Miguel Ángel Rodríguez: Las instituciones estatales son para servir a las personas

Es hora de recordar que el ICE es para dar servicio a los ciudadanos. Los ciudadanos no son para servir al ICE. Ojalá los cientos de candidatos en esta brega electoral tengan el valor de ser defensores del pueblo y no de prejuicios institucionales.

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Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.).

Las instituciones se hicieron para las personas no las personas para las instituciones.

Tuvimos Lorena y yo el gusto de presenciar Henrietta El Musical, la extraordinaria producción de Steve Aronson sobre la vida de doña Henrietta Boggs, nuestra Primera Dama durante la Junta de Gobierno presidida por don Pepe en 1948-1949.

En una escena don Pepe justifica su dedicación tan absorbente a la vida pública que terminó en el divorcio del matrimonio diciendo a Henrietta: Voy a fundar el ICE.

Tan importante como eso es el ICE en nuestra historia y en el colectivo nacional. Fue ante su esposa la justificación de don Pepe para su dedicación total a la política.

Y fue una magnífica decisión establecerlo.

El ICE nació de una enorme necesidad de nuestro país que sufría un muy pobre servicio de electricidad. Se creo con una muy clara misión que ha contribuido de manera muy sustancial al progreso del país: generar electricidad barata para ofrecerla a todos los hogares, a todas las empresas y actividades del país. Difícilmente podemos pensar en nuestro desarrollo en la segunda mitad del siglo XX sin el ICE. El ICE efectivamente cumplió su cometido. Desde hace años se genera electricidad inicialmente con recurso hídrico, y luego con viento y energía volcánica, utilizando poca cantidad de hidrocarburos, y se distribuye en todos los rincones del país. Ya hace 22 años la generación era 98% limpia.

Después para mejorar el servicio telefónico se le asignaron las telecomunicaciones al ICE.

Fue también un cambio maravilloso. Ya no se necesitaba invertir horas esperando en un teléfono que una operadora nos pidiera a qué número queríamos llamar, ni requeríamos engatusarla verbalmente para que no nos cortara la llamada, ni teníamos que vivir las congojas de quienes compartían el número de teléfono con otra familia que le agregaba a los cuatro dígitos numerales la letra j y podían oírse mutuamente las llamadas. El sistema era tan intromisivo que a quién tenía una relación sentimental con una persona casada se le llamaba entonces la j.

Pero los tiempos fueron cambiando, las tecnologías experimentaron cambios vertiginosamente acelerados, el aparato estatal se fue complicando con nuevas atribuciones, la crisis de inicios de los ochenta atrasó la capacidad de atender las nuevas demandas y se hacía necesario realizar cambios para lograr que otras fuentes de capital y de innovación colaboraran competitivamente en la provisión de electricidad y en la prestación de las nuevas y demandantes telecomunicaciones. Igual ocurría con la venta de seguros, monopolizada por el estado desde finales de los años veinte del siglo pasado.

Por eso en la campaña para las elecciones de 1998 en el Programa de Gobierno con el que ganamos las elecciones propusimos la apertura de los monopolios estatales de electricidad, telecomunicaciones y seguros, y además la venta en licitaciones públicas competitivas del Banco de Costa Rica, el INS, BICSA y FANAL. La idea era ordenar el espectro electromagnético dejando su manejo en manos del gobierno que además podría concesionar bandas para los diversos servicios y abrir a la competencia la telefonía celular. Liberar la producción de electricidad mediante pago a los distribuidores por el servicio de sus redes y con un ente independiente que ordenara en cada momento la electricidad de cual productor entraba al servicio. Y privatizar el INS ya sin monopolio. De esta manera se garantizaba a los usuarios las ventajas de poder escoger entre ofertas de servicios de diferentes proveedores y la mayor innovación que esa competencia genera. Además, se ahorrarían recursos del estado al no tener que prestar él solo esos servicios, y con las ventas de esos entes y la concesión de bandas se generarían nuevos recursos al gobierno. Con esas dos fuentes de fondos se planteaba financiar el acceso de todos a las telecomunicaciones, y aumentar significativamente la inversión en infraestructura vial, educativa, carcelaria y en aumentar y mejorar la oferta educativa y los servicios del gobierno.

Después de casi dos años de gobierno, de haber obtenido apoyo para estos cambios en la Concertación Nacional y de tener aprobado en primer debate el primero de los proyectos para cumplir con esos objetivos, se engañó a los ciudadanos y en especial a estudiantes de secundaria y universitarios, diciéndoles que se trataba de vender el ICE: una enorme mentira. Así se los lanzó a las calles. Se perdió el apoyo de la oposición y los proyectos se tornaron una imposibilidad política, y tuvimos que dejarlos de lado.

Años después con la aprobación del Tratado de Libre Comercio con EEUU, Centroamérica y República Dominicana se logró la apertura en telecomunicaciones y en seguros con magníficos resultados. Pero no se recuperó en manos del gobierno el espectro electromagnético ni se dio la apertura en electricidad.

Hoy el ICE de ser una gran solución al servicio de los ciudadanos aparece como un obstáculo para el progreso. La electricidad es muy cara, se impide la producción distribuida para facilitar la generación de energía solar barata por hogares y empresas pequeñas y medianas, no se ha querido rendir cuentas con los criterios contables internacionalmente aceptados, y se retiene sin uso la porción del espectro electromagnético indispensable para no quedarnos sin acceso a las telecomunicaciones 5G.

Esas acciones ponen en grave peligro el crecimiento económico y la generación de empleo, la innovación tecnológica, la posibilidad de facilitar acceso a Internet y a las infocomunicación a toda la población y el programa de descarbonización que depende de la generación de mucha electricidad barata.

Es hora de recordar que el ICE es para dar servicio a los ciudadanos. Los ciudadanos no son para servir al ICE.

Ojalá los cientos de candidatos en esta brega electoral tengan el valor de ser defensores del pueblo y no de prejuicios institucionales.


Publicado originalmente en La República

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