Mundus est fábula (I)

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Ricardo Ulloa Garay.

Mundus est fábula

En un libro extraño una página me dice: “Me estás leyendo. No hay nada para ti en mi cuerpo. Me recorres esperando que te conceda algo, que me rinda a tu voluntad. Pero yo te leo mejor tu codicia me permite dominarte. Sigue leyendo; no te detengas. Quiero sentir que tu vista me recorre de los pies a la cabeza”.
Cierro el libro y alzo la mirada. El mundo se despliega ante mí, luminoso, blanco. Obedientemente, lo empiezo a leer.

Inauguración del zapato

Cuando lo vi estaba agazapado en la autopista, refugiado en los autos bajo el riel divisorio, con el aire de quien persiste ante el fracaso. Era de una lona azul desteñida y tenía la suela despegada. Pasé muy rápido; no pude saludarlo y se lo tragó la distancia.
Tiempo después lo volví a hallar. Esta vez navegaba en un lago como un bote sin rumbo, empujado por la brisa hacia una tierra de promesa. Ya no era azul sino verde, y no un zapato de lona sino una sandalia de hule.

En las playas del Pacífico lo he visto; a la vera de pequeñas carreteras lo he encontrado hecho de cuero esta vez, muerto de risa y sesteando entre los matorrales, con la piel ennegrecida, como un vagabundo que lleva años de viaje.

Vivir, me dice, es asunto de andar.

Escena de provincia

En la ventana de la joyería, los relojes marcan distintas horas. Las carátulas miran a los curiosos, que tratan de determinar el tiempo verdadero. Algunos escudriñan el cielo, otros preguntan; pero ninguno confía en los demás.
Tratan entonces de sacar promedios, pero la cifra no los convence. Seguros de que existe una hora real, siguen discutiendo con la esperanza de que alguna autoridad venga y la revele.Como es costumbre, el reloj de la iglesia está parado. Espera a que se aclaren los nublados del día.

En la quinta

Al final del jardín, Junto a la cerca y las margaritas, los arcoíris anidan.
Siempre delante de las tormentas grises, llenas de hilos eléctricos que baten el aire, bajan confiados en nuestra bondad, la cual dice: -Siempre creeremos en ellos. Su color es real, su arco es perfecto-.

Y los amamos sobre el blancor de las rosas, cuyos frágiles pétalos son todo lo que detiene la tormenta.

¿Qué son un día?

¿Qué son un día, un siglo, un segundo? Salas y aposentos hechos para nuestro paso. En cada uno me detengo y miro. Oigo sus silencios, cruzo su alfombra y la luz de su vitral, y llego hasta la nueva puerta, que es más maravillosa que la otra, y que brilla como un risco de acero. Podría perderme en sus nichos y concavidades y sus alas de dragón enjoyadas por artífices, pero debo cruzarla. Si acerco el oído, oigo voces borrosas al otro lado.

Una luz sin carácter se filtra por la cerradura. No promete nada. Esa es su única promesa.

El loco

Un árbol crece en la ignorancia: el loco lo dibuja en ella como un tronco con un bulto encima; a veces lo acompaña con nubes o una casa. Las nubes son azules y el cielo es blanco porque así son las cosas.

Su ignorancia sostiene la casa, el árbol y las nubes. Agrega ventanas, pero nadie se asoma, pues él no sabe quién vive en ellas. Si lo presionan, dirá algún nombre: Luis, Leonor, Papá. Si le preguntan qué árbol es, solo nos mira. Un árbol es un árbol.

Pero la pregunta lo cambia y el árbol renace con manzanas o naranjas. No importa cuáles, todas parecen naranjas.

Después se desentiende y llena el campo con padres, hijos, cornetas y vacas; luego aviones, marcianos y autobuses. Pero las nubes siguen siendo azules y el cielo blanco. Mientras tanto, él dibuja las cosas con sus actos. Nosotros, en cambio, dibujamos todo lo que no hemos logrado y ponemos ahí los barcos piratas, los submarinos, los palacios. Y el loco, para que todo lo aclare.

Hombre y perro

El perro que no está aquí ha sido dibujado en esta página. Como usted puede ver. Las cosas que uno sabe que no existen han existido ya de alguna manera. Como este perro hecho de luz y ausencia. Él acompaña a mi soledad, me da la limosna que un ser humano no me daría. No es un perro que no se puede notar. Nunca ha sido, pero de alguna forma ha existido en todos los perros que conocí antes. Cuando cae la tarde como una derrota, pienso que él araña mi puerta. No alucino; sé que eso no pasa. En el silencio de esta casa no se oye ese ruido ni el jadeo amistoso que él usa para indicar que quiere algo. Y, sin embargo, yo me siento reconfortado, casi como si creyera en su existencia como creo en la mía propia.

Lo he dibujado en esta página por el sencillo procedimiento de borrar de ella todos los perros que quisieron suplantarlo. Solo ha quedado su idea, mi pensamiento. Pronto prescindiré del papel, y él andará a sus anchas por la casa. Después prescindiré de la casa, y él y yo nos iremos por el mundo. Y, finalmente, el mundo prescindirá de nosotros, y seremos libres para ser la verdad más allá de nuestra existencia.

Los amantes

Entre el fantasma de las sábanas ellos buscan el fantasma del amor. El lino susurra, el lecho se queja y ellos son luz de luna en el silencio que les desdeña.

 


Mundus est fábula, Ricardo Ulloa Garay, Editorial UCR, 2015

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