Miguel Gutiérrez Saxe

Hablemos de lo de ahoritica. En el anterior artículo/podcast encontraba que un repaso histórico sobre nuestras experiencias en materia de desarrollo de largo alcance, era de mucho interés y utilidad. Sin embargo, hay situaciones en las que las respuestas de corto plazo pueden torcer el camino, si se quieren tomar atajos que terminan por dañar a muchos. Esa es la situación de ahora.Debo partir de la actividad de la Revista, Martes ciudadano, sobre los gobiernos de austeridad, cuyo video está próximo a publicarse. A partir de cuatro muy fundamentadas exposiciones de expertos calificados, quedó claro que estamos en una situación muy distinta a la del 2018: Tanto la pandemia del COVID 19, como la incertidumbre sobre si el país saldría adelante, van quedando atrás. La incertidumbre sobre la aprobación de la reforma fiscal se despejó, luego de su aprobación, a fines del 2018 para terminar de desplegarse en los dos y pico siguientes años.

La reforma fiscal fue tardía e insuficiente, basada principalmente en la contención del gasto, expresada en una regla fiscal, centrada en la relación deuda/PIB. Si la regla tiene defectos, su aplicación es aún más perversa: se aplica el porcentaje de limitado crecimiento del gasto a todos por parejo, sin auspiciar algunas prioridades, o necesidades. El FMI ha insistido en incorporar un componente de incremento de ingresos, como quedó establecido en el acuerdo con el gobierno, pero esto no ha sido posible en el marco de un sistema político con escasa legitimidad y con la sombra de la corrupción rodeándolo.

También se recorre el camino de localizar deuda externa, supuestamente más barata, que ha sido un recurso para mitigar  la insuficiencia de ingresos. Lo llaman refuerzo del balance fiscal. Adicionalmente, la autorización legislativa para emitir 6000 millones de dólares no ha sido revisada y año con año se emiten eurobonos.  Supuestamente esta autorización  iba a permitir comprar deuda cara (en colones) con recursos de deuda barata (en dólares). Un dólar depreciado en más de un 20% y las altas tasas de interés internacionales vigentes le robaron toda la ventaja al negocio. Ya no es más barato el endeudamiento internacional, ni compra tantos colones como se calculó inicialmente.

El efecto es incrementar la cantidad de divisas disponibles, que el BCCR absorbe parcialmente; el colón se fortalece por la abundancia de dólares. Casi todos los sectores resienten directa y rudamente  el colón fuerte: turismo, exportaciones, buena parte de la construcción, las zonas francas, el fisco en casi todos sus extremos, la actividad industrial,  etc. Beneficia la compra de autos y los viajes al exterior. Podría beneficiar al comercio pero la demanda no tiene vigor por el nivel de precios alcanzado. El IPC puede ser negativo en este año, pero lo perdido en  años anteriores no se ha recuperado, especialmente en las canastas de consumo más básicas. Por otro lado, en general  quienes tiene acumulado un poco, lo tiene en dólares y posiblemente fuera del país. Así que tampoco les favorece.

El otro camino ha sido comprimir el gasto público, para hacerle espacio al creciente pago de la deuda, que se lleva algo más de un tercio de la carga tributaria. Los salarios del sector público están congelados desde el inicio de la pandemia. Entonces, ahora se restringe la inversión social focalizada (combate a la pobreza) y también la inversión en educación y salud. Menos becas a estudiantes, más restricciones a las ayudas sociales,  la más baja inversión en educación en 10 años y cada vez más lejos del 8% constitucional, y el impago de las obligaciones del estado con la CCSS. La regla fiscal exceptúa el régimen de enfermedad y maternidad, pero igual el gobierno aplica  una restricción mayor, al incumplir con sus obligaciones.

Se les olvida que la inversión social en Costa Rica es un mecanismo de redistribución de ingresos formidable, tanto que mejora el índice de Gini en 12 puntos porcentuales. No calculan que el malestar pasará una mayor y más incluyente factura al sistema político, cuando ya no se pueda decir y poner cara de  yo no fui.

La perspectiva es una sendero de restricción del gasto por varios años, algo así como la deuda eterna y la restricción sin fin, esto es un ajuste por tiempo indefinido. Este es el atajo que no hay que tomar y que daña a mucha gente.

Para cambiar esa ruta dos asuntos tiene mucha importancia y urgencia: revisar la regla fiscal, incluido su ámbito de cobertura, porque se metió sin sentido muchos entes que tienen sus ingresos, no presionan el gasto del gobierno central y hoy tienen problemas severos. O porque afectan temas muy sensibles para todo y no representan una porción siquiera significativa del gasto del gobierno como es el asunto de la seguridad. Lo otro es entrarle al tema de ingresos frescos y mayores  para el gobierno. La verdad es que con un punto adicional de carga tributaria en el 2010, no estaríamos en estas.

Vivimos tiempo de austeridad que nos distancia del desarrollo, del bienestar del mayor número  y de la paz en el país.

 

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Por Miguel Gutiérrez Saxe

Miguel Gutiérrez Saxe. Economista de formación, fundador y director del Proyecto Estado de Nación por más de 20 años y actual colaborador. Partidario del poder suave.