Miguel Gutiérrez Saxe

Un verdadero enjambre de incertidumbres amenaza al mundo y a este nuestro pequeño país que no puede siquiera influir en muchos de los factores determinantes de la situación.

Rodeados de esas incertidumbres, con una institucionalidad muy mal articulada, no por diseño sino por ejecución espuria, en un marco fiscal crítico y de restricción del gasto de aquí al 2030, cabe preguntar cuál será el rumbo. Hace como dos siglos, Kelvin señaló: “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.”

Quien no sabe para dónde va, le viene bien cualquier camino. La rendición de cuentas para que tenga sentido supone saber para dónde se va. La rendición de cuentas, que comento, es sobre la acción pública y debe hacerse de manera exhaustiva y veraz, si se cumplió con el servicio público, si se atendió a la población con buen trato y de manera no discriminatoria, si se actuó de manera honrada y de no ser así, si los responsables fueron sancionados. Lo otro es rendición de cuentos.

Rendición de cuentas, pero ¿a partir de qué definición? Habría que descartar el programa de gobierno, por lo engañosa, por su escasez y por la poca especificación. También habría que descartar el PND por quedarse en el detalle, por su rigidez e invariabilidad y nula previsión de perturbaciones, por su selección de objetivos que no dependen del gobierno como tal y por su nulo trato sobre los temas de gobernanza, bajo condiciones de un gobierno con una cuarta minoría en la Asamblea Legislativa. Las rutas propuestas por el gobierno, guías estratégicas para los lectores de estrategia, se chotearon porque resultaron trochas con todos sus defectos, además, en se anunciaron solo para pocos asuntos. Nos queda la Constitución y la ley, pero solo como marco normativo, no como objetivos y metas del periodo.

Habrá que suponer la existencia de una propuesta inspiradora, e indagar sus contornos.

Entonces, tendríamos primero que adivinar la voluntad del gobernante, o su humor, y del gobierno, que pareciera ser lo mismo en este cuatrienio. Quizá el método tendría que ser descubrir por sus actos y por los cuidados de los miembros de gabinete, no de los muchos que salen, sino del núcleo duro y puro de los que se quedan. Muy sólido por lo demás, salvo por algún amador.

Una forma de aproximar la voluntad del gobernante podría ser conocer las entrevistas a los candidatos a puestos que pasaron la prueba, presumiblemente tuvieron que hacer algún juramento de lealtad a la figura y a algún objetivo, y quizá aceptar algunas restricciones, o líneas rojas que no debería cruzarse. Hasta cualquiera pensaría que podría ser importante tener otra nacionalidad como para no temer enfrentar juicios, muchos años después, por sus violaciones a la ley, en cumplimiento de la lealtad al gobernante. Sabemos de sobra que la capacidad y la destreza y experiencia en el asunto específico, o del marco jurídico no fue criterio para la selección, por los hechos y los resultados, salvo contadas excepciones.

Pero adivinar un mapa completo de las rutas por las acciones se haría muy especulativo, aunque es claro que hay asuntos generales establecidos, como no contradecir al gobernante, ni en público ni en privado, no violar la confidencialidad, obedecer órdenes directas sin preguntar sobre su legalidad. También hay asuntos sustantivos establecidos: contraer la inversión social en seguridad social, educación y protección social y aceptar sumisamente los recortes. La trocha del arroz. Bloquear el nuevo hospital para Cartago, detener por un tiempo prudencial los proyectos de infraestructura en proceso para concluirlos oportunamente con una inauguración a todo trapo. Si el atraso es mucho pues se corta el rabo. Si se presenta alguna resistencia a la línea, recordar la CCSS, pues se corta el rabo, incluso al jerarca mejor calificado. Someter o eliminar supuestos reductos de administraciones pasadas, que desarrollan políticas públicas estratégicas como FOD, CINDE sin una alternativa pública que sustituya con celeridad la función abandonada. Preparar condiciones de ineficiencia de algunas instituciones para su eventual desprestigio y posible privatización parcial o venta. Estabilidad a todo costo, aunque se les vaya la mano con inflaciones negativas y tipo de cambio que afecta la competitividad.

Se confiere responsabilidad a gente sin juicio formado y destreza y se le establece algún criterio de evaluación, pero se reserva la posibilidad de intervenir en asuntos de detalle. Por ejemplo, dejar de tener números rojos en la operación del ICE, por lo que se hacen intentos como desmantelar las plantas térmicas, no recurrir a generadores privados, vender electricidad internacionalmente cuando se conoce la recurrencia del fenómeno de Niño que traerá sequías. Algunos son contrarrestados por valoraciones técnicas fundamentadas, otras siguen su curso. Pero el que siembra vientos recoge tempestades. Y en estos días hemos asistido a la danza de los apagones que se anuncian y retiran. La soledad se adueña del jerarca a la espera del golpe de gracia.

La disciplina estratégica no puede ser tan rígida, quizá, se toleran algunas muy pocas desviaciones porque el gobernante es persuadido de las ventajas de una política monetaria restrictiva, la ausencia de controles de la cuenta de capitales, o sobre el uso (abuso) de una herramienta como el referéndum. Hasta que ya no se puede.

Luego de esta somera descripción se puede llegar a la conclusión de que el rumbo general lo traza la aplicación del ajuste estructural ortodoxo, el original del Consenso de Washington, el fracasado por recesivo, severo e improductivo: estabilidad, apertura internacional y atracción inversión foránea, sacar o minimizar al estado de actividades productivas y de servicio social, apertura y liberalización financiera y de precios en general. Pero con un ingrediente adicional: los humores, intereses económicos y políticos, y los resentimientos del gobernante.

Como que es hora de repensar las reformas al funcionamiento del estado que fortalecieron el reparto de puestos en las instituciones y crearon las presidencias ejecutivas de las autónomas. El país tendría que utilizar las disposiciones constitucionales y de ley, en desuso, que establece un instrumento dinámico que sirva para definir, medir, mejorar, evitar la degradación y articular el esfuerzo de las instituciones públicas y orientar y dar confianza a los privados. Se llama sistema nacional de planificación.

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Por Miguel Gutiérrez Saxe

Miguel Gutiérrez Saxe. Economista de formación, fundador y director del Proyecto Estado de Nación por más de 20 años y actual colaborador. Partidario del poder suave.