Miguel Gutiérrez Saxe. Economista y analista de política pública costarricense.

El más reciente informe del Fondo Monetario Internacional sobre Costa Rica, publicado a inicios de junio del 2026, tiene dos hallazgos que pasaron casi inadvertidos entre los elogios a la disciplina fiscal, pero que dicen mucho sobre las vulnerabilidades reales del país. El primero: el Fondo dejó de llamar «flotación» al régimen cambiario costarricense y lo reclasificó como «arreglo estabilizado» (stabilized arrangement), la forma técnica en inglés. El segundo: la Caja Costarricense de Seguro Social mantiene reclamos contra el Gobierno Central por más del 8% del PIB, por servicios de salud ya prestados y coberturas de pensiones, ambos no pagados. Hacienda lo toma alegremente como algo menos de un «pasivo contingente».

Loa datos ilustran sobre el mercado cambiario nacional: un precio que no lo determina el mercado sino la relación de empujes entre dos actores dominantes, aunque el relato predominante es la ficción de que el dólar «vale lo que el mercado diga».

¿Es de mercado el tipo de cambio?

No, y ya ni el propio FMI insiste en sostenerlo. El mercado de divisas costarricense (Monex) es pequeño frente al tamaño de la economía, apenas alrededor del 10% del PIB en volumen anual negociado. Y dentro de ese mercado ya pequeño, el Banco Central compró más del 70% de todo lo transado en los últimos tres años. De ese porcentaje, cerca de la mitad correspondió a comprar dólares para que el propio sector público pagara sus cuentas: combustibles de Recope, deuda externa, gestiones de reserva del BCCR y obligaciones de instituciones autónomas. Del otro lado, la oferta de dólares responde cada vez más a un solo motor: el pago de planillas y la repatriación de utilidades o reinversiones de las empresas de zona franca, un régimen que en tres décadas pasó de representar 1% del PIB a 15%, y que hoy genera 65% de las exportaciones de bienes del país. Turismo también juega pero no en las grandes ligas.

Un mercado donde dos actores explican la abrumadora mayoría de las transacciones no fija un precio «de equilibrio» en el sentido de los manuales: construye un precio entre ellos, y el resto, esto es, los agricultores, hoteleros, industriales que no están en zona franca, simplemente toman ese precio, poco influyen en él. Así tenemos una apreciación acumulada de 35% en 49 meses consecutivos que permite por ejemplo viajar, comprar autos de amplia gama, o comprar algunas cosas en línea y en la frontera con Panamá. No hace falta ninguna teoría de la conspiración para explicarlo: basta con los números ya dichos de quién compra y quién vende.

Los riesgos mayores de hoy

Identifico cuatro, y están entrelazados. El primero es la deflación persistente: diez meses consecutivos de variación interanual negativa de precios, casi tres años por debajo del rango de tolerancia del Banco Central. Esto encarece en términos reales las deudas en colones y comprime los márgenes de sectores que no pueden bajar salarios nominales.

El segundo es fiscal, y lo señala el propio FMI: la deuda del Gobierno Central superó 60% del PIB en 2025 y seguirá subiendo en 2026, sin considerar la deuda con la Caja. El problema es que ese «quizás lo pago, quizás no» es, en sí mismo, una forma de indisciplina fiscal disfrazada de prudencia contable.

El tercero es sobre el propio tipo de cambio: hay un expediente legislativo presentado en agosto pasado que autorizaría a Hacienda a colocar hasta US$13.500 millones en eurobonos entre 2026 y 2034, con un objetivo declarado de sustituir deuda interna en colones por deuda externa en dólares. Para pagarle a los tenedores de deuda interna, esos dólares tendrían que convertirse a colones, lo que impulsaría una apreciación adicional.

El cuarto riesgo es la propia delgadez, poca profundidad,  y concentración del mercado. Cuando dos actores explican la mayoría del volumen, lo que implica cualquier sacudida, a cualquiera de los dos, se transmite al precio con una fuerza que un mercado profundo, con cientos de participantes independientes, jamás permitiría.

¿Agrava esto la relocalización productiva de Estados Unidos?

Sí, y de una manera que ya dejó de ser hipotética. Desde abril de 2025 Costa Rica enfrenta un arancel estadounidense que subió de 10% a 12,5% en julio de este año. Intel y Qorvo ya anunciaron trasladar manufactura desde Costa Rica hacia Asia.  Tamaña torta, sí, torta de la que mató a Panda, hasta la propia cámara de zonas francas (Azofras) ya atribuye parte de esos cierres y ajustes al tipo de cambio apreciado. Ojalá Boston Scientific no se mueva.

Es decir: un motor central que generó la abundancia de dólares que aprecia la moneda está empezando a ser víctima de esa misma apreciación, junto con la agencia que la ha promovido, Procomer. No es un ciclo que se autocorrija de forma automática ni sin trauma. La relocalización productiva estadounidense pensábamos que podría  traer más inversión de «friend-shoring» y profundizar la apreciación. Lo que puede ahora es retirarla de forma desordenada, como ya ocurre con casos puntuales. Cualquiera de los dos caminos se traduce en movimientos del tipo de cambio más abruptos de lo que la economía real puede digerir sin daño.

El resultado neto de todo esto es que el precio del dólar en Costa Rica hoy lo deciden, en proporciones cambiantes, un Ministerio de Hacienda que no termina de definir qué debe a la Caja, un Banco Central que compra sesenta de cada cien dólares que se negocian, y  juntas directivas muy lejos de acá que deciden si cierra una planta, por ejemplo, en Heredia. De mercado, en el sentido en que mis viejos y nuevos libros de texto usan la palabra, tiene bastante poco.

Libro que reúne la colección de artículos disponible en AMAZON

Sobre el malestar y las respuestas ofrece una mirada clara y rigurosa a los desafíos actuales de Costa Rica, reuniendo artículos que combinan reflexión accesible, perspectiva histórica y propuestas realistas para comprender el país con serenidad y criterio.
Estas páginas recorren asuntos que van desde la gobernabilidad, la institucionalidad democrática y la seguridad ciudadana, hasta reflexiones más amplias sobre la posición de Costa Rica en un mundo en transformación.
Más que una recopilación de artículos, este libro es un testimonio de pensamiento comprometido y un llamado a ejercer la ciudadanía con información, criterio y responsabilidad. Publicados entre 2022 y 2025., los textos de Miguel Gutiérrez Saxe constituyen un análisis crítico y realista de la realidad costarricense.
Su autor, Miguel Gutiérrez Saxe, reconocido investigador y analista de larga trayectoria, aporta una voz experta, rigurosa y profundamente comprometida con el bien público.
La Revista CR, medio independiente dedicado a la opinión, la cultura y el análisis nacional, impulsa esta obra como parte de su misión de fortalecer el pensamiento crítico y promover una ciudadanía informada.