Miguel Ángel Rodríguez EcheverríaEconomista (Ph.D.) Abogado.

Tuve oportunidad de viajar a República Dominicana para participar en las actividades con las que se estableció en ese querido país la Academia de Líderes Católicos (ALC).

De esta manera la Academia está ya operando en 10 países de América Latina, en EEUU y en España.

La ALC se creó en Chile en 2006 por la iniciativa de un joven mexicano José Antonio Rosas, Licenciado en Ciencias Políticas y Magister en Gestión y Políticas Públicas que es su Director General; quien fue apoyado y respaldado por el Cardenal chileno, Jorge Medina Estévez, quien fue Prefecto de Culto Divino de la Santa Sede.

Su misión es la formación de una nueva generación de líderes católicos que transformen la realidad política, social y económica con la ayuda de la Doctrina Social de la Iglesia.

Opera estableciendo en diversas diócesis, de la mano de su respectivo obispo, Escuelas de Doctrina Social de la Iglesia.

No se trata de promover partidos católicos. Se trata más bien de promover la formación de líderes políticos católicos en los diversos partidos políticos, y en diversas actividades sociales.

Se trata de ayudar a mujeres y a hombres, ya en función pública o tratando de estarlo para que a partir de la experiencia cristiana desarrollen su vocación política.

Se trata de formar líderes desde una perspectiva católica, arraigados en la fe de la Iglesia, para transformar el mundo social, político y económico a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia.

Y se hace bajo la guía y con el apoyo de los obispos diocesanos.

La ALC con la incorporación de la Diócesis de San Francisco de Macorís ubicada en el interior de la República Dominicana está presente en 39 diócesis, en las que ha formado más de 12 mil dirigentes en actividades nacionales y a 581 alumnos de 18 países en cursos internacionales presenciales. Además, en actividades virtuales han participado más de 35.000 personas de 71 países de América, Europa y África. Cuenta la ALC con 433 docentes y expositores.

Para desarrollar sus tareas, en la ALC opera un Comité Académico Internacional que elabora y actualiza los programas de formación, velando por su ortodoxia y su pertinencia pedagógica y didáctica para la realidad concreta que vivimos. Este Comité está integrado por intelectuales católicos reconocidos internacionalmente, en plena comunión con la Iglesia, con una mirada eclesial universal, con experiencia docente, y plurales en sus sensibilidades eclesiales, culturales y profesionales.

En todas sus actividades la ALC mantiene absoluta fidelidad con la Santa Sede y promueve las enseñanzas del Papa Francisco y sus antecesores. Con la guía de la Encíclica Fratelli Tutti promueve la amistad social y la cultura del encuentro entre mujeres y hombres líderes con diversas concepciones políticas. Se ha constituido una red de dirigentes católicos con responsabilidades políticas que incluye a más de 200 personas y una red de mujeres líderes católicas con casi 600 integrantes.

En la República Dominicana el Obispo Monseñor Alfredo de la Cruz titular de la Diócesis de San Francisco de Macorís que es un connotado académico y gran pastor aceptó ser el referente de la ALC para República Dominicana, y en su diócesis la Universidad Católica Nordestana dirige la Escuela de Formación en Doctrina Social de la Iglesia.

El lanzamiento de la ALC en esa diócesis se dio con asistencia de más de 300 personas, incluyendo dirigentes políticos y aspirantes a cargos públicos nacionales y regionales. Además del Obispo de la Cruz, participaron el Obispo de la Diócesis de La Altagracia Monseñor Jesús Castro, la Vicepresidenta de República Dominicana Raquel Peña, el Ministro de Industria y Comercio y Mypimes Ito Bisonó y Presidentes de varios partidos políticos dominicanos.

En nuestro país la ALC ha efectuado cursos de formación en la Arquidiócesis de San José y en la Diócesis de Ciudad Quesada, y tiene importantes vínculos con la Universidad Católica Anselmo Llorente y La Fuente. De igual manera lo hace con otras 28 Universidades Católicas incluyendo ahora la Universidad Católica Nordestana. Estas universidades certifican diversos cursos de la ALC.

Vivimos un cambio de época en el cual muchas de nuestras esferas de acción experimentan muy rápidas transformaciones. Cambios en los roles de las personas en la familia, en la vida social, en el trabajo, en sus relaciones con la comunidad, en sus maneras de obtener y dar información, en su enraizamiento con sus comunidades, en las tecnologías a su disposición. Cambios en la vida política. Los partidos políticos pierden o disminuyen su capacidad de armonizar los intereses de diversos grupos en una visión conjunta de bien común, y se fragmentan y multiplican. La desigualdad se ha incrementado lo mismo que la realidad o la percepción de la corrupción y los errores de los demás. Son tiempos de insatisfacción, radical individualismo e indiferencia. Se debilita en muchas personas la fe y la confianza. Ante tantas y tan rápidas transformaciones aumenta la incertidumbre, surgen el temor, la frustración, el enojo.

En estas circunstancias es aún más importante y urgente la formación de líderes católicos, que promuevan en cada diócesis el compromiso con el bien común, con la fraternidad, con la opción preferencial por los pobres, con la defensa de la casa común, con el progreso compartido por todos, basado en el conocimiento y la generación de oportunidades.

En Costa Rica la Iglesia Católica y la cultura cristiana tienen una larga y brillante tradición desde los inicios de nuestra vida republicana de colaborar decisivamente con esa finalidad.

Con la inspiración del Papa San Pablo VI y del Concilio Vaticano II el Arzobispo Carlos Humberto Rodríguez Quirós fundó la Escuela Social Juan XXIII que tuvo gran impacto en armonizar las relaciones obrero-patronales, y la Comisión Justicia y Paz de la que tuve el honor de ser de sus primeros integrantes.

Escuelas de Formación en Doctrina Social de la Iglesia bajo el auspicio del señor obispo de cada diócesis y con el apoyo de la ALC pueden ser un valioso instrumento para fortalecer esa rica herencia religiosa y cultural costarricense, como con la gracia de Dios lo hacen ya en tantos lugares.