Miguel Gutiérrez Saxe

En el artículo/podcast anterior describía las consecuencias de la austeridad a como ha venido empeorando en estos años. La deuda estruja el gasto, especialmente en infraestructura, salarios públicos y el gasto social,  con el consiguiente deterioro de la redistribución del ingreso y la desatención de los más vulnerables. Esto sustenta un mayor malestar con el sistema político, que ni siquiera puede mantener el nivel de incumplimiento de sus promesas, debe alejarse aún más de estas. Tampoco puede poner cara de  yo no fui. Todo el sistema político (partidos e instituciones) paga la factura con su descrédito.

Las disposiciones para reducir la deuda con la autorización para emitir 6000 millones de dólares en cuatro años, conocida como eurobonos, no tuvieron el efecto calculado inicialmente. El efecto que se quería lograr era la compra de deuda cara, en colones y a tasas locales muy altas, por deuda barata, en dólares y a las bajas tasas predominantes en el mercado internacional y en organismos financieros internacionales. El negocio se jodió: El colón se revaluó en más de un 20%, ya no podía comprar tanta deuda cara en colones con los dólares. Las tasas internacionales subieron y casi que no se obtiene ventaja en la conversión.

No se redujo la deuda por este camino pero con la pandemia se había incrementado modestamente los gastos sanitarios, había caído la producción, el empleo, los ingresos fiscales, e incrementado por varios años el déficit fiscal. Un PIB menor y los altos déficit fiscales se financiaron con incrementos del nivel de deuda; la relación deuda/PIB sobrepasó el 60%, a poco de promulgada la reforma fiscal, regla fiscal incluida. Tener más del 60% significa una restricción mayor al crecimiento del gasto público, e incluye en esa restricción a la inversión de las instituciones cubiertas por la regla. Por debajo del 60% la inversión queda excluida de la regla fiscal y se afloja un poco la restricción del resto, en 5 puntos porcentuales.

La otra vía de alivio de la situación fiscal, incluida en el acuerdo del gobierno con el FMI, ratificado por la Asamblea Legislativa, era el incremento de la carga tributaria en algo más de un punto porcentual. Pasar del 13% del PIB a algo más del 14% del  PIB. Lo único que se ha visto son anuncios de paquetes de impuestos tan ambiciosos que son descalificados a las puertas del legislativo. Son tan exagerados que solo se puede pensar que son propuestas para ser derrotadas.

Reitero dos asuntos para cambiar esa ruta:

  • Revisar la regla fiscal, incluido su ámbito de cobertura, porque se metió, sin sentido, muchos entes que tienen sus ingresos, no presionan el gasto del gobierno central y hoy tienen problemas severos. O porque afectan temas muy sensibles para todo y no representan una porción siquiera significativa del gasto del gobierno como es el asunto de la seguridad, policial y represiva.
  • Entrarle al tema de ingresos frescos y mayores para el gobierno. La verdad es que con un punto adicional de carga tributaria en el 2010, no estaríamos en estas.

Se teme que una revisión de la regla fiscal rompa la disciplina de las instituciones. Lo cierto es que al definir la regla fiscal, sin mayor reparo y previsión se quiso y se pude incluir a todo el aparato público no financiero, con las excepciones del régimen de enfermedad y maternidad y las empresas en competencia. Todo el gobierno central, generador del déficit y responsable de la deuda, quedó dentro de la regla y además se le aplica a todo y a cada uno por parejo, sin prioridades y excepciones.

Pero también se le aplicó a  todas las otras instituciones, aunque no dependan del presupuesto del gobierno y tengan ingresos propios y requieran su propio ritmo de gasto para atender el servicio público a su cargo.  La cobertura tan innecesaria y amplia de la regla fiscal  está resultado un error de mucho bulto conforme el periodo de aplicación de las mayores restricciones de la regla fiscal se ha prolongado y hoy limitan la inversión de instituciones como acueductos y alcantarillados.

Es mejor introducir reformas razonables que no pongan en riesgo valoraciones internacionales, que dejar que se acumulen las tensiones al punto en que se rompa y se introduzcan cambios desordenados, que impongan las diferentes presiones. Como se decía, quién tenga más galillo traga más pinol, lo que es un incentivo grande para desgalillarse.

También se teme el incrementar la carga tributaria por parte del sistema político pues se sabe con escasa legitimidad y que tiene la sombra de la corrupción rodeándolo. Pero mejor desarrollo la propuesta en el próximo artículo.

 

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Por Miguel Gutiérrez Saxe

Miguel Gutiérrez Saxe. Economista de formación, fundador y director del Proyecto Estado de Nación por más de 20 años y actual colaborador. Partidario del poder suave.