Miguel Ángel Rodríguez: Ser conscientes del crecimiento económico es reciente

No debemos ni desesperar ni sentirnos frustrados. Además de que podemos y debemos crecer más rápido con eficiencia y defendiendo la preservación de la naturaleza, estamos partiendo de una tasa esperada de crecimiento relativamente rápida.

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.

La larga historia del hombre en la tierra se dio con cambios muy lentos.

Varias centenas de miles de años después del inicio de las migraciones del homo sapiens desde África, al llegar la edad de la agricultura unos 10.000 años A.C. se calcula que habitarían la tierra apenas un millón de personas.

El crecimiento de la población y de sus capacidades productivas, o tal vez mejor decir de las capacidades productivas y de la población, a pesar de arrancar con un casi imperceptible ritmo, se fue acelerando. Pero fue muy lento, casi imperceptible por muchos milenios más.

Es muy diferente el concepto de crecimiento que hoy tenemos en nuestros modelos mentales del que tenían nuestros antepasados. Hoy lo esperado es el crecimiento. Y lo esperamos a la velocidad que hemos venido experimentando. Esto que nos parece la norma, es muy anormal en la historia de la humanidad.

Antes de la revolución industrial el crecimiento de la producción o su caída estaban fundamentalmente determinados por la población y los recursos naturales. Se vivía tan cerca del nivel de subsistencia que imperaba una trampa malthusiana: si la población crecía inicialmente la producción también aumentaba, pero si crecía mucho y los recursos naturales estaban fijos operaban los rendimientos decrecientes del trabajo, y venían hambrunas y pestes, y la población disminuía. Con la disminución de la población cambiaba la relación población recursos naturales y aumentaba la productividad marginal, y la población y producción crecían hasta que la población volvía a disminuir.

Del año 10.000 antes de Cristo al 500 también AC la tasa anual de crecimiento de la población fue del orden de 0,05% anual. Este bajísimo ritmo de aumento es muchas veces mayor al de los milenios anteriores.

Escojo ese período porque el siglo V antes de Cristo es un tiempo de importantes transformaciones en Occidente y en Oriente que aceleran la producción después de la época agrícola. Para dar una idea de los cambios en la velocidad voy a referir los cambios en la población mundial a la tasa de crecimiento de ese segmento de la historia.

En los siguientes 5 siglos la tasa de crecimiento de la población fue casi tres veces mayor, aunque siempre muy baja para los ojos acostumbrados al crecimiento de los últimos siglos. La producción permitía a muchas más personas habitar nuestro planeta.

Pero del inicio de la era cristiana hasta el año 1000 la tasa de crecimiento de la población se redujo drásticamente volviendo a un nivel similar al que predominó antes del siglo V AC.

Ya en la alta edad media el crecimiento vuelve a acelerarse y del año 1000 al 1500 es dos veces el de la etapa agrícola. No se logra recuperar el ritmo de los cinco siglos antes de Cristo. Para el año 1500 se estima que la población mundial fue de unos 438 millones.

En el primer milenio hay dos períodos divididos por la caída del Imperio Romano. Antes de esa caída la tasa de crecimiento de la población debe haber sido similar a la de los cinco siglos antes de Cristo. Luego se da una importante disminución de la población. Eso nos lleva a la conclusión de que en los mil años posteriores a la caída del Imperio Romano la población no creció, claro con épocas de crecimiento y con otras de disminución como la causada por la peste negra.

En el siglo X si alguien se dormía y despertaba cien años después apenas si podría notar alguna diferencia. El crecimiento era muy lento. No estaba integrado en el modelo mental con el cual las personas asimilaban la realidad que las rodeaba.

Pero las cosas empiezan a cambiar.

De 1500 a 1700 se vuelve al nivel de crecimiento de la población de los cinco siglos antes de Cristo, o sea tres veces más rápido que en la época agrícola.

De 1700 a 1820 antes de que se acelere la Revolución Industrial el crecimiento es nueve veces más rápido que en los 10 milenios antes de Cristo.

La aceleración se sigue intensificando.

De 1820 a la Primera Guerra Mundial la tasa de crecimiento de la población es 12 veces la de los milenios agrícolas. Luego desde la Primera Guerra hasta mediados del siglo XX es 19 veces mayor y explota a 34 veces en la segunda mitad del siglo pasado.

En este siglo se reduce, pero sigue siendo 21 veces mayor.

A partir de la revolución industrial la concepción del crecimiento cambió.

Primero por la importancia de la inversión y la acumulación de capital. Con un crecimiento más rápido del capital la productividad del trabajo aumentaba.

Luego se aceleró el crecimiento por la innovación y el aumento de la productividad. Hace unos 70 años nace la idea de la productividad total de los factores, que mide el aumento de la producción que se da en adición al causado por incremento del capital y del trabajo.

Ahora la población puede crecer, la pobreza puede disminuir, el consumo de las familias que no están en pobreza puede aumentar. Hasta hace poco más de un siglo era inconcebible la idea de que la pobreza se podía abatir.

El crecimiento es ahora lo esperado, y con ello cambiaron nuestros modelos mentales y nuestra concepción de la realidad.

Con la aceleración del crecimiento económico el mundo ha experimentado cambios antes inimaginables.

En el año 1000 las personas en las diversas regiones del mundo vivián similares niveles de pobreza. Con el crecimiento la pobreza disminuyó en todas partes, pero la desigualdad entre países y dentro de los países aumentó muchísimo.

También aumentaron la expectativa de vida, los niveles de educación, las posibilidades de consumo, y disminuyó inmensamente la mortalidad infantil.

Todavía hay mucha pobreza y carencia de bienes básicos en el mundo. Por eso debemos actuar para crecer más y así poder mejor disminuir la pobreza y aumentar la capacidad de consumo de la población. Así lo comenté en mi reciente artículo aquí en La República “Enfrentamos un crecimiento mundial lento”, al reflexionar sobre la notica de que el crecimiento decrece y que en esta tercera década del siglo XXI la tasa de crecimiento potencial el PIB es más baja que en las dos anteriores.

Pero no debemos ni desesperar ni sentirnos frustrados. Además de que podemos y debemos crecer más rápido con eficiencia y defendiendo la preservación de la naturaleza, estamos partiendo de una tasa esperada de crecimiento relativamente rápida.

La tasa estimada por el Banco Mundial de crecimiento para el PIB para esta década de 2,2% anual con un crecimiento de la población de 0,84% anual nos implica una tasa de crecimiento del PIB per cápita de 1,16%, que de conformidad con los cálculos de Angus Maddison es 22 veces mayor a la que prevaleció del año 1000 a 1820, antes de la aceleración de la revolución industrial.

En La República

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