Miguel Gutiérrez Saxe – “Aportes y criterios”

Actualmente, ¿cuáles son los márgenes de la acción pública?

En el anterior episodio, administrar lo público, ofrecí continuar analizando el ajuste estructural y la administración por caos, como formas de administrar lo público.

Comienzo por el ajuste estructural. La reforma fiscal tardía y parcial (2018), que de haberse aprobado un lustro antes, hubiera permitido mantener niveles razonables de deuda, transitar en la modernización del estado y no obligar a una reducción drástica del estado. La reforma fue tardía, debió darse antes del 2014. También fue parcial pues debió incluir un incremento de la carga fiscal de al menos un punto porcentual del PIB, cargado a los de ingreso más altos. La regla fiscal fue un elemento central en la reforma puesto que el ajuste que no se dio como incremento de los ingresos, se compensó con reducción de los gastos. Es una regla fiscal que se basa en el control directo del crecimiento del gasto dependiendo del nivel de endeudamiento. Cuando se llega a una deuda mayor al  60% del PIB, se restringe muy férreamente el crecimiento de gasto público.

Pero el problema se acumuló pues pasaron los años y los déficits fiscales del estado se cubrieron con endeudamiento, especialmente interno y sin una buena planificación financiera. La deuda creció rápidamente y en condiciones financieras más duras, menores plazos, tasas de interés más altas y principalmente en moneda nacional. Como consecuencia, el servicio de la deuda viene creciendo y estruja el resto del gasto, como inversión, compras de lo indispensable, y en los años recientes también del gasto social.  Para cuando entró a regir el grueso de la reforma de los tributos (2019-20) el endeudamiento ya había llegado al 60% del PIB y, como si fuera poco, la abuela parió: se nos vino encima la pandemia con la contracción económica y los requerimientos adicionales de gasto público. Y parió otra vez: la guerra en Ucrania impactó los precios y las tasas de interés subieron y volvieron a subir para detener la inflación.

En estas condiciones, administrar lo público se ha convertido en reducir los servicios del estado y el alcance de los derechos de los habitantes del país. La impericia, entremezclada con el desconocimiento de la organización de nuestro estado viene a sumarse para limitar la calidad y cobertura de los servicios públicos centrales:  La inversión en infraestructura vial existe por préstamos anteriores, no hay nuevos proyectos y los que existen se retrasan y  no se concluyen. La salud enfrenta restricciones, especialmente con la negativa del ejecutivo a honrar sus obligaciones con la CCSS, tanto de la vieja deuda como las contribuciones de cada día. Solo durante el año 2022 el ejecutivo acumuló deuda con la CCSS por más de 250 mil millones de colones. La infraestructura social en educación no logra reparar los graves daños de muchas instalaciones, centenares con orden sanitaria, y la nueva infraestructura de salud fue suspendida mediante aplazamientos de proyectos. La educación no logra tener ruta o rumbo para recuperarse y enfrentar el apagón educativo. Improvisa y yerra perjudicando los derechos de los estudiantes. Con centenares de miles entre computadoras y sus accesorios en bodegas, en términos reales sacrifica la instalación y renovación de equipos, con el consiguiente restricción de derechos. Sobre esto volveré próximamente.

Hasta aquí lo que es el típico shock, o ajuste estructural del estado, realizado con impericia y lentamente. Con menos se pide hacer más, luego de alrededor de cuatro años de congelamiento de los salarios del sector público y un servicio de la deuda que comprime el resto del gasto.

Pero, ¿qué es esto de administrar por caos? la teoría del caos estudia la sensibilidad a condiciones iniciales de algunos sistemas, es decir, de aquellos sistemas en los que un pequeño cambio, puede generar grandes consecuencias. Esta teoría se aplica a menudo a la gestión de proyectos y a la administración empresarial en general, y se basa en la idea de que los sistemas complejos son inherentemente caóticos y que cualquier intento de controlarlos completamente es inútil. Por supuesto, que se nutren de la confianza en la rapidez de reflejos y de acción de quien se propone administrar con esos métodos, o protocolos. Forzar la popularidad a punta de muchas sorpresas, y acciones que no llegan al logro, ciertamente agita al país, introduce perturbaciones,  y genera polaridad, pero no construye. Las  posiciones iniciales de fuerza quieren sustituir la persuasión, el entendimiento para garantizar la entrega de servicios, valores y posiciones para la gente, como promete la Constitución Política del país.

Cabe la pregunta que algún evangelista planteó: ¿Quién a fuerzas de palabras puede agregar un codo a su estatura? Aunque las palabras  sean ofensivas y vehementes si no llevan verdad y están orientadas en el estado de derecho serán un pedestal efímero, sin agregar algo a la estatura.

 

ARTÍCULOS Y PODCAST DE MIGUEL GUTIÉRREZ SAXE

 

 

Miguel Gutiérrez Saxe

Por Miguel Gutiérrez Saxe

Miguel Gutiérrez Saxe. Economista de formación, fundador y director del Proyecto Estado de Nación por más de 20 años y actual colaborador. Partidario del poder suave.