Miguel Gutiérrez Saxe

En estos tiempos de colón fuerte y cambios en la estructura productiva aún más fuertes, aunque muy paulatinos, pero a ratos muy acelerados, conviene hacer un repaso histórico sobre nuestras experiencias en materia de desarrollo de largo alcance, sin recurrir a atajos que nos separan de la inclusión del mayor número. Siendo más esperanzados, tanto como lo ofrece nuestra Constitución, el bienestar de todos.

Atajos que nos separan de esa oferta que nos amalgama en una nación. Ahora que pareciera solo valen las opiniones de los expertos de altísimo nivel de los organismos financieros, sin importar el fundamento de sus conclusiones, sino su investidura o autoridad, me viene a la mente el recuerdo de una revisión radical de alguna política aplicada a todo un continente, que resultó desastrosa.

Sí, recuerdo un documento en el que un experto del Banco Mundial abordó la política del Banco Mundial en materia educativa en África, a principios de los años noventa.  Sí, una revisión crítica de la política aplicada ¡en toda África y más allá!

La política que fue criticada se basó en un análisis de costo beneficio, con el cálculo de la tasa interna de retorno. Esta tasa se calcula sobre la base de supuestos que permiten contrastar lo que se invierte contra lo que se presume puede generar en beneficios a lo largo de muchos años. Una aproximación muy limitada, como esa, mostró que la tasa interna de retorno de la inversión en educación básica era más rentable.

Un estudio simple que concluyó que la tasa interna de retorno de la educación por nivel educativo los llevó a excluir el financiamiento de la educación superior y concentrarse exclusivamente en la educación primaria y secundaria. De ahí el BM estableció que no era de interés para el BM financiar el nivel terciario. Se excluyó cualquier préstamo a países para financiar la infraestructura de cualquier tipo para la educación terciaria. Por muchos años esta política fue aplicada por el BM y otros organismos financieros internacionales, hasta que alguno reparó en los graves daños que esto causaba.

La rectificación comenzó a darse a partir de la revisión crítica que mencioné y que llegó a la conclusión contraria. El nuevo estudio reconoce que el BM confió demasiado en la tasa interna de retorno y que la política aplicada de exclusión del financiamiento de la educación terciaria, lejos de generar un mayor beneficio para la sociedad, dejó sin mecanismos de reproducción a la educación básica, obligando a formar sus cuadros docentes fuera del país a costos mayores y profundos y negativos efectos en la educación y en las sociedades. El estudio lo realizó J. Salmi.  No fue despedido del BM. Hoy ocupa una muy alta posición en el BM, es el encargado de la Educación Superior para todo el mundo en el BM.

Lo que es lamentable es que algunos cuadros, pueden estar retirados, del BM siguen pensando y aplicando políticas basadas en la exclusión del financiamiento de la educación terciaria. ¡Errados y persistentes! Hablemso desarrolTambién son muy tristes las consecuencias del simplismo y el confiar en la autoridad de las fuentes y no en la revisión de los fundamentos. La primera falacia que figura en muchos libros de lógica es la falacia ad vericundiam, o de autoridad. En ciencia los nuevos hallazgos, realizados con rigor, modifican las conclusiones, aún de las que fueron y son sustentadas por la mayor autoridad política, o científica.

Cualquiera podría decir que en la reforma educativa a fines del Siglo XIX se eliminó la única universidad del país en aquellos años y nada se descalabró. Efectivamente, se eliminó la universidad de Santo Tomás, junto con la expulsión del obispo Thiel y los jesuitas del país.  Esta universidad tenía 23 estudiantes y pocas carreras, algunas de ellas continuaron funcionando. De hecho, nuestra educación era muy rudimentaria, escasa cubertura, los centros no tenían directores, se enseñaba sólo a leer, escribir, contar y rezar, no había división por grado, no existía un cuerpo de supervisión, ni juntas escolares, ni participación de los gobiernos locales, ni una autoridad central operativa. Las autoridades de Costa Rica impulsaron una reforma educativa de gran calado, entre los años 1886-1892, que cambió todas estas características. Pero además trajo profesores de fuera del país, y fundó el Liceo de Costa Rica y el Colegio Superior de Señoritas, centros que muy pronto tuvieron secciones normales para formar profesores y maestros, estimuló la producción de textos.  La formación docente estuvo en manos exclusivas del estado y luego de la Universidad pública estatal, hasta 1975 (esto da para otro artículo).

La reforma fue toda una ruptura, pero, a su vez, fue muy coherente con algunas orientaciones del país que se habían impulsado en la educación, desde la misma fundación de la República. Recomiendo al lector la obra de Iván Molina La educación en Costa Rica de la época colonial al presente, especialmente el capítulo Reforma educativa y resistencia ciudadana (1886-1892).

Una reforma envidiable y envidiada que produjo impactos tremendos en la economía, la sociedad y la cultura del país. Rápidamente propició la consolidación de la identidad nacional y el país tomó ventaja, en la región y más allá. Un grupo de expertos criollos, nada ajenos al conocimiento universal, supieron diseñar e implementar esta reforma, sin simplismos, ni simplificaciones.

 

OTRAS PUBLICACIONES DE MIGUEL GUTIÉRREZ SAXE

Por Miguel Gutiérrez Saxe

Miguel Gutiérrez Saxe. Economista de formación, fundador y director del Proyecto Estado de Nación por más de 20 años y actual colaborador. Partidario del poder suave.