Miguel Ángel Rodríguez: 2021 terminó mejor a lo esperado, pero 2022…

Esto exige de las futuras autoridades medidas adicionales en las finanzas públicas para sustituir con otras esas fuentes de ingresos, o para compensar su pérdida con mayores reducciones de gastos.

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Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.).

Los datos fiscales, de crecimiento, de empleo, de pobreza indican que el segundo año de la pandemia fue mejor de lo que esperábamos. Durante su transcurso fueron mejorando las previsiones sobre esos resultados, pero al final los datos son aún mejores a las revisiones que se vinieron haciendo. Ello merece el reconocimiento de todos a las autoridades, a los trabajadores y empresarios que lo hicieron posible. Pero no significa ni que hayamos superado las dificultades, ni mucho menos que este año será un lecho de rosas.

Vayamos a los hechos.

En cuanto a crecimiento de la producción la estimación inicial del BCCR fue que el PIB crecería en 2021 un 3,6%. En su revisión de medio año la aumentó a 3,9 y en el Informe de Política Macroeconómica de octubre la elevó a 5,4%. Me atrevo a pensar en base a los datos del IMAE que el crecimiento será aún mayor. Nuestra recuperación en 2021 dependió fundamentalmente del crecimiento de nuestras exportaciones de bienes y servicios, y en especial de las de las zonas francas y perfeccionamiento activo. A noviembre recién pasado el crecimiento interanual del IMAE del régimen definitivo fue de 8,8% mientras los regímenes especiales crecieron un asombroso 30,5%. Esto significa que debemos no solo atender al crecimiento del PIB sino también el del Ingreso Nacional, pues las ganancias empresariales de los regímenes especiales salen del país para recompensar la inversión directa extranjera que las hizo posibles.

También es conveniente El desempleo, que es la causa del mayor empobrecimiento de personas y familias, ya era inaceptablemente alto antes de la pandemia, y creció a niveles realmente increíbles al pasar de un 12,2% en febrero de 2020 a un espeluznante 24,4% en Julio de ese primer año de la covid-19. Por otra parte, el empleo se había venido deteriorando con el incremento del empleo informal que pasó de un 40,2% al inicio de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) en el tercer trimestre de 2010 a 47% en el I Trimestre de 2020. Al inicio de la pandemia como este tipo de ocupación fue la que más sufrió pérdida de oportunidad laboral, el porcentaje de informalidad bajó, pero ya en el tercer trimestre de 2021 está en 45,1%. El desempleo ya para noviembre había bajado de 24,4% a 14,4%. Claro todavía había 142.957 personas menos empleadas que antes de empezar la pandemia.

En el campo fiscal también los resultados fueron mucho mejores a lo esperado y al compromiso con el Fondo Monetario Internacional. El compromiso con el FMI lo esperaba cumplir el gobierno a fines de 2021 con un déficit primario no mayor a 1,3% del PIB. Posteriormente el Ministerio de Hacienda estimó que ese resultado mejoraría y sería no superior a 0,9% del PIB. Pero muy posiblemente el resultado será mucho mejor, muy cerca de no tener déficit primario. Haciendo los ajustes para que las cifras sean comparables, el déficit primario a noviembre del año pasado disminuyó 3,1 puntos porcentuales del PIB respecto a noviembre de 2020. Este muy significativo ajuste se da tanto por aumento en los ingresos que a esa fecha tienen un crecimiento interanual de 26%, como porque los gastos totales sin intereses disminuyeron interanualmente un 2,2%.

La Encuesta de Hogares señala que la pobreza que con la pandemia había crecido de 21% (cifra muy alta con poca variación en la última década que mantiene una metodología similar) a un trágico 26,2% en 2020, disminuyó en 2021 a 23%. La pobreza extrema también recuperó la mitad de lo que había crecido en 2020 al bajar de 7 a 6,3%.

Todas esas son razones para mostrarnos complacidos por los resultados económicos y sociales del año recién pasado, aunque claro que seguimos sufriendo un importante empobrecimiento, desempleo y dificultad fiscal que se agravó por la pandemia.

Por esa razón este año 2022 demanda continuar los esfuerzos para generar empleo, crecer aceleradamente y mejorar las finanzas públicas.

Los resultados que obtengamos dependen tanto de la evolución de la covid-19 y de la economía internacional, como de las políticas económicas que se apliquen en el país.

En primer lugar, nos afectará en este año el comportamiento de la pandemia. Esta ola de muy rápida propagación del virus generada por ómicron ya nos afecta el turismo en estos meses de temporada alta. Se espera que su impacto sea limitado si la disminución de contagios en Europa, Canadá y EEUU es tan veloz como fue su incremento, y si la enfermedad se relativiza en el resto del año.

El Banco Mundial en su Perspectivas Económicas Mundiales 2022 publicada el pasado martes 11 de enero estima que la economía mundial bajará en 2022 su tasa de crecimiento sensiblemente, de 5,5% en 2021 a 4,1% en este año y a 3,7% en 2023. La desaceleración será mayor en América Latina y el Caribe que bajará de 6,7% el año recién pasado a 2,6% en este período y a 3,2 el siguiente. Por su parte la Organización Mundial del Comercio estimaba que el comercio mundial creciera 10.8% en 2021 y que para este año lo haría en 4,7%.

Esa desaceleración tiene importantes consecuencias para nosotros pues, como lo he señalado, nuestra recuperación en 2021 dependió fundamentalmente de las exportaciones, y en especial de las de regímenes especiales. En 2022 tendremos un escenario mundial menos favorable en este aspecto.

Por otra parte, la inflación en países de gran impacto en la economía mundial creció de manera muy importante en 2021. En EEUU en 2021 la inflación fue de 7%, el nivel más alto alcanzado desde inicios de los ochenta del siglo pasado. Esto y las declaraciones del Sistema de la Reserva Federal hacen prever aumentos en las tasas de interés durante este año, lo que afectará el gasto del gobierno para atender el servicio de su deuda, y un desincentivo para la inversión en Costa Rica. Esta es otra diferencia negativa respecto a 2021 cuando se mantuvieron tasas internacionales de interés muy bajas.

En su Informe de Política Macroeconómica el BCCR estimó el crecimiento de la economía nacional en un 3,5% para este año y en un 3,2% para 2023. La estimación del Programa Macroeconómico 2022-2023 la conoceremos en pocas semanas, y mi percepción es que implicará un crecimiento un poco mayor, siempre que la cepa ómicron de la covid-19 disminuya rápidamente su impacto.

En el campo fiscal el Sr Ministro de Hacienda en recientes publicaciones estimó que, pese a los resultados fiscales mejores a lo inicialmente proyectados por el gobierno al amparo del convenio con el FMI, todavía es necesario un ajuste de ingresos de 0,7% del PIB para alcanzar el objetivo de un superávit primario de 1% del PIB en 2023. De lograrlo -o de poder compensar la ausencia de esos nuevos ingresos con mayores ajustes al gasto- así como de la aprobación de la Ley de Empleo Público depende que se pueda continuar con el programa con el FMI, y eso es esencial para seguir mejorando el resultado fiscal. El esfuerzo en este campo deberá ser mayor a lo hasta ahora previsto si el crecimiento en las tasas de interés internacionales afecta significativamente el costo de la atención de la deuda pública. Si se rompe el convenio con el FMI la inversión privada caería y el crecimiento sería menor a lo esperado para 2022.

Los buenos resultados alcanzados en 2021 respecto a la hacienda pública y el mayor crecimiento de la producción nos permiten iniciar este año con una relación deuda a PIB mejor a la esperada hace pocos meses. Esa es una importante ventaja. Pero el esfuerzo requerido este año sigue siendo muy significativo y difícil.

Para avanzar en la dotación de infraestructura física y digital es preciso revertir la caída en la inversión pública que se dio en 2021 cuando los gastos de capital a noviembre disminuyeron en un 37%. Los gastos por pago de intereses se elevarán en este año por el muy posible aumento en las tasas de interés que he señalado. El nuevo gobierno deberá aumentar el gasto en algunos sectores seleccionados de gasto social para atender la pobreza y para adaptación climática. Todos esos gastos son necesarios para acelerar el crecimiento en 2022 y en especial de 2023 en adelante. Pero es aún más importante para no descarrilar la producción aplicar a raja tabla la regla fiscal. Eso obligará a disminuir el gasto corriente en otros sectores de la actividad pública, para lo cual son imprescindibles reformas en la organización del estado y mejorar la eficiencia en el gasto público.

Y eso no es todo.

El más importante objetivo inmediato debe ser generar empleos formales para disminuir la pobreza y la desigualdad; y es una tarea gigantesca. Con la fuerza de trabajo del pasado noviembre para llegar a un desempleo del 6% se deberían generar 289.157 nuevos puestos de trabajo. La cifra debe ser mayor por el crecimiento que va teniendo la población y para permitir la incorporación de una mayor cantidad de mujeres, que en nuestro país tienen una muy baja participación aún en comparación con América Latina.

Para generar empleo formal se requiere crecer aceleradamente de forma sostenida. Se requiere también, sustituir parcialmente los impuestos sobre la planilla que actualmente financian la medicina, la lucha contra la pobreza y la previsión social. Para acelerar el crecimiento se debe disminuir el margen financiero de los bancos y así aumentar el ahorro y la inversión, lo que demanda eliminar las cargas parafiscales que recaen sobre los bancos públicos. Para que se estimule la inversión y la creación de fuentes de trabajo se deberá hacer más eficiente y descentralizada la generación de electricidad para bajar los costos y mejorar la calidad, costo y oportunidad de los servicios públicos mediante una mejora regulatoria. Será además preciso -para promover más innovación y competencia- eliminar las distorsiones que las impiden. Por otra parte, para aumentar la empleabilidad de los jóvenes, de las mujeres y de los desempleados será necesaria una verdadera reforma de la educación pública para que forme y cree habilidades y aprovechar la reforma al INA para impulsar una masiva capacitación para los trabajos para los cuales hay demanda.

Esto exige de las futuras autoridades medidas adicionales en las finanzas públicas para sustituir con otras esas fuentes de ingresos, o para compensar su pérdida con mayores reducciones de gastos.

La tarea es aún más empinada por el deterioro en las condiciones de la economía mundial que se da en este año, como se ha señalado.

En la mencionada publicación Perspectivas Económicas Mundiales 2022 , refiriéndose a las economías en desarrollo el Banco Mundial indica: “Para permitir mayor gasto social a la vez que más inversión en infraestructura, en cambio climático y en energías limpias, se requiere una revisión crítica y cuidadosa priorización del gasto público y los subsidios, y medidas para expandir la base tributaria. Será igualmente importante fortalecer los sistemas financieros y mejorar el perfil de la deuda para atender su servicio en un período más prolongado y reducir los riesgos cambiarios”.


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