupados, la recuperación de empleo no se ha completado, como desdichadamente ocurre en nuestro caso.

De estos cambios en las condiciones económicas debemos sacar algunas conclusiones.

No hay varita mágica que nos permita librarnos totalmente de los efectos perjudiciales de la inflación y de un menor crecimiento de la producción mundial del antes proyectado. Lo que hace necesario de atender las necesidades básicas de los pobres y desarrollar reformas estructurales que aumenten nuestra productividad.

Frente a la pérdida de poder adquisitivo de las familias pobres por la inflación y la amenaza de pérdidas mayores por una posible futura recesión de nuestros socios comerciales, creo indispensable fortalecer los programas de ayuda focalizados para las familias pobres, tal como he comentado en artículos anteriores.

Además, estas dificultades externas que se unen a una situación interna que sigue siendo de cuidado por la tensión en las finanzas públicas, la caída en la ocupación y los efectos de la necesaria política monetaria restrictiva, no deberíamos cejar en realizar las reformas estructurales que nos permitan aumentar la productividad y el crecimiento, aunque sus efectos se den a mediano plazo.


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