Miguel Ángel Rodríguez EcheverríaEconomista (Ph.D.) Abogado.

Con este nombre el Papa Francisco el pasado 9 de mayo emitió una bula convocando al Año Santo 2025.

La peregrinación jubilar del Año Santo ordinario se origina en el primero establecido por el Papa Bonifacio VIII para el año 1300. En los últimos años se han venido celebrando cada 25 años.

En el año 2000 tuve el privilegio de ser el primer Jefe de Estado en atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en ese Año Santo.

La peregrinación es una acción fuertemente arraigada en la religiosidad. En esta bula el papa Francisco nos dice: “No es casual que la peregrinación exprese un elemento fundamental de todo acontecimiento jubilar. Ponerse en camino es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida. La peregrinación a pie favorece mucho el redescubrimiento del valor del silencio, del esfuerzo, de lo esencial. También el año próximo los peregrinos de esperanza recorrerán caminos antiguos y modernos para vivir intensamente la experiencia jubilar.”

El Año Santo en la Basílica de San Pedro dará inicio con la apertura de la Puerta Santa el próximo 24 de diciembre. En todas las diócesis dará inicio el Año Santo el siguiente día 29 de diciembre, y se establecerá una Iglesia desde la cual se dé la peregrinación hacia la Catedral.

Los costarricenses que atesoramos nuestra tradición de la peregrinación para ir a saludar, agradecer e implorar su auxilio a nuestra querida Reina de los Ángeles tenemos una clara consciencia de los méritos de la peregrinación católica.

En su bula el Papa Francisco nos entrega un bello mensaje sobre la fuerza de la esperanza. Para los cristianos la esperanza nace del amor, del amor que el Señor Jesús nos entrega con su vida pasión, muerte y resurrección.

La presencia permanente del amor de Dios nos infunde fe y nos da esperanza en el camino de la vida.

El peregrinar del año jubilar es un reflejo del peregrinar en nuestra vida desde nuestro nacimiento terrestre hasta el nacimiento a la vida eterna. Y nos da ánimo para vivir con esperanza en el inmutable amor de Dios.

En ese peregrinar encontramos lágrimas y sonrisas, dolores y alegrías, triunfos y fracasos. Pero la certeza de que Dios nos ama nos da la fuerza de la esperanza para no desfallecer en nuestro camino.

Este es el sentido para los católicos del Año Santo. Es una convocatoria a sanarnos con el perdón del Señor y a fortalecernos con la comunión con Él.

El Papa Francisco nos indica: “Este entretejido de esperanza y paciencia muestra claramente cómo la vida cristiana es un camino, que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús.” Este Año Santo 2025 es uno de esos necesarios momentos fuertes, que nos permiten dar sentido incluso a las pruebas y a los fracasos.

Esta bula implora por paz y fraternidad. La ausencia de paz y de fraternidad es hoy causa de los más profundos dolores que la humanidad gime. Construir paz y construir fraternidad deben ser objetivos fundamentales de nuestras vidas que el año jubilar quiere focalizar.

La bula la esperanza no defrauda nos convoca a: “Que el primer signo de esperanza se traduzca en paz para el mundo, el cual vuelve a encontrarse sumergido en la tragedia de la guerra. La humanidad, desmemoriada de los dramas del pasado, está sometida a una prueba nueva y difícil cuando ve a muchas poblaciones oprimidas por la brutalidad de la violencia. ¿Qué más les queda a estos pueblos que no hayan sufrido ya? ¿Cómo es posible que su grito desesperado de auxilio no impulse a los responsables de las Naciones a querer poner fin a los numerosos conflictos regionales, conscientes de las consecuencias que puedan derivarse a nivel mundial? ¿Es demasiado soñar que las armas callen y dejen de causar destrucción y muerte?”

“Mirar el futuro con esperanza también equivale a tener una visión de la vida llena de entusiasmo para compartir con los demás. Sin embargo, debemos constatar con tristeza que en muchas situaciones falta esta perspectiva.”

“…En el año jubilar estamos llamados a ser signos tangibles de esperanza para tantos hermanos y hermanas que viven en condiciones de penuria.”

Con esperanza en Dios y con fe en Su amor acerquémonos al Año Santo 2025 con firme propósito de ser constructores de paz y fraternidad, y así con la esperanza y la fe en el amor de Dios seremos capaces de cumplir Su voluntad y ser felices.

Publicado originalmente en La República

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Por Miguel Angel Rodríguez Echeverría

Miguel Ángel Rodríguez Echeverría. Economista (Ph.D.), Abogado y político costarricense. Fue Ministro Director de la Oficina de Planificación (1968) y Ministro de la Presidencia (1970), Diputado de la Asamblea Legislativa 1990-1994, período en que ejerció la Presidencia del Congreso, Expresidente de Costa Rica (1998-2002) y Ex Secretario General de la OEA.