Miguel Gutiérrez: Vivienda en el 2020 – inercia y contracción (II)

Permítanme sobre esto una digresión personal que la excuso diciendo que estoy hablando de un viejo amor. Esta es la perorata:  La creación de un Sistema Nacional Financiero de Vivienda con una institución central, el Banco Hipotecario de la Vivienda y múltiples entes autorizados, es creado a mediados de los años ochentas, por unanimidad de los partidos políticos en la Asamblea Legislativa

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Miguel Gutiérrez Saxe, Economista, Educador (Dr.).

En un artículo anterior La vivienda en un año incierto y nublado, mostré elementos de contexto de la vivienda en el 2020. Ahora me propongo plantear los principales rasgos del balance del sector vivienda durante el 2020. En este artículo resumo y comento un capítulo trabajado por Franklin Solano en el Balance y tendencias de la vivienda 2020. Indicadores de gestión en tiempos de pandemia, un documento que les recomiendo descargar.

En resumen. El comportamiento inercial de un puñado de tendencias se presenta durante el 2020, como el déficit de vivienda cuantitativo y cualitativo que no se incrementa. Tampoco los saldos de crédito sufren mengua. Otro ejemplo inercial es la asignación en cantidad de bonos durante el 2020.

Ahora bien, la mayor parte de las tendencias comienza a dar cuenta del choque con la pandemia del COVID-19 ya en el 2020 los permisos de construcción y la producción de vivienda decaen, el ingreso de los hogares se reduce para cada hogar y para el conjunto afectados por el desempleo, el congelamiento de salarios y la reducción de jornadas. Con la contracción del ingreso, baja su capacidad de pago.

Esta inercia o atenuación de los impactos pandémicos presente en el 2020 no se repetirá en el 2021, de manera consistente con las contracciones de la capacidad adquisitiva de los hogares y la reducción del gasto público, salvo una recuperación amplia o plena.

Visto más de cerca. El déficit cuantitativo, hogares sin vivienda o en  vivienda inhabitable (en mal estado) o hacinada (alrededor de 145 mil viviendas), experimenta un pequeño aumento en números absolutos. El menor crecimiento del número de hogares durante el 2020 provoca que en términos relativos se mantenga igual. El déficit cualitativo, que considera también las viviendas en estado regular, disminuyó, eso por el aumento de casas en buen estado. El cualitativo (en mal estado dos elementos entre paredes, piso o techo) es el mayor desafío en materia de vivienda por la cantidad de hogares que afecta (659 mil).

Construcción. Ahora bien, la construcción de viviendas baja muy significativamente, en cantidad de unidades (-15,4%) y en metros cuadrados (-33%), además las unidades son más pequeñas en promedio. Las viviendas de menos de 50 m2 de construcción representan algo más de la mitad del total de la cantidad de construcciones residenciales. El 72% de la caída de construcción se da en este grupo de viviendas.

Los bonos. El número de bonos familiares de vivienda (BFV) durante el 2020 no decae en número (12.870), por el contrario, muestra un discreto aumento, con alguna reducción del monto promedio. El financiamiento total del Fondo de Subsidios de Vivienda sí decayó en algo más de 11% respecto al año anterior y 21% respecto al 2018. Vale aclarar que el monto destinado a bonos ha venido declinando como lo han hecho de manera muy importante sus fuentes, el FODESAF y las contribuciones cargadas a los salarios. La disponibilidad de recursos para financiar los BFV son recursos del 2019, que se ejecutan durante el 2020. Durante el 2020 se dieron recortes adicionales a este financiamiento lo que hace previsible una reducción de las operaciones para el 2021 y en adelante.

Desde el 2010 la distribución de los BFV favorece más la asignación a familias con jefatura femenina que a las familias con jefatura masculina. Durante el 2020 se revierte esta tendencia. Esto se explica en parte porque en el 2020 aumenta la colocación de bonos acompañados de crédito, los que normalmente se asignan a familias biparentales, que se clasifican con jefatura masculina, y se ubican en estratos más altos de la población objetivo del BANHVI. En esto influyó el cambio de la ley para ampliar a los de “ingresos medios” la colocación de bonos, esto es, incluir como beneficiarios a  los estratos de 4 a 6 salarios mínimos.

Casi 400 mil bonos familiares se han otorgado desde 1987, alrededor de 11 mil por año, aunque hubo algún año de 20 mil bonos.

En el 2020, el monto promedio del bono para compra de vivienda existente, o para compra de casa y lote  es de alrededor de 14 millones de colones cada uno. El monto de los bonos para Extrema Necesidad y Emergencias, casi triplican el promedio general del monto bono, aunque son pocos en número.

En estratos más bajos prevalece la entrega de bonos a familias con jefatura femenina, 70% en el estrato de un salario mínimo o menos; 51% en el estrato 1.5 salario mínimo.

Los bonos para Reparación, Ampliación, Mejora y Terminación, no llegaron a 1000 durante el 2020. Esto significa que el déficit cualitativo, 659 mil viviendas, no es un objetivo central.

Bono y crédito. Una parte pequeña de los bonos (22%) se acompaña de crédito en el 2020. Los datos de la SUGEF (2021) señalan que el crédito para construcción, compra y reparación de inmuebles venía en crecimiento desde el 2017, en el 2020 prácticamente se estancó. Por su parte, los datos que publica el BCCR indican que el crédito para construcción de vivienda mantuvo la tendencia de crecimiento de años anteriores y volvió a crecer en el 2020.

Permítanme sobre esto una digresión personal que la excuso diciendo que estoy hablando de un viejo amor. Esta es la perorata:  La creación de un Sistema Nacional Financiero de Vivienda con una institución central, el Banco Hipotecario de la Vivienda y múltiples entes autorizados, es creado a mediados de los años ochentas, por unanimidad de los partidos políticos en la Asamblea Legislativa.  Su  propósito es la movilización de recursos públicos y privados o de terceros, en favor de activar la construcción de vivienda y enfrentar una situación explosiva en la sociedad, generada por una muy amplia exclusión del acceso a vivienda. Grupos sociales organizados alrededor de su problema concreto, su vivienda, lo exigían. El Bono Familiar de Vivienda, un subsidio directo a la demanda, permitiría compensar las altas tasas de interés de esos años, tasas presionadas por la captación del gobierno de recursos para financiarse. Este bono podría ser total, en cuyo caso la familia debería aportar su trabajo, o parcial, repagable luego de años de gracia con un pago depreciado por la inflación acumulada; el bono era combinado con crédito, a mayor subsidio menor valor de la vivienda que se podía alcanzar. A principios de los años noventas se reformó la ley para que el bono fuera un regalo.  El subsidio junto con el descuento de hipotecas permitiría agilizar y activar la construcción y la compra de vivienda. En la serie larga de bonos que se publica en el informe (página 39) puede constatarse la muy importante relación crédito-bono en los primeros años de funcionamiento del sistema financiero: más del 70% de los bonos se dieron acompañados de créditos y fueron otorgados por entes autorizados con recursos propios, junto con los esfuerzos de los hogares, ya sea con ahorro, o trabajo. Hubo años de 89% de créditos acompañados con bono, y solo en este siglo bajó esta relación del 30%. Esa manera de sumar lo público con lo privado potenció en mucho la vivienda.  Sin ese mandato, se reduce el bono a un reparto a fondo perdido y empobrece la función, el desempeño y el valor de los bienes públicos generados.

En un próximo artículo quisiera mostrar las condiciones de vida de la población durante la pandemia en el 2020 con la mejor información disponible desde distintas fuentes.

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