Miguel Ángel Rodríguez: ¡Que el Niñito Dios nazca en nuestro corazón!

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Miguel Angel Rodríguez Echeverría, Economista (Ph.D.).

Igual que en Belén hace dos milenios nuestra realidad está “marcada por la violencia y el odio, la diferenciación social y la corrupción. El retrato (de entonces) parece entresacado de una realidad latinoamericana no muy distante en el tiempo y en el espacio” nos dice Fray Víctor Manuel Mora en su artículo Los tiempos del nacimiento de Jesús.

Nació entonces el Niñito Dios cuando Roma dominaba el mundo Mediterráneo, Herodes un rey idumeo impuesto por el imperio gobernaba a los judíos en favor de la urbe, y los habitantes eran censados para medir el cobro de los tributos que se extraía de los vasallos.

No nació para trastocar a los dominados en dominadores sino para unir a judíos y a gentiles, para traer esperanza, para anunciar el Reino del Amor. En su artículo el franciscano Víctor Mora con lucidez nos indica: “un milagro acontece, nace un salvador. El cielo lo proclama, pero los únicos que ven y escuchan a los ángeles celebrar este gran acontecimiento son los pastores. Se trata de personajes marginales, mal vistos incluso por la sociedad de su tiempo. Pero ellos entienden que el nacimiento de Jesús es esperanza en medio de tanta pesadez histórica.”

Hoy vivimos una pesadez semejante. La desconfianza corroyó la armonía social; el odio y la envidia dominan al amor y al reconocimiento; el desarraigo aísla a las personas en la soledad de su individualidad; la pandemia nos enfrenta con la enfermedad y la muerte; las dificultades económicas angustian a las familias y condenan a muchos al hambre; y ante las carencias y la opresión hombres y mujeres, niñas y ancianos migran en busca de seguridad y de pan.

Hoy como hace más de vente siglos necesitamos el nacimiento del Niño Dios.

Para su nacimiento la omnipotencia divina necesita de María y José. Dos personas humildes, sin especiales poderes, que asumen un incomprensible reto y que con su amor abren paso al milagro de la redención. Fray Víctor nos recuerda: “Los dos son judíos devotos, dispuestos a aceptar la palabra de Dios y a seguir caminando según las promesas que este hace. Lo hacen en medio de grandes dificultades históricas, asumiendo a cada paso un nuevo reto… Es como si la historia, escrita por los poderosos, no lograra alcanzar el paso tranquilo pero seguro de esta pareja que no se deja abatir por las pruebas, ni se deja destruir o corromper por la ambición. Llevan consigo la esperanza de un pueblo, que es frágil y pequeño. No llevan armas, ni tienen más pretensiones que ofrecer a los pobres y al mundo algo que han recibido como un don”.

Abramos nuestro corazón y nuestra razón a la fuerza del amor que Dios nos enseña con Su nacimiento como un Niñito.

Sí aceptamos que el Niñito Dios nace en nuestro corazón tendremos sabiduría humilde y humildad poderosa para encausar con amor los cambios que el mundo requiere.

Dios que nace como un Niñito en el pobre pesebre de Belén asume nuestro vivir, nuestra humanidad, nuestra debilidad. Así nos enseña que es bueno vivir, que es bueno ser una persona, que es bueno ser frágiles. Que el amor todo lo alcanza.

El Niñito Dios nos enseña que con la capacidad de amar y aceptar a los demás podemos construir más que con la arrogancia de pretender saber y de querer mandar. Que más podemos avanzar en la solución de los problemas aprendiendo de los demás que imponiéndonos, que somos más transformadores con la diversidad de todos que con las certezas de unos pocos.

No son Herodes ni Tiberio Cesar quienes transforman el mundo. Es con María y José que Dios abre camino al amor y a la redención.

Abramos nuestro corazón al Niñito Dios para que nos llene de Su amor siempre.


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