Miguel Guillén Salazar, Secretario General PLN

Las páginas de la historia del Partido Liberación Nacional han comenzado a pasar de nuevo. El soplo de una fuerza emergente necesaria comienza a sacudir los estantes que resguardan las ideas, las costumbres y los liderazgos tradicionales. Como todo inicio, necesita vitalidad, audacia, pero, sobre todo, abanderados y abanderadas arraigadas en los valores de la solidaridad, la equidad y la justicia social. Se requiere que las nuevas generaciones tomen conciencia de la relevancia de impulsar una visión que proyecte la mirada más allá de los horizontes convencionales, y que estén empapados del espíritu innovador que exige la época.

Con el paso del tiempo, y a pesar de las resistencias, las demandas de la ciudadanía y de los y las liberacionistas, comienzan a tener eco en los pasillos de la Casa Liberacionista José Figueres Ferrer. Hay que dar paso a una renovación real en lo ético, en el pensamiento y fundamentalmente, en las caras que representan el liderazgo liberacionista. O provocamos un cambio profundo, o la oportunidad de enganchar al PLN al siglo XXI como una verdadera fuerza transformadora, se deslizará por el cuello de un reloj de arena.

En esta era de interconexión, las ideas revolucionarias no germinan de pequeños grupos aislados sumergidos en catacumbas ancestrales, o en recintos secretos de las viejas universidades, sino que surgen entre las corrientes del discurso global. Es en el ágora digital donde resuena un diálogo intenso, algorítmico, caótico, disoluto, pero determinante. Ni el conocimiento, ni las ideas son exclusivas hoy de unos pocos monjes enclaustrados. La época exige liderazgos con nuevas habilidades y adopción de posturas claras, coherentes, inclusivas, inflexibles ante el reto de erradicar flagelos como la corrupción, la pobreza y las posturas autoritarias. Hay que abrir puertas y ventanas en Liberación Nacional para que entre la luz que reanime el alma revolucionaria que inspiró la fundación de la Segunda República, la defensa de los derechos humanos, la abolición del ejército, el reconocimiento y defensa de derechos de igualdad de género y de los derechos humanos de las mujeres, la libertad de prensa, la creación de instituciones democráticas, la seguridad social, el surgimiento de la clase media, el Plan de Paz en Centroamérica, la educación pública de calidad, entre otras muchas conquistas históricas de nuestro pueblo.

Los ideales de la democracia luchan con las sombras de la desinformación, la polarización y los extremismos.

La renovación del partido debe lidiar con las complejidades del ágora virtual, contra la erosión de la verdad y la complejidad de tener que atender capas superpuestas de desafíos urgentes en todos los campos.

Las doctrinas y soluciones de ayer se deben revisar con un ojo perspicaz, reinventarse para abordar las complejidades de un mundo moderno que es golpeado por los vaivenes de olas políticas, sociales, tecnológicas y económicas que producen cambios veloces, cambios que están provocando por ejemplo, urgencias ecológicas a raíz del cambio climático y que deben asumirse con gran sentido de urgencia. Frente a este contexto, se requieren hombros descansados para que soporten la carga de un partido histórico que requiere cambios impostergables. Nada es fácil en la vida interna de Liberación Nacional, mucho menos cuando se intenta arrancar de cuajo vestigios de una visión de la política que debemos superar por el bien del país. Lo hemos vivido recientemente con aspirantes a cargos de representación popular que se aferran a postulaciones pese a cuestionamientos éticos y morales muy graves.

Es Liberación Nacional el último partido permanente e histórico que planta cara a quienes atacan sin contemplación las bases institucionales de nuestra democracia. Es Liberación Nacional el último partido a escala nacional que no se doblegará ante las poses autoritarias, pero entendemos algo, debemos aglutinar a otras fuerzas, abrir el partido a mayor representatividad de la dinámica productiva y social, incluir a nuevos movimientos sociales, a micro-colectivos, a colectivos, a sectores que son parte de esa fragmentación social que compone la sociedad costarricense actual. Es una época en la que debemos asumir la posibilidad de coaliciones amplias si queremos cumplir la meta de tener un país de renta alta para el año 2050, terminar con la pobreza extrema y alcanzar mayor bienestar para todos.