Miguel Sobrado:  Del premio Nobel de Economía al premio Prometeo al Desarrollo

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Miguel Sobrado, Sociólogo, catedrático UNA.

Este año se le adjudicó el premio Nobel de Economía, por sus estudios para reducir la pobreza, a tres investigadores: dos del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y uno de la Universidad de Harvard. Desde estos prestigiosos centros desarrollaron, en varios continentes del mundo, estudios comparativos para medir la eficacia de las intervenciones técnicas para reducir y mitigar la pobreza. Se trata de un esfuerzo sostenido a lo largo de muchos años que señalan senderos de mejoramiento de las técnicas y métodos utilizados en la ejecución técnica de programas de educación, salud, etc. Un premio, que sin duda se han ganado por su constancia y compromiso, así como por el respaldo de las instituciones patrocinadoras, que contribuirá a mejorar los enfoques tecnocráticos.

Este premio me hace pensar, sin embargo, en que no existe uno adecuado para los logros del desarrollo integral que dinamice e involucre la comunidad, como la conocida experiencia del Dr. Ortiz Guier y su equipo de trabajo en el “Hospital sin Paredes” en la década de los 70 y 80 del siglo pasado en cinco cantones, que trascendió con creces lo meramente técnico.

Fue tan sui generis que en poco tiempo mejoró los índices de salud y bienestar de las comunidades basada en la organización e incorporación activa de las comunidades. Se crearon alrededor de 160 puestos de salud que generaron una gran práctica cívica. Lo que empezó siendo actividades preventivas por parte de la comunidad como la construcción de letrinas y acueductos, terminó siendo un proceso de construcción de caminos, de creación de organizaciones cooperativas y de bienestar.

El programa empezaba promoviendo la formación de enfermeritas  para levantar el censo de salud de cada comunidad. Los resultados eran analizados por los médicos conjuntamente Comité de salud, poco a poco se ubicaban tanto las causas. A partir de ahí se diseñaban las soluciones de prevención, para atender las causas ambientales, la carencia de infraestructura y de organización económica y social. De tal manera se ubicaban los factores inmediatos de contaminación del agua o la falta de letrinas, al  mismo tiempo que se reforzaba la organización y cooperación en la construcción de caminos para lograr mejores ingresos y servicios. Como los datos de mortalidad infantil indicaban que esta se concentraba en los hijos de los peones que no recibían salario mínimo, se generó un clima de opinión e iniciativas para enfrentar el problema.  En otras palabras, partiendo de los problemas y necesidades de la salud comunal, se fue gestando poco a poco una organización cívica, bien informada y documentada, con amplia iniciativa ciudadana.

Hay que recordar que el Hospital sin Paredes, había construido un centro de información, dirigido por el doctor Serra, con gran detalle sobre los problemas de salud en los cinco cantones. Esta información era manejada por cada comité de salud, que además la información de cada casa, tenía un  plano de la comunidad donde se colocaban banderas de colores destacando los problemas existentes. Los equipos médicos eran realimentados con esta información, para priorizar y concentrar los esfuerzos técnicos. De tal forma si bien el liderazgo médico partía del equipo del Hospital, su práctica era reorientada y enriquecida  por los comités de salud locales, generándose de esta interactividad entre equipo médico y comités de salud un nuevo poder de acción en el ámbito preventivo, que trascendía las soluciones médicas tradicionales, transformando el medio ambiente. La acción de los comités de salud adquirió estimuló la organización comunal y productiva contribuyendo a apoderar las comunidades de organización.

En este sentido, al igual que el mítico héroe Prometeo condenado por los dioses a un suplicio eterno, por haber facilitado a los humanos el fuego, el Hospital sin paredes trascendió la disciplina afincada en el consultorio, y le dio poder sobre la salud a las comunidades creando un sistema innovador y transformador. Una vez apoderadas de conocimiento y organización  las comunidades utilizaron esa herramienta, como el fuego prometeico, en todos los ámbitos de la vida social y productiva.

Por eso es que empecé este artículo señalando que el premio Nobel centrado en los estudios micro, se queda muy corto para las tareas de tipo prometeico, como las que realizó el Hospital sin Paredes.  Basta señalar que éste último creó un censo permanente de salud, para orientar las aplicaciones técnicas y corregir los errores, sino que lo hizo instruyendo e incorporando a la gente organizada en la solución de sus problemas. Un sistema de participación que además los preparó, para la vida democrática y republicana.

He destacado el conocido ejemplo del Hospital sin Paredes, por su capacidad de involucrar y organizar a la gente, como un ejemplo de las limitaciones tecnocráticas que atenazan el premio Nobel de economía y la necesidad de que la Naciones Unidas creen un premio al desarrollo que abra senderos acumulativos.

Experiencias basadas en la organización y participación de los grupos y comunidades en ámbitos comunales y productivos producen frutos en muchas partes del mundo, especialmente en el ámbito de las formas asociativas y cooperativas, eso sí, ahí donde no existe el tutelaje político clientelista que mancille la autonomía y destroce la creatividad, o logran romper el cerco de poder.

La metodología de capacitación masiva promovida por el brasileño Clodomir Santos de Morais que se ha aplicado, con gran éxito en diversas partes del mundo tiene un historial de éxitos registrado en tres continentes. El libro “Un futuro para los excluidos” de la EUNA documenta gran parte de la experiencia en siglo pasado. Actualmente en Sur África se aplica en el desarrollo comunal con resultados destacados ver: www.seriti.org.za en 46 cantones de 6 provincias y en nuestro país, además de la experiencia inicial en la gestación de cooperativas de autogestión agrícola en los 70 y 80s, más recientemente con productos tangibles en el proyecto Germinadora en la zona sur, ver vídeo.

Este tipo de experiencias de carácter integrador, que pueden potenciarse con la nueva tecnología de la información merecen un premio internacional destacado, que no tiene que ser de millonario en dólares, basta un reconocimiento y estímulo moral. Propongo crear el premio Prometeo, a la organización y poder ciudadano, que profundice la democracia rompiendo las cadenas del clientelismo.

 

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