Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.).

La mayor gravedad de la guerra que Putin ha desatado en Ucrania es la cruel e innecesaria muerte de civiles y de militares y la destrucción de los esfuerzos de miles de familias que por muchas generaciones han luchado por vivir con mayor bienestar y construir un mejor futuro. Pero, además, este innecesario e injusto sacrificio de cientos y posiblemente miles de personas tendrá efectos muy negativos y duraderos para buena parte de la humanidad.

Cada día es más evidente para una mayor porción de los humanos que la violencia no tiene nunca justificación, salvo en la proporcionada defensa de la propia vida. Por eso creo que Occidente debió ser más receptivo a la necesidad de asegurar a Rusia la posibilidad de que Ucrania -al estilo de Finlandia- desarrollara una política de neutralidad frente a sus preparaciones para enfrentamientos militares. Ciertamente las políticas de apaciguamiento ante Hitler antes de la Segunda Guerra Mundial justifican la renuencia de muchos a comprometerse a no aceptar en la OTAN a Ucrania. Pero si ya se había renunciado a intervenir en la lucha en defensa de Ucrania -lo que creo oportuno para evitar los riesgos de una confrontación entre potencias nucleares- ¿qué justifica no haber buscado una solución que tomase en cuenta la diferenciada composición étnica, cultural y religiosa de la población ucraniana y los intereses estratégicos tanto de Rusia como de la UE, el Reino Unido y los EEUU? ¿Será que desdichadamente en esta ocasión de nuevo se aplica la lapidaria afirmación atribuida -aunque no es original de él- al Presidente de la Cámara de Representantes de EEUU Tip O’Neill de que “Toda política es política local” y que por consiguiente de lo que se trata es de buscar el favor de los electorados nacionales?

Claro que la renuencia de EEUU y Europa a seguir esa vía en nada justifica la abominable y criminal embestida armada contra Ucrania, unilateralmente decidida y ejecutada por el ejército ruso. De las muertes, la destrucción y los efectos de esta guerra en la economía y el bienestar mundial el responsable es Putin y su oligarquía despótica que gobierna Rusia.

¿Cómo nos afectará a los costarricenses amantes de la paz, desarmados, y cultivadores de la democracia, el estado de derecho, la libertad, la fraternidad y la justicia esta perversa guerra?

Además de que viviremos un mundo menos seguro y con mayor amenaza de una hecatombe nuclear también sufriremos perjuicios económicos y sociales.

The Economist el pasado viernes indicó: “Las consecuencias globales inmediatas serán una mayor inflación, un menor crecimiento y algunas disrupciones de los mercados financieros por la aplicación de sanciones más fuertes. A más largo plazo se sufrirá un mayor debilitamiento de las cadenas internacionales de producción y de la integración de los mercados financieros que han venido dominando la economía mundial después del colapso de la Unión Soviética en 1991”

Rusia es un productor y exportador de materias primas muy importantes para la economía mundial. Entre esos bienes se encuentra gas, petróleo y varios metales muy necesarios para la manufactura como aluminio, níquel, paladio. También junto con Ucrania es un importante proveedor de granos para el consumo mundial. Los precios de esos bienes vienen aumentando desde el año pasado por los efectos sustitutivos entre bienes y servicios causados por la pandemia, y ya se ha acelerado su incremento. La guerra también posiblemente interrumpirá la oferta de esos bienes afectando la producción y el consumo globales. Estos aumentos de precios podrían ser aún mayores como consecuencia de las sanciones a Rusia en sus exportaciones y actividades financieras y también por las represalias restringiendo sus exportaciones de materias primas que imponga Rusia. Lo podría hacer si considera que el aumento de precios compensará la disminución en las cantidades comerciadas. Nosotros ya venimos padeciendo el aumento de esos precios y ahora el efecto negativo será aún mayor perdiendo más a lo que se esperaba en el poder de compra de nuestras exportaciones. No solo se afecta el posible crecimiento del PIB este año por la ruptura de las cadenas de valor internacional y un menor crecimiento de nuestros principales socios comerciales, sino que decrece en mayor medida el Ingreso Nacional Disponible limitando aún más el consumo y el ahorro de los costarricenses, y de esa manera afectando el bienestar presente y el crecimiento futuro.

Las restricciones financieras impuestas a Rusia hasta la fecha no pronostican gran efecto sobre las finanzas internacionales, porque ese país se ha venido preparando después de la invasión a Crimea disminuyendo su comercio en dólares y buscando mayor financiamiento en China. Pero esas restricciones unidas al aumento en la inflación llevarán a mayores tasas de interés lo que ya nos está afectando en las cotizaciones de nuestra deuda externa y puede encarecer aún más el crédito necesario para financiar el déficit fiscal, e incluso podría afectar la inversión directa extranjera si la caída en el crecimiento de EEUU y Europa fuese grande.

Si ya era necesario andar con pies de plomo en la conducción de nuestras políticas fiscal y monetaria, la Guerra en Ucrania hace aún más importante actuar con gran responsabilidad y previsión en esos campos.

Este es un nuevo llamado que la realidad hace a los dos candidatos presidenciales y a sus equipos de trabajo.


En La República

Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Por Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. Economista (Ph.D.), Abogado y político costarricense. Fue Ministro Director de la Oficina de Planificación (1968) y Ministro de la Presidencia (1970), Diputado de la Asamblea Legislativa 1990-1994, período en que ejerció la Presidencia del Congreso, Expresidente de Costa Rica (1998-2002) y Ex Secretario General de la OEA.