Miguel Gutiérrez Saxe – Gobernar: choque del gobierno central con la institucionalidad y la realidad política (Podcast)

El gobernante aún no entiende la institucionalidad, sino que cualquier límite que interponga, lo considera una agresión intolerable por parte de  poderes o instituciones, producto de una enemistad personal, o de una maniobra política.

Miguel Gutiérrez Saxe

En el anterior artículo/podcast “Tormentas y alegrones” intenté sintetizar algunas premisas económicas, sociales y fiscales en las cuales se desarrollan los acontecimientos. Un verdadero enjambre de incertidumbres amenaza al mundo y a nuestro pequeño país, que no puede siquiera influir en muchos de los factores determinantes de la situación. La gente no celebra, se trata de acomodar de cualquier manera, sobrevivir, algunos con mejor suerte, pescan en rio revuelto. El gobierno celebra, alegremente, la apariencia de algunos indicadores seleccionados, mientras muchos crujen.

Nos quedaron las premisas para volver y trabajar el claro choque entre poder ejecutivo y la  institucionalidad. Es un tiempo apremiante y muy crítico, que demanda un gobierno capaz de ver claro, pensar sereno y actuar firme, siempre en respeto a la legalidad y que articule, con persuasión y directrices claras,  a las instituciones. Un tiempo complejo que sugiere una recomendación básica: es indispensable colaborar ante amenazas tan graves, como en el tema de la inseguridad.

Rodeados de tales incertezas, con una institucionalidad descoyuntada y en un marco fiscal crítico y de restricción del gasto de aquí al 2030, un gobierno en muchas ocasiones muestra un deprecio flagrante, o desconocimiento de la ley y la Constitución.

Aún no queda claro el programa del gobierno, es evidente que no tiene propósito de lograr el mayor bienestar para todos, también que su estilo apunta a preparar y formular intervenciones muy puntuales e interesadas, que perjudican a muchos y benefician a muy pocos, cuando logran desplegarse. Muy pocas de esas iniciativas logran ejecutarse por defecto de diseño, o de habilidad política.

Solo tiene una minoría que se desgrana en el  legislativo; no muestra un equipo estable y preparado, cambia con mucha celeridad y es débil en sus competencias.

El gobernante aún no entiende la institucionalidad, sino que cualquier límite que interponga, lo considera una agresión intolerable por parte de  poderes o instituciones, producto de una enemistad personal, o de una maniobra política.

No hay que buscar un propósito de  racionalidad de construcción de una fuerza política a futuro. Lo que cuenta es el humor de una cabeza, a la que es mejor no enfrentarla siendo amigo, o adversario. La popularidad lograda por empatía con el malestar se diluye, pues no hay entrega de resultados, ni coherencia en las acciones. El gobierno ya no es compañero de causa; es responsable de la situación, es causa de malestar. Pero además es agente de engaño.

Tampoco se entiende los límites y las atribuciones del presidente de la República: no puede dar órdenes a una junta directiva, no puede nombrar, ni destituir juntas directivas. No está por encima de la ley, aunque sus consejeros son propensos a buscar torcer e interpretar la legislación y ponerlas al servicio del estilo de intervenciones puntuales e interesadas. No puede someter a un auxiliar de la Asamblea Legislativa, como lo es la Contraloría General de la República, que tiene como obligación vigilar la Hacienda Pública; pero tiene absoluta independencia funcional y administrativa en el desempeño de sus labores. Los órganos de control no pueden cogobernar; el cómo lo dice la ley, reglamentos y otras disposiciones. Un equipo con competencias y destreza sobre cómo y puede abreviar procesos sin incurrir en riesgos (administrativos y penales)  innecesarios al incumplir la ley.

Espero que se abra paso al entendimiento y al respeto.

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