Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.

Aunque con retraso no puedo dejar de comentar con ocasión de Día Internacional de la Mujer algunos aspectos sobre la discriminación que aún sufren nuestras hermanas.

Frente a esa dolorosa realidad debemos privilegiar en favor de las mujeres la lucha contra la pobreza y la generación de buenos empleos.

Primero hago patentes algunos datos que reflejan que el sufrimiento de las mujeres continúa siendo mayor al de nosotros los hombres, a pesar del muy importante camino que la sociedad costarricense ha recorrido para reparar las milenarias injusticias que las mujeres han padecido.

Los datos de la Encuesta Nacional de Hogares que inicia en 2010 nos indican que hay más mujeres que hombres en condición de pobreza y en condición de pobreza extrema. En 2010 el porcentaje de mujeres en situación de pobreza extrema fue de 6,7% mientras para hombres fue menor 6,3%. De manera similar en pobreza no extrema las mujeres tenían en ese año mayor proporción que los hombres, 17,8% frente a 17,4%. Esa diferencia se va ensanchando y para 2019 la última encuesta de hogares del INEC antes de la pandemia, el porcentaje de mujeres en pobreza extrema sube a 7,1% mientras el de hombres sigue igual al de 2020 duplicándose la diferencia de 0,4 puntos porcentuales (p.p.) a 0,8. Igual ocurre en pobreza no extrema. En este caso la proporción de mujeres sube del 2010 al 2019 apenas 0,1 p.p., pero la pobreza no extrema de los hombres baja 1 p.p. Con este cambio la diferencia de más proporción de mujeres que hombres en pobreza no extrema pasa de 0,4 p.p. a 1,5 p.p.

El año pasado después de la recuperación parcial posterior a la pandemia se mantiene la mayor incidencia de la pobreza extrema y no extrema entre las mujeres que entre los hombres. En pobreza extrema la diferencia contra las mujeres es de 0,9 p.p. y en pobreza no extrema 1,1 p.p.

La estructura de los hogares refleja ese mayor peso de la pobreza entre las mujeres y el aumento de esa carga después de 2010. En ese año 2010 las mujeres de los hogares pobres estaban a cargo de un 36% de las familias, mientras en los hogares no pobres esa cifra era de 33,1%. Para 2022 ambas cifras han aumentado señalando una mayor carga familiar sobre las mujeres, pero además se incrementa la diferencia entre las jefaturas de hogar a cargo de las mujeres en hogares pobres y en los no pobres. Ahora en los pobres las mujeres están a cargo en un 50,3% y en los no pobres en un 41,3%.

Los datos de empleo también nos señalan esta triste realidad de las mayores penurias económicas para mujeres que para hombres. Y de su aumento en estos años.

La tasa de participación laboral (TPL) mide la proporción de las personas de 15 o más años que o tienen trabajo o buscan trabajar. A finales de 2010, año en que inicia la Encuesta Continua de Empleo, la TPL de los hombres era de 75,6% mientras la de las mujeres era de solo 48%. Claro que este indicador no mide el trabajo de las mujeres en los hogares, que es considerablemente mayor al que aportan los hombres.

Antes de la pandemia a finales de 2019 la TPL de los hombres había bajado levemente a 74,9 con leves variaciones durante esos años, y la de las mujeres había subido a 50,8%. Con la pandemia ambas bajaron significativamente. Para finales de 2022 la TPL de los hombres era de 71,1% y la de las mujeres de 48,2%.

Si nos comparamos con EEUU y a pesar de que ese país tiene mayor proporción de las mujeres de 15 y más años en el sistema educativo lo que disminuye la TPL, su TPL femenina es 6 p.p. mayor a la de Costa Rica. Eso significa que unas 123.000 mujeres que podrían estar generándose un ingreso económico no lo pueden hacer.

Los niveles de desempleo también afectan más gravemente a las mujeres. En 2010 era esa tasa de 8,1% para los hombres y de 11,1% para las mujeres. Para 2019 antes de la pandemia el desempleo femenino había crecido mucho más que el masculino pues para las mujeres alcanzaba a un 16,7% mientras para los hombres fue de 9,6%. La pandemia golpeó mucho mas duramente a las mujeres y a finales de 2022 su tasa de desempleo era aún de 16% mientras que la de los hombres fue de 8,7%

Desde la última década del siglo pasado logramos muy importantes avances en pro de la igualdad de derechos para las mujeres, principalmente en los campos educativo y político. Pero el camino que falta por recorrer es muy largo en el campo económico. La pobreza y el desempleo las afectan en mayor medida.

Dada la forma más grave en que la pobreza y la falta de oportunidad de trabajar afecta a mujeres, en especial a las jóvenes y a quienes tienen menor educación: ¿No será conveniente y necesario tanto en el campo social como en el de empleo focalizar las acciones gubernamentales para que beneficien en especial a nuestras compatriotas?

En la provisión de medidas para ayudar a las familias pobres las acciones focalizadas deben dar prioridad a las mujeres que regentan hogares pobres, tanto con acciones para capacitarlas a vencer ellas misma su pobreza, como para atender las necesidades de quienes sufren condiciones permanentes que les impiden hacerlo.

En el campo laboral, por iguales trabajos abundan discriminaciones salariales en contra de las mujeres y su presencia en los puestos de dirección empresarial es aún muy limitado

Corregir estas condiciones es sobre todo un reclamo de la justicia. Pero es además una acción muy conveniente para incrementar la producción nacional en beneficio de mujeres y de hombres, como lo señalé en “Participación laboral de las mujeres, justicia y recuperación económica” https://rodriguez.cr/mar/index.php/disyuntivas

Para lograrlo se requieren medidas en diversos campos.

Por una parte, hay que facilitar la empleabilidad de las mujeres

Primero. – Expandir la red de cuido para que el gobierno puede atender las necesidades de muchos hogares más, y facilitar la atención de los niños por terceros, mediante arreglos para que los padres paguen por ese servicio o que lo hagan las empresas brindando facilidades para ello.En nuestro país desde el gobierno de don Rafael Angel Calderón se estableció el sistema de Hogares Comunitarios mediante el cual un grupo de familias pagan a una madre del vecindario para que cuide de sus hijitos mientras sus padres trabajan, sea durante toda la jornada, sea cuando salen de los cursos lectivos de los primeros años escolares. Este es un sistema de generación de empleo (las madres comunitarias) y de facilitación del trabajo fuera del hogar de las madres que envían al Hogar comunitario a los hijos. Frente a las limitaciones presupuestarias que impone la regla fiscal vale la pena revivir este sistema de ayuda mutua.

Segundo. -Promover la educación de los hombres para que asumamos una mayor cuota en las tareas hogareñas, para así poder liberar a las mujeres a tener menos costo en asumir trabajos fuera del hogar. Esto se puede realizar mediante campañas en el sistema educativo, pero mayormente mediante campañas publicitarias ejemplarizando la dedicación a esas tareas de figuras masculinas (“influencers”, deportistas, artistas, comentaristas, políticos). Entre nosotros todavía es muy bajo el tiempo que los padres dedican a las tareas de crianza, cocina, limpieza y otras tareas domésticas.

Tercero. -Establecer normas laborales que disminuyan a las mujeres el costo de oportunidad de laborar fuera de su hogar y promoviendo tareas que se puedan desempeñar desde sus casas gracias a la conectividad y a trabajos a destajo. Para lo primero son muy importantes las licencias de trabajo con pago antes y después de los partos.

Cuarto. -Flexibilizando los mercados laborales. Cada vez más las mujeres no necesitan escoger como una definición para toda su vida si trabajar o quedarse en el hogar para atender a sus hijos. Se ha tornado en una decisión que va cambiando con el transcurso de la vida familiar. La mujer pospone el nacimiento de sus hijos para iniciar una relación laboral. La puede interrumpir durante un tiempo cuando sus hijos están muy pequeños, y retornar a las tareas de trabajo fuera del hogar un tiempo después. También cada vez más se compatibiliza el poder trabajar y crear a los hijos simultáneamente, con la colaboración del padre y de las facilidades profesionales para su cuido. Pero estos cambios requieren mercados laborales flexibles.

Quinto. – Promoviendo la formación de mujeres en áreas STEM y privilegiando en el INA la formación de operarias en esas áreas y en actividades que requieren habilidades blandas. Estos son sectores de manufactura y servicios en los cuales la demanda por trabajadores está creciendo, y las mujeres tienen grandes aptitudes para prepararse y ser muy exitosas en ellos.

Por otra parte, hay que acelerar la inversión y el crecimiento de la producción en especial en los sectores que generan más empleos para mujeres.

No podremos tener éxito en esa tarea si no logramos aumentar la productividad y la innovación de los sectores público y privado y la administración de nuestro territorio.

Por eso además de focalizar en favor de las mujeres las políticas de generación de empleo, debemos 1) consolidar las finanzas públicas, mejorar la planificación del estado, la eficiencia de sus ejecuciones y su rendimiento de cuentas; 2) incrementar la innovación y la competencia en los mercados y 3) modernizar y hacer buen uso de la planificación urbana para evitar los costos innecesarios y la contaminación que causa el desorden en el uso de la tierra.

En lo específico en favor de la generación de empleo en favor de las mujeres:

Primero. – Dadas las nuevas corrientes del nearshoring y siguiendo el ejemplo de lo que ha logrado ya México en vestimenta y otros rubros, atraer inversión y promover exportaciones atrayendo empresas productoras de las maquilas con las que nos favorecimos en las décadas finales del siglo XX. Esta tarea sería adicional para CINDE y PROCOMER a su trabajo atrayendo empresas de alta tecnología y servicios. Es decir, atraer para zonas rurales y para personas con poca preparación, especialmente mujeres, maquilas de vestimenta y otras empresas similares productoras de bienes industriales sencillos que puedan ser competitivas sustituyendo importaciones que EEUU ahora hace de China.

Segundo. – Seguir adelante tratando de ingresar a la Alianza del Pacífico para poder expandir la exportación del tipo de bienes industriales que actualmente produce el país para su mercado interno y para el centroamericano. Estas empresas generarían puestos para los cuales el INA podría en plazos cortos preparar a las mujeres pobres que hoy no participan de la fuerza laboral.

Tercero. – Estimular la producción agrícola lo que se puede lograr promoviendo el aumento en productividad en ese sector de bienes que hoy día se producen principalmente para el mercado interno. Para ello es importante que el MAG se vuelva a fortalecer en las tareas de extensión agrícola como lo hizo en los sesenta cuando se formaron los Centros Agrícolas Cantonales sacando a los funcionarios de ese Ministerio de sus oficinas en San José, y como se hizo con el apoyo de CINDE y AID en los ochenta promoviendo cultivos nuevos como helechos, plantas ornamentales, fresas y otros bienes.

Cuarto. – Generar oportunidades laborales con el turismo rural con programas de información y dirigiendo en ese sentido la publicidad del ICT. Es ejemplar lo que Irlanda ha logrado por ejemplo en turismo rural y su relación con el sector agrícola. Hay iniciativas privadas a las que se puede con este fin dar apoyo tales como el Camino de Costa Rica para caminar por nuestras zonas rurales y las rutas ciclísticas que con esa misma finalidad se están construyendo con la iniciativa de Aventuras con Propósito.

Quinto. – Evaluar en el Sistema de Banca para el Desarrollo el apoyo que se esté dando a los proyectos productivos que generen trabajo que sea especialmente favorable para el empleo de mujeres.

Así como en los noventas creamos innovación en las políticas públicas con el INAMU, la Ministra de la Condición de la Mujer y las cuotas de participación de mujeres en política y logramos importantes avances que se han ido consolidando, ahora nos corresponde focalizar las políticas de atención a la pobreza y de generación de empleo en favor de las mujeres.


La República

Por Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. Economista (Ph.D.), Abogado y político costarricense. Fue Ministro Director de la Oficina de Planificación (1968) y Ministro de la Presidencia (1970), Diputado de la Asamblea Legislativa 1990-1994, período en que ejerció la Presidencia del Congreso, Expresidente de Costa Rica (1998-2002) y Ex Secretario General de la OEA.