Mohamed ElBaradei: El Estados Unidos que necesitan Israel y Palestina

Joe Biden promised to make democracy and human rights central to US foreign policy. But that means not insisting on Israel’s right to defend itself without mentioning its expansion of settlements in occupied Palestinian territory, its policy of discrimination, and its denial of the Palestinians’ right to an independent state.

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Mohamed ElBaradei

VIENA – Para muchas generaciones de jóvenes árabes (la mía incluida), estudiar y trabajar en Estados Unidos era una oportunidad codiciada de experimentar libertades, posibilidades y el sentido de igualitarismo encarnado en el American way of life. Era una experiencia doblemente enriquecedora para quienes habíamos crecido en sociedades autoritarias o conservadoras. Poder pensar y actuar en forma independiente, libres de presiones sociales, era emocionante, y me entusiasmaba la idea de llevar a casa algunas de las enseñanzas que había aprendido de una democracia real, en particular el papel esencial de la libertad de expresión, la importancia de la sociedad civil y los beneficios excepcionales del empoderamiento de las personas.
Por supuesto, también era consciente de las falencias del sistema estadounidense, en particular la perpetuación del racismo y la desigualdad. No olvido las leyes de segregación racial en los antiguos estados confederados, ni el asesinato de Martin Luther King, quien había expresado los sueños de igualdad y dignidad de los afroamericanos. Pero confiaba en que el sistema democrático estadounidense tenía las herramientas necesarias para autocorregirse. Y sigo convencido de que es posible, por las grandes transformaciones que he visto en materia de valores, leyes y modos de pensar.
Lo que más me sorprendía era que Estados Unidos, un país que se enorgullece de su amor a la libertad y a la justicia, pudiera tantas veces seguir una política exterior hegemónica y represiva, de la que dan ejemplo las horrorosas guerras de Vietnam e Irak y el apoyo a dictadores despiadados. Cualquiera fuera la causa, la divergencia entre la imagen que tiene de sí Estados Unidos y su política exterior alentó una percepción ambigua del país en el mundo árabe y en otros lugares. Muchos jóvenes árabes querían obtener la ciudadanía estadounidense, pero casi todos detestaban la política exterior de Estados Unidos.
Árabes y musulmanes veían en el conflicto entre israelíes y palestinos la principal prueba condenatoria contra Estados Unidos. Era difícil entender por qué la empatía con el pueblo judío (totalmente justificada, en vista de las horribles atrocidades cometidas en su contra) debía convertirse en injusticia contra los palestinos. Con el tiempo, el sesgo estadounidense proisraelí se convirtió en materia de consenso en la política de los Estados Unidos; para muchos legisladores, apoyar a Israel es sinónimo de combatir el antisemitismo.
Todavía más peligrosa ha sido la dimensión religiosa del conflicto, que contribuyó a un creciente abismo entre los mundos musulmán y occidental. Luego la relación empeoró como resultado de las guerras de Estados Unidos en Medio Oriente, y tocó fondo con la decisión del presidente Donald Trump de prohibir el ingreso de viajeros musulmanes a Estados Unidos y con su «acuerdo del siglo» para la paz en la región: una oferta a los palestinos que profundizó la desconfianza, por ser mucho peor que todas las anteriores.
El reciente estallido de violencia entre israelíes y palestinos ha expuesto una vez más la arraigada sensación de humillación y rabia que existe no sólo entre los palestinos de los territorios ocupados, sino también entre los árabes israelíes y en todo el mundo árabe y musulmán. Por primera vez en mucho tiempo, hubo en todo el mundo un masivo apoyo popular (sobre todo entre los jóvenes) a los derechos de los palestinos.
Muchos esperaban que el gobierno del presidente estadounidense Joe Biden hiciera de la promoción de la democracia y los derechos humanos un elemento central de su política exterior. Pero esta esperanza no tardó en diluirse, cuando el gobierno de Estados Unidos repitió la cantinela de que «Israel tiene derecho a defenderse», omitiendo lo inocultable: la continua expansión de los asentamientos de Israel en territorio palestino ocupado, su política de discriminación, su negación del derecho palestino a un Estado independiente.
En lo personal, fue un hecho profundamente desalentador. En las últimas cinco décadas he visto a Estados Unidos adoptar una actitud casi culposa cuando se trata de sostener los derechos palestinos. Contemplo incrédulo cómo el pueblo judío, que tantos padecimientos soportó, es capaz de cometer con otro pueblo algunas de las mismas atrocidades que antes sufrió.
En tanto, Estados Unidos reparte dinero a diestra y siniestra en un intento de evitar más violencia en Gaza, pero no hace ningún intento de resolver las causas originales. Crece en el mundo árabe y musulmán el fervor militante contra la ocupación israelí, y el extremismo está en ascenso. Cuando pienso en esto, y en los 67 niños que perdieron sus vidas en el último estallido de violencia, me resulta difícil no caer en la desesperación.
Pero todavía percibo un atisbo de esperanza, y cierto consenso en torno de que un regreso al statu quo ante y al ciclo infernal de violencia es inviable. También percibo que comienza a darse en Israel, entre los palestinos y en todo el mundo árabe, una especie de examen de conciencia orientado a buscar nuevas salidas basadas en la coexistencia y en la aceptación mutua.
He trabajado codo a codo con israelíes y palestinos, y he visto a todas las partes manejar muy mal el conflicto en Medio Oriente por décadas. Sin embargo, todavía espero que Estados Unidos aproveche esta oportunidad y ejerza su influencia para aplicar a palestinos e israelíes por igual el Estado de Derecho que tiene por sagrado (y cuya importancia cardinal aprendí siendo estudiante en la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York).
Una postura estadounidense más ecuánime sería beneficiosa para los palestinos, para Israel, para la región y para el mundo. Si Biden consigue hacer los cambios necesarios en la política exterior estadounidense, entonces sí podrá decirse que Estados Unidos está de vuelta.
Traducción: Esteban Flamini

Copyright: Project Syndicate, 2021.
www.project-syndicate.org


Mohamed ElBaradei

Mohamed ElBaradei, Director General Emeritus of the International Atomic Energy Agency, is a Nobel Peace Prize Laureate.

 

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