Miguel Gutiérrez Saxe – “Aportes y criterios”

En el año 2016, en plena discusión de la reforma fiscal, que terminó aprobándose en el 2018 y entró en plena vigencia en los siguientes dos años, muchos coincidimos en señalar su necesidad y urgencia. En aquella situación expresé que un pacto social avanzado y un sobresaliente comportamiento ambiental fundamentan la convocatoria, la constitución de la nación costarricense. Los retos del día son preservarlos y con ellos la cohesión del país. Estos retos deben enfrentarse en tiempos de una situación fiscal apremiante e insostenible dentro de un contexto de una insuficiente gobernabilidad, malestar y desconfianza.

La reforma resultó tardía, parcial e insuficiente. Tardía pues se dio después de esperar desde 1995, fecha en la que fue aprobada una reforma también parcial al Impuesto sobre la Ventas y al código tributario. Un proyecto de reforma fiscal se presentó con el nuevo Siglo, fue dando tumbos por casi dos décadas hasta que finalmente fue aprobado. Parcial, pues el proyecto fue dejando de camino componentes importantes en cuanto a normas e impuestos, aunque incorporó la Regla Fiscal, radical y escalonado instrumento de contención del gasto. Insuficiente poque cuando se aprobó fue con algunos nuevos ingresos, pero con el nivel de endeudamiento del país a punto de llegar al 60% del PIB. En este escalón la Regla solo autoriza un incremento bastante menos que proporcional al crecimiento del PIB, esto es, obliga a reducir el nivel proporcional del gasto público.

Esta Regla Fiscal es central a la reforma y constituye su característica fundamental: no se basó en un incremento de los ingresos sino en control del gasto. La Regla no se limitó al Gobierno Central sino que quiso abarcar todo el sector público, incluyó a empresas e instituciones que no dependen del presupuesto nacional, o que lo hacen solo parcialmente. Finalmente, algunas de estas instituciones y recursos se están sacando de la Regla sin afectar los balances fiscales del gobierno.

A este punto, el incremento esperado de los ingresos fiscales es lento y no se puede esperar que crezcan con celeridad, en el tanto los actuales sectores más dinámicos de la economía están exentos de impuestos. Pero los gastos primarios siguen sometidos a un férreo control. Lo que sí crece con celeridad son los intereses y amortizaciones de la deuda, su crecimiento no tiene Regla, lo que estruja el resto del gasto del gobierno. Entonces vemos que, a pesar de estar congelados los salarios del sector público desde hace más de tres años, las becas estudiantiles y otros programas de equidad del MEP se recortan, lo mismo que los presupuestos para inversión, e incluso para mantenimiento elemental de la infraestructura vial. Las compras del gobierno están en niveles inferiores a las más elementales necesidades de funcionamiento. Estamos frente a un presupuesto nacional bajo condiciones de estrujamiento creciente y sin esperanza de tener algún alivio en los próximos 2, o 3 años.

Cuando se aprobó finalmente la reforma fiscal, se argumentó mucho sobre las enormes ventajas que tendría el uso de los eurobonos para cambiar deuda cara por deuda barata y así aliviar los estrujamientos del presupuesto desde la deuda, y pasar a un escalón más moderado de la Regla Fiscal. Esa pretendida ventaja de los eurobonos chocó con las condiciones internacionales de inflación y subida de tasas de interés locales y externas. El negociazo de convertir deuda interna en externa se esfumó, la generosa aprobación legislativa de colocar eurobonos poco ha servido para aliviar el servicio, aunque sí ha mejorado los plazos de vencimiento.

Incrementar el endeudamiento externo permitiría al gobierno entregar resultados en materia de infraestructura. Esto incrementaría el nivel de deuda lo que, a su vez, prolongaría la estadía en el escalón más restrictivo de la Regla Fiscal. Tiene como problema la enorme dificultad de aprobación en la Asamblea Legislativa porque el oficialismo no tiene los votos para tramitar empréstitos; estos solo son aprobados por mayoría calificada, 38 votos. Además, el clima de relaciones ejecutivo- legislativo no sirve a este propósito.

La otra vía es el incremento de la escasa carga tributaria nacional, lo que choca para ser aprobada con la misma dificultad de correlación de fuerzas en el congreso. Las señales que se tienen, por lo pronto, indican que las fracciones creen falsamente que la carga tributaria en Costa Rica es muy elevada. Solo una fracción da muestras de que dependiendo del tipo de impuesto y a quién afecte pueden considerar apoyar una iniciativa oficial de incremento de la carga.

Estamos en una situación de bloqueo, como el que nos llevó hace pocos años al borde del abismo y que dejó el terreno saturado y listo para un derrumbe de grandes proporciones y daño terrible a nuestras instituciones y al mayor bienestar a todos los habitantes.

Quisiera encontrar un sincero propósito de nuestros gobernantes para hacer suyas aquellas palabras de Juan Mora Fernández en su mensaje al Congreso en 1828: Deseo que el Estado sea feliz por la paz, fuerte por la unión y que sus hijos corten cada día una espiga más y lloren una lágrima menos.