Miguel Ángel Rodríguez: Ser empresario en el siglo XXI, en un cambio de época

Confiados en que siempre podemos ser mejores, cada uno de nosotros y todas las personas, con nuestras acciones lo conformaremos para bien de la humanidad.

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Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.) Abogado.
Comparto con ustedes mii discurso el pasado 19 de agosto, en INCAE en la Cena de Gala del Programa de Alta Gerencia.

Vivimos no una época de cambios, … vivimos un cambio de época.

Es una afirmación temeraria, pero me la permito. Con mis 82 años de edad y con lo que tarda en definirse un fenómeno de esta magnitud, es muy difícil que yo viva para verla rebatida.

, vivimos un cambio de época como el que se dio con la caída del Imperio Romano, o con el Renacimiento, o con la gradual implementación de la Monarquía Parlamentaria Inglesa, la Independencia de EEUU y la Revolución Francesa.

Como ya podemos observar esos tiempos con la perspectiva histórica de los años transcurridos y conociendo los efectos que entonces se dieron, podemos apreciar la inmensidad de las transformaciones que esos cambios de época produjeron. Y lo difícil que fue asimilarlos.

Pasar del mundo occidental centrado en Roma, su ley, sus ejércitos, sus emperadores, sus carreteras y acueductos, su religión, a una Europa dividida en cientos de feudos, separados y a menudo combatiendo entre sí fue una transición dramática que tardó siglos en consolidar el sistema feudal europeo. Pasar de un conocimiento basado en los aportes construidos en la antigüedad y en el monopolio de la religión al humanismo renacentista y a la ciencia basada en hechos fue una experiencia signada por guerras. Consolidar en América la democracia demandó la Guerra de Secesión, y Francia para llegar a la democracia pasó por el terror y la guillotina, el Imperio y las Guerras de Napoleón, la restauración de los borbones y Napoleón III.

Cuando se vive un episodio de este tipo es muy difícil saber sí de verdad se está dando, y no que uno simplemente exagera las complejidades que a todos siempre nos toca vivir. Solo con perspectiva histórica -años después- se puede verificar que se estaba viviendo un cambio de época.

Pero los cambios que se han acumulado en las últimas décadas son tan grandes, y nuestra dificultad para adaptarnos a ellos es tan manifiesta, que me atrevo a plantear a Uds esta temeraria afirmación.

Me corro el riesgo de plantearla porque si es cierta tiene enormes consecuencias para definir el resultado de las acciones que se tomen en la conducción de nuestras vidas, de nuestras naciones, de nuestras empresas.

Nos dijo en su bello uso de la lengua española el filósofo José Ortega y Gasset “Yo soy yo y mis circunstancias”. Igual podemos decir “Costa Rica es Costa Rica y sus circunstancias” y “Mi empresa es mi empresa y sus circunstancias”

Vivimos en un mundo cuyas circunstancias han cambiado profundamente, y lo siguen haciendo con relampagueante velocidad.

  • Cambios tecnológicos cada vez más acelerados.
  • Cambios en las relaciones familiares, personales, empresariales, sociales, políticas, internacionales.
  • Cambios que se dan en como vivimos y en que podemos hacer, pero a cuyos efectos no nos hemos ajustado.
  • Cambios que se han dado en nuestros medios e instrumentos, en nuestras leyes y prácticas, …pero que no se han dado todavía en nuestro acervo cultural y no sabemos todavía cómo interiorizar, como domar, como aprovechar.

Los resultados de nuestras acciones dependen de las circunstancias en las que las tomamos, y de las circunstancias que se vayan dando en el proceso de su ejecución y maduración. El resultado de la acción humana depende del “estado de la naturaleza” que prevalezca.

El agricultor puede preparar bien la tierra, sembrar buena semilla, y cultivar su campo con esmero. Pero la cosecha también depende del clima que acompañe su crecimiento, y el resultado económico está sujeto a las condiciones que prevalezcan en el mercado cuando sea el tiempo de su venta.

Como somos radicalmente ignorantes en medio de la arrogancia de nuestro conocimiento, los “estados de la naturaleza” son inciertos. A lo más que podemos aspirar es a poseer un estimado de las probabilidades de que se produzcan los diferentes eventos.

Por eso las decisiones personales y empresariales importantes requieren del análisis y de la evaluación de las “circunstancias”.

Esto siempre demanda un sexto sentido, una intuición que pueda utilizar lo mejor del conocimiento para que sea una intuición informada, seria, sustentada… Pero será siempre una intuición incierta.

Si vivimos un cambio de época, el análisis de las circunstancias es aún más importante y difícil.

¿Por qué hablo de un cambio de época?

Veamos algunos cambios que vivimos.

Mujer y Familia

El cambio del rol de la mujer es posiblemente el más impactante de los cambios que hemos vivido en el último siglo.

Asimilar ese cambio toma tiempo. No es poca cosa para mujeres y para hombres aprender a vivir con una mujer igual en derechos civiles, políticos y en estatus con el hombre y con una familia en que padre, madre, hijos tienen derechos.

El cambio fundamental de la participación de la mujer en la vida de la sociedad ha tenido un extraordinario impacto en su participación política, en su participación en las empresas, en su participación cultural y en la transformación misma de la concepción de la familia.

De una familia jerarquizada, en la cual el padre de la familia imponía y definía, estamos pasando a una conceptualización de la familia como un lugar de distintas personas con derechos, una familia democrática …Derechos de la mujer, derechos de los niños. Quién lo hubiera dicho hace 40 años.

Empresa

El siglo XX nos dio la gran empresa jerarquizada, con grandes aportes de capitales, totalmente triangular en su organización, con decisiones de unos pocos y con muchos niveles de control de la operación, para que los operarios llevaran adelante las ideas. Se estableció toda la teoría de la administración empresarial alrededor de esta concepción.

Hoy vivimos una organización empresarial distinta.

Predominan los grises en que se mezclan decisiones y operaciones. El CEO opera su computador, realiza tareas. El obrero participa en círculos de calidad, en la toma de decisiones y en la sugerencia de cambios. Ese achatamiento del triángulo empresarial tiene que ver con la nueva primacía del conocimiento como instrumento fundamental de la producción.

Tecnología

El cambio tecnológico es más que el avance de la informática y la computación. Tampoco es solo la 4a Revolución Industrial con nanotecnologías, neuro tecnologías, robots, inteligencia artificial, biotecnología, sistemas de almacenamiento de energía, drones, impresoras 3D y la generalización del Internet de las cosas.

Es la velocidad con la que se produce estos nuevos conocimientos, es la rapidez con la que se generan maneras de utilizar estos nuevos instrumentos en la producción y en la vida diaria de las personas.

Una velocidad que agobia y desubica.

Estado y política

Cuando cayó el Muro de Berlín la tecnocracia se vistió con una coraza de soberbia creyéndose poseedora de todas las soluciones. Vivíamos entonces la ilusión del “fin de la historia.” Sobre los temas de fondo habría acuerdo en el mundo occidental.

Muchos estábamos extasiados, jubilosos del triunfo de la democracia,    el estado de derecho,    la libertad,    los derechos humanos,    una globalización pacífica    y el comercio internacional reglado.

Vivíamos entonces una extraordinaria ola democrática. De unas 35 democracias en el mundo en los setenta del siglo XX pasamos a más de 110 a inicios de este siglo. En los ochenta había 3 democracias en América Latina. Al cambio de siglo solo Cuba no era un país democrático.

Terminó la Guerra Fría. El mundo aceleró su desarrollo tecnológico. Disminuyó vertiginosamente la pobreza y se dieron avances extraordinarios en educación, derechos de las mujeres, respeto a las minorías, disminución de la mortalidad infantil y aumento en la expectativa de vida.

Se multiplicaron las democracias.

A pesar de las numerosas guerras que sangraban la tierra, vivimos entonces la época con menos violencia bélica.

Pero a la vuelta de la esquina la historia y la naturaleza humana mostraron sus complejidades y con la Gran Recesión surgió el descontento.

  • El aprecio por la democracia cae año con año,
  • la globalización y las instituciones internacionales pierden adeptos,
  • los ciudadanos desconfían de las élites a las que consideran indiferentes a su bienestar,
  • los valores se desvalorizan,
  • la cultura se banaliza,
  • impera el espectáculo y no la sustancia.

Se menosprecia la política y a los políticos. De la anti política surgen los populismos de derecha y de izquierda que carcomen el estado de derecho, violan los derechos humanos y engatusan a los ciudadanos. Los partidos políticos se devalúan, se fragmentan y multiplican.

Globalización e instituciones internacionales

A partir del fin de la II Guerra Mundial el mundo vive una poderosa ola globalizadora. Crecen el comercio entre las naciones, el turismo, los negocios internacionales. Se avanza en un comercio entre las naciones sujeto a reglas y a sistemas de solución de controversias. En América en Miami en 1994 se sueña con el ALCA, el Área de Libre Comercio de las Américas.

En este siglo se perdió el vigor del multilateralismo en la regulación del comercio. Se multiplicaron los arreglos de libre comercio entre grupos de países.

Las diferencias comerciales entre las dos mayores economías se han zanjado por la fuerza de disposiciones de sus gobiernos, y no acudiendo a las reglas de la OMC.

Tampoco la OMC ha podido avanzar en la solución de otros temas que afectan las relaciones comerciales de países desarrollados y de países en desarrollo. Ni siquiera se ha podido integrar el órgano de apelación del sistema de solución de diferencias de la OMC.

Las naciones y sus organizaciones internacionales se muestran incapaces de enfrentar los grandes retos del calentamiento global, del armamentismo y los arsenales nucleares, del cambio tecnológico y la posibilidad de que se concentre en algunas personas la capacidad de determinar nuestras acciones, de la pobreza de naciones rezagadas y de familias que sufren la miseria en medio de la opulencia en países ricos, de ingresos medios y pobres.

No están preparadas las naciones ni las instituciones internacionales para detener frontalmente las pandemias ni para universalizar su atención, como lo demuestra este nuevo coronavirus.

Ni para impedir las guerras de expansión y dominio territorial como sangrientamente nos lo hizo ver la Guerra en Ucrania.

Las redes sociales y la cultura del espectáculo 

Igual que me equivoqué creyendo que la caída del Muro significaba la convergencia de los idearios hacia los postulados de la democracia- liberal, la globalización y la institucionalidad internacional, también erré celebrando que la nueva info-comunicación nos iba a conducir a un Ágora digital, en el que intercambiaríamos opiniones, oiríamos al “otro”, negociaríamos y crearíamos consensos.

Vivimos la etapa de aprender el uso de esa nueva tecnología mediante millones de experimentos de prueba y error, para poder así acostumbrar a ella nuestras acciones, tradiciones y uso del cerebro.

Mientras tanto el resultado ha sido el contrario: los algoritmos de las redes sociales nos conducen a intercambiar con quienes en cada tema piensan de manera semejante, y en estos grupos se agudizan las diferencias, y con frecuencia se imponen las posiciones más extremas. Es la hora de la posverdad, de las fake news, de la paparruchada, y las falsedades se difunden más y más rápido que las verdades.

Para que Internet y las redes sociales fuesen “gratuitas” para los usuarios, sus ingresos se han generado con la apropiación que realizan de nuestra información, sin reconocer nuestra propiedad, sin respetarla ni pagárnosla. Esa información les sirve para sectorizar a los usuarios y vender publicidad dirigida a segmentos muy finamente divididos de potenciales clientes. Ya los medios no ganan por acceder al mayor público posible, sino por definir grupos de gustos muy homogéneos.

Por nuestras propias preferencias y decisiones y por el modelo de negocios de los grandes operadores en Internet, nos vamos encerrando tras muros digitales que limitan nuestra interacción con quienes piensan, sientan y opinan distinto.

Las redes sociales simplifican y facilitan como nos expresamos. Basta un me gusta, o un compartir. No se necesita ni tiempo ni esfuerzo para propagar los contenidos.

Además, facilitan la convocatoria anónima a movimientos masivos que comunican e integran grupos diferentes en manifestaciones no lideradas por personas específicas, ni convocada por un mismo interés.

En medio de toda esta diversidad apabullante de información ahora las normas de conducta y los valores básicos de nuestra cultura se tornaron relativos y sujetos a los vaivenes de la moda que Mario Vargas Llosa ha llamado la “civilización del espectáculo”.

Las nuevas confrontaciones geopolíticas.

Al mundo unipolar de finales del siglo XX lo siguió la confrontación entre EEUU y China por el predominio en nuestro planeta. Y a la relativa paz entre potencias la sepultó la invasión de Putin a Ucrania.

Desarraigo, frustración, enojo

Vivimos cada día más desarraigados: de la familia, de la comunidad, de lglesia, de nuestro trabajo.

La tecnología y la urbanización nos han trasladado de la relación basada en comunidades geográficas integradas por personas con diferentes condiciones socioeconómicas a la interacción deshumanizada y con personas que comparten algunos aspectos específicos gracias a nuestros contactos anónimos en las redes sociales. Hemos perdido la seguridad de relaciones laborales duraderas. Hay cada vez en nuestros países más personas en la informalidad. La familia nuclear estable es cada vez una proporción menor. Hemos perdido la certeza y nos guían los relativismos: en los conocimientos, en los valores y hasta en los hechos.

La comunidad que brinda abrigo desaparece y la unidad social se fragmenta, dividida por muros que la dividen en compartimentos estancos, incapaces de comunicarse ni entenderse. La solidaridad se difumina.

Y todo ese desarraigo crea desconfianza y acrecienta la incertidumbre.

El aumento de la incertidumbre y la desconfianza llevan al miedo, a la indignación y al enojo.

Se agigantan la emotividad y el odio, y se debilitan la racionalidad y el amor. Aparece la violencia que rara vez puede causar efectos positivos.

El antiguo muro que nos partía en comunistas y demócratas durante la guerra fría se convierte en multitud de muros que dividen las nuevas tribus. Y en su resentimiento, frustración y enojo las diversas tribus se unen en su violenta protesta contra “el sistema”.

Ineficiencia y corrupción

Ciertamente la ineficacia de los gobiernos y la corrupción abonan la indignación y el enojo de los ciudadanos; el menosprecio por la democracia y por el estado de derecho; la falta de apreció por la globalización, por la institucionalidad internacional y por el comercio internacional reglado; la desestimación de la capacidad de los mercados de bienes y servicios para asignar los recursos productivos y de los mercados financieros integrados para mejorar el rendimiento del ahorro y la inversión.

Empobrecimiento y desigualdad

Los resultados económicos y otras causas empobrecen sectores de la población de los países ricos y en los demás países limitan la capacidad de consumo de las clases medias y agravan la miseria de sus familias pobres.

Las personas sufren la frustración y las limitaciones causadas por la desigualdad creciente en muchas naciones, por el empobrecimiento causado por la Gran Recesión.

Y por el empobrecimiento que posteriormente nos han deparado

  • la covid-19,
  • el rompimiento de las cadenas internacionales de producción,
  • el rezago de los contenedores en los puertos y el alza en el costo de los fletes,
  • la inflación creciente y el alza de las tasas de interés,
  • y finalmente la Guerra en Ucrania con sus efectos en petróleo, alimentos, fertilizantes, metales.

Como si lo anterior fuera poco, también vivimos la complejidad de que se den simultáneamente la inflación y la amenaza de recesión. El crecimiento ha disminuido en los últimos años y los economistas discuten si este es un fenómeno transitorio o la respuesta de largo plazo al cambio demográfico con una población más vieja.

Todos estos hechos económicos aumentan la incertidumbre y el miedo, la frustración y del enojo.

Estas negras nubes ocultan la luminosidad de un incremento inimaginable en la capacidad productiva de la humanidad, la generación de mayor consciencia en más y más personas sobre la dignidad de todos, la aceptación de las diferencias, el extraordinario aumento en el nivel educativo de hombres y mujeres, y la fuerza de las aspiraciones a la paz, al progreso, al conocimiento.

Pero las nubes negras no pueden destruir la fuerza de la esperanza ni la dinámica de la creatividad humana.

No debemos por lo tanto perder el optimismo. Tenemos cada día mejores instrumentos para el progreso material, para eliminar la miseria, para enfrentar los grandes retos universales, para alentar una vida más plena, un humanismo más efectivo.

¿CÓMO GERENCIAR EN SEMEJANTE CAMBIO DE ÉPOCA?

Cuando cayó el Imperio Romano, cuando surgió el Renacimiento, con el nacimiento de la época contemporánea… triunfó quien supo prever la fuerza de los acontecimientos, otear el futuro, adaptarse al cambio.

¿Cómo lograrlo ahora?

Cuando en todos los órdenes los cambios nos parecen apabullar, para ser exitoso es necesario superar los intereses de lo inmediato, las angustias y problemas del corto plazo y aprovechar las oportunidades que nos ofrece el futuro.

Sabemos que vivimos con enormes retos. Si no los resolvemos la propia existencia de la humanidad peligra. Por eso en las actuales circunstancias nuestras acciones son aún más importantes.

Poco importa el triunfo de hoy si mañana sucumbimos ante:

El cambio climático, el peligro que acecha la existencia de muchas especies, la falta de armonía de nuestra vida con la naturaleza.

  • El peligro de una confrontación nuclear.
  • Las nuevas pandemias.

El dominio de unos pocos que, armados con el potencial de la Inteligencia Artificial, de la Internet de las cosas, de la revolución biológica y del conocimiento de nuestro cerebro nos obliguen a ser zombis a su servicio.

Ante este cambio de época, ante este navegar en mares desconocidos, cada persona, cada empresario, cada gerente debemos dar respuesta a estos difíciles retos.

¿Cómo hacerlo?

No soy ni profeta ni adivino, pero me atrevo a comentar con Uds algunas líneas de acción.

Descifrar las circunstancias

Cuando nuestras circunstancias son estables fácilmente nos adaptamos a ellas, y sabemos actuar para obtener los mejores resultados. Cuando alguna circunstancia técnica, o económica, o política, o social o ambiental cambia podemos rápidamente tomar ese cambio en cuenta. Cuando el cambio es más veloz se nos dificulta apreciarlo y ajustar nuestro comportamiento. Cuando se da un cambio de época y los cambios se manifiestan en los diferentes aspectos de nuestra vida es más difícil predecir sus efectos y ajustar nuestra conducta. Ahora no solo se dan cambios en todos los órdenes, sino que esos cambios son muy veloces y complejos.

De ahí que tal vez la más importante consideración para nuestro manejo personal, empresarial, social y político sea evaluar las circunstancias que nos rodean, sus transformaciones y sus consecuencias.

Construir una armadura de valores. Auto limitarnos

La vida humana desde nuestros más remotos antepasados ha debido equilibrar cambio y conservación.

De cambiar depende el progreso. Si no lo hubiéramos hechos hoy habitarían nuestro planeta un numero reducido de nómadas cazando y recogiendo frutos en pequeñas agrupaciones tribales.

De conservar depende nuestra propia identidad. Si todo cambiara siempre como sería nuestro propio yo. De conservar depende la capacidad de los integrantes de una sociedad de poder relacionarse entre sí, de acuerdo con normas conocidas… de no vivir en el caos.

Frente al cambio acelerado en todos los frentes, ¿cómo actuar para no perdernos en la vorágine de la incertidumbre?

Los valores fundamentale que rigen la conducta humana nos permiten construir una armadura que nos de estabilidad en el cambio de época.

Esa estructura de valores es de enorme utilidad con independencia de su fundamento, sea ella fruto de una concepción trascendente que los fundamenta en Dios, o sea el resultado de la introspección y el análisis filosófico, síquico y sociológico sobre la naturaleza humana, o sea el producto de la evolución social descubriendo las normas de conducta humana más exitosas.

Respetar a los demás que ojalá llegue a ser amor al prójimo; lealtad, aprecio a la verdad, compromiso con el conocimiento son algunos de los elementos de esta estructura de valores que nos permiten seguir siendo nosotros, nuestra empresa, nuestra sociedad en medio de los avatares del cambio de época.

Ser ágiles y flexibles

Esa estructura de valores nos da solidez para mantener nuestras más fundamentales conductas en medio de la dialéctica del cambio. Nos permite conservar rasgos esenciales de nosotros, de nuestra sociedad, de nuestra empresa. Pero el cambio de las circunstancias nos obliga a adaptar nuestra respuesta. Por eso debemos ser ágiles y flexibles. Conservando lo esencial, pero con la capacidad de sobrevivir las inmensas transformaciones de nuestro entorno.

Ser humildes. Oír y reflexionar

El cambio de época debe ayudarnos a reconocer nuestras limitaciones. La vida, los éxitos, la mera capacidad de sobrevivir el cambio o la simple oportunidad de prepararnos más que otras personas nos inducen a considerarnos superiores. La prepotencia es un vicio en el cual con facilidad caemos.

Por eso debemos constantemente vacunarnos con humildad para saber oír a las demás personas y apreciar sus aportes, conocimientos y puntos de vista.

No hacerlo dificulta entender el cambio en tantas circunstancias que vivimos.

De la humildad, de oír más que de afirmar, surge la capacidad reflexiva tan importante en medio de las cambiantes circunstancias,

Vivir en el cambio

Podemos ignorar los cambios en las circunstancias. Posiblemente nos arrollen.

Podemos combatir esos cambios. Difícilmente seremos exitosos

O podemos aprender a vivir en el cambio, con el cambio, de él cambio. A gerenciar de conformidad con los cambios.

De nuestra escogencia muy posiblemente dependa el resultado a largo plazo de nuestra empresa.

Conocer mis consumidores y usuarios

Siempre debemos administrar pendientes de nuestros consumidores, de nuestros usuarios, de sus gustos, de sus inquietudes, de sus emociones, de sus razonamientos.

En un cambio de época esta necesidad debe gozar de aún mayor prioridad

Así como nuestras circunstancias cambian, así también están cambiando las circunstancias de nuestros clientes.

De entender las transformaciones que ellos viven dependerá nuestro éxito o nuestro fracaso.

Y así como para nosotros es difícil entender los cambios que nos afectan, también lo es para ellos. Esto hace más difícil entender sus reacciones, y más necesario dedicar nuestro esfuerzo a lograrlo.

Formar a mis colaboradores

Desde hace mucho sabemos que es necesario invertir en la formación de nuestros colaboradores.

Adaptar el capital humano al cambio en las demandas de sus servicios nunca ha sido tarea fácil, ni para los gobiernos ni para las empresas.

Hoy es una tarea más complicada y urgente.

Hoy requiere mucha sabiduría, previsión y dedicación de los mandos empresariales. De ello depende mantener el espíritu de empresa y contar con las capacidades intelectuales y emotivas necesarias para afrontar el cambio de época.

Influir en mis circunstancias

Adaptar la empresa y la vida personal al cambio de época es como se ve una tarea titánica. Toda preparación y esfuerzo para lograrlo eficientemente es poco.

Pero no nos podemos quedar encerrados en el círculo de lo inmediato.

¿Podemos influir en que el cambio de época sea beneficioso para nosotros, y para los demás?

Si existe esa posibilidad no deberíamos dejar de lado la responsabilidad de utilizarla.

Siempre podemos ser mejores

Durante mi gobierno el lema que propusimos a los estudiantes fue SIEMPRE PODEMOS SER MEJORES. Nunca vamos a ser perfectos, pero siempre podemos avanzar en el camino de la perfección.

Un cambio de época puede aplastarnos, pero al contrario puede ser motivo de superación. Un cambio de época debe ser fuente de esperanza. Esperanza en que podemos ser mejores y mejorar nuestra vida, nuestra empresa, nuestra comunidad nuestro país, EL MUNDO.

Sabemos que nosotros, nuestra empresa, el mundo son imperfectos. Un cambio de época debe ser motivo para ser mejores.

Por eso lo podemos asumir con optimismo, con la esperanza de mejorar.

Claro que el sufrimiento, la angustia, el miedo de los habitantes de Roma han de haber sido inmensos cuando las tropas del Visigodo Alarico la saquearon en el año 410. El Imperio perduro varias décadas más. No podrían haber pensado los habitantes de aquella entonces poderosa ciudad que del cambio de época surgirían las universidades, los conventos, las grandes catedrales, la revolución agrícola de la Edad media.

Igual podríamos comentar de quienes en el siglo XVI vivieron los dolores del parto del Renacimiento. En medio de enfrentamientos entre ciudades, del relajo moral en el papado, de la pérdida de certezas, de las guerras religiosas, no podrían los habitantes de entonces pensar que iba a surgir la ciencia positiva, el arte humanizado, las naciones.

Ni que decir de quienes vivieron las revoluciones parlamentarias en Inglaterra, el terror y las guerras napoleónicas en Francia, o las guerras de independencia y secesión en EEUU. Mal habrían entonces sabido sobre los frutos de la revolución industrial, el enriquecimiento de las masas, la expansión de la democracia y el estado de derecho, NNUU o la OMC.

Si como postulo hoy vivimos un cambio de época es de esperar que los resultados finales sean de un inmenso progreso para la humanidad, aunque no podamos ahora conocer cómo será el nuevo mundo que se está pariendo.

Confiados en que siempre podemos ser mejores, cada uno de nosotros y todas las personas, con nuestras acciones lo conformaremos para bien de la humanidad.

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