Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.

El Informe de Política Monetaria (IPM) del BCCR de abril mejora los resultados económicos esperados para este año respecto a las estimaciones de enero. El crecimiento esperado del PIB para 2023 y 2024 pasa de la estimación del BCCR en enero de 2,7% y 3,5% a la de abril de 3,3% y 3,6% respectivamente.

Son resultados favorables y puede sorprender que se den en un mundo en el que las condiciones económicas no son muy satisfactorias y en un período en el cual más bien se ha deteriorado el crecimiento global esperado, que según las Perspectivas de la Economía Mundial del FMI de abril, baja de 2,9 a 2,8%

Pueden sorprender porque nuestro crecimiento se da fundamentalmente con base en el sector exportador. Y en este sector principalmente en los regímenes de comercio especiales, zona franca y perfeccionamiento activo.

Así el BCCR en el IPM de abril indica: “El crecimiento de la demanda externa de bienes se revisa al alza para el 2023 a 9,4% con respecto a lo estimado en el IPM de enero (5,5%) debido al creciente dinamismo de la demanda por bienes manufacturados del régimen especial, específicamente implementos médicos (válvulas cardiacas, catéteres), toda vez que las exportaciones de productos manufacturados del régimen definitivo se contraen.”

Respecto a las exportaciones de servicios su crecimiento y su esperado aumento en las estimaciones de abril para llegar a 7,9%, también se origina principalmente en los regímenes especiales, pues en su revisión el BCCR más bien disminuye el crecimiento esperado del turismo, que considera aún no llegará este año a los niveles previos a la pandemia.

¿Cómo aumenta nuestra exportación de bienes y servicios a una economía mundial que más bien disminuye su crecimiento?

La respuesta en dos circunstancias.

Por una parte, con relación a nuestros principales socios comerciales ese menor crecimiento esperado no se da. Más bien según las Perspectivas de abril del FMI el crecimiento de nuestros principales socios comerciales aumentará de 1,7 a 2%.

Por otra parte, las exportaciones que crecen aceleradamente son las de los regímenes especiales. Dice el IPM de abril: “Las exportaciones crecerían a una tasa promedio interanual de 9,5%, lideradas por la expansión de los regímenes especiales (14,7% en promedio), en contraste con el menor crecimiento del régimen definitivo (1,0% en promedio para el bienio, que se compara con 4,6% en el 2022)”

En este caso disfrutamos de la ventaja de nuestra capacidad de atracción de inversión directa extranjera, que nos ha colocado en el primer lugar en América Latina con relación al tamaño de nuestra producción. Además, por supuesto de las consecuencias de los cambios geopolíticos que hacen atractiva la inversión para generar exportaciones hacia el país de origen de la inversión desde países cercanos (near shoring) y amigos (friendly shoring). Nuestra posición geográfica y nuestras realidades político-culturales nos vuelven atractivos en estas circunstancias, y no debemos desaprovecharlas. Lo que hace extremadamente importante que el cambio que el gobierno está efectuando en nuestro sistema de atracción de inversiones no desmejore nuestra posición.

Los datos del IMAE de marzo y de la inflación de abril publicados con posterioridad al IPM de abril fortalecen las conclusiones del BCCR respecto a un mayor crecimiento de la producción en este año y a una menor inflación. Incluso auguran posibles resultados tanto en crecimiento como en inflación aún más favorables.

Lo más positivo de esta situación es que se da un aumento en las posibilidades de consumo de los hogares, a la par de un aumento en la producción que aún es a un nivel bajo para generar el crecimiento que en nuestro estadio de desarrollo económico requerimos para bajar la pobreza y para satisfacer las justas aspiraciones de las personas de clase media.

En efecto nos favorece que se da también un cambio en nuestro favor en los términos de intercambio, motivado por un esperado descenso en el precio promedio en 2023 y 2024 de los combustibles, y de otras importaciones. Esto significa una mejora en nuestra relación de compra con el exterior, aumenta el poder de compra de cada dólar que exportamos.

Adicionalmente la muy rápida disminución de la inflación y la revaloración del colón que se ha dado permiten que aumente el ingreso de las familias y su capacidad de consumo.

En años anteriores los términos de intercambio hacían que el ingreso disponible de las familias creciera bastante menos al aumento del PIB, porque perdíamos poder de compra de las exportaciones por el aumento en el precio de los fletes, los alimentos, los fertilizantes y los hidrocarburos.

Dice el IPM de abril: “Las proyecciones contemplan un aumento del ingreso nacional disponible bruto en volumen de 3,0% y 3,8% en el 2023 y 2024, respectivamente, asociado en el primer año a la evolución del PIB y a una ganancia por términos de intercambio de 1,8% (0,5% en el IPM de enero). En el 2024 el resultado del ingreso disponible sería consecuencia del mayor crecimiento de la actividad económica, combinado con el efecto contrario de un mayor pago de rentas al exterior (pago de intereses sobre la deuda pública externa e inversión directa) y una ganancia de 0,5% (deterioro de 0,2% en el informe pasado) en la relación de precios de intercambio.”

Esto se traduce en un aumento esperado en el consumo de los hogares. “Se estima un crecimiento para el 2023 y 2024 de 3,2% y 3,8%, respectivamente. La proyección del consumo privado fue revisada al alza en comparación con el informe de enero (2,5% en el 2023 y 3,1% en el 2024)”

Esto resulta en un aumento del consumo de los hogares similar al de 2022 aunque el crecimiento del PIB sea un punto porcentual menor.

El mayor problema para el bienestar sigue dándose en el bajo nivel de la ocupación, y se relaciona con el practico estancamiento de la producción del régimen comercial definitivo.

Según la última Encuesta Continua de Empleo el total de personas ocupadas en marzo de este año era menor a las ocupadas en marzo de 2020, el primer mes ya afectado por la pandemia. Había este año 110072 personas menos con empleo que hace tres años. Eso no toma en cuenta el crecimiento de la población que haría mucho mayor el número de puestos de trabajo perdidos.

Ello vuelve a hacer patente la urgente necesidad de reactivar nuestra economía tradicional.

Ello demanda, por una parte, acciones que generan demanda por trabajadores tales como asistencia técnica a las actividades agropecuarias, apertura de mercados para nuestras exportaciones de la industria dirigida al mercado local y al centroamericano, infraestructura, vivienda, turismo, inmigración de personas capacitadas para las que hay demanda por su trabajo para que propicien empleo de las personas locales con capacidades complementarias, y claro aumentar la productividad y la innovación en los sectores del régimen comercial definitivo.

Por otra parte, las acciones que generen empleabilidad tales como capacitación laboral, enseñanza técnica, enseñanza del inglés, ampliar la red de cuido de los niños.

Para el bienestar de las personas este año se proyecta mejor a lo que esperábamos: mayor crecimiento del PIB, menor inflación, crecimiento del ingreso disponible y del consumo de los hogares.

Pero no es suficiente. Estamos lejos de recuperar el nivel de ocupación de hace tres años. Los salarios reales bajaron un 6% en el año concluido en febrero.

Así no vamos a lograr disminuir sustancialmente la pobreza ni a satisfacer las justas aspiraciones de los trabajadores y sus familias.

Debemos reactivar el régimen definitivo para generar mayor nivel de ocupación y salarios crecientes.

En La República

Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Por Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. Economista (Ph.D.), Abogado y político costarricense. Fue Ministro Director de la Oficina de Planificación (1968) y Ministro de la Presidencia (1970), Diputado de la Asamblea Legislativa 1990-1994, período en que ejerció la Presidencia del Congreso, Expresidente de Costa Rica (1998-2002) y Ex Secretario General de la OEA.