Natalia Díaz: Cierre de locales comerciales

La confianza de los consumidores es otro factor clave para estimular el consumo. Este indicador es otro parámetro que viene decayendo semana a semana, y es evidente que la entrada del paquete fiscal introduce temores hacia el futuro económico del país. El consumo de bienes y servicios disminuye ante la incertidumbre que generan los nuevos tributos.

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Natalia Díaz Quintana.

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on suma preocupación hemos estado observando la gran cantidad de locales comerciales que semana a semana cierran sus actividades. Existe una verdadera sobre oferta por todo el territorio nacional, más acentuada en las regiones periféricas a la Gran Área Metropolitana. Los rótulos “se alquila” son frecuentes en el paisaje cotidiano de nuestras ciudades.

Entendemos que el decrecimiento económico que vivimos ha obligado a medianos y pequeños comerciantes a buscar nuevos rumbos de subsistencia. Sin embargo, esta situación se ha acentuado en los últimos 2 meses. La entrada en vigor del IVA, para gravar el alquiler de todo tipo de lugares comerciales de forma indiscriminada, por ejemplo, está promoviendo que una gran mayoría de emprendedores, profesionales y técnicos que ofrecían servicios, dejen la formalidad de sus empresas y prefieran refugiarse en sus domicilios particulares, trasladando las actividades productivas a la economía informal.

La misma CCSS ha informado que el número de afiliados como patronos y los asegurados ha decrecido en los últimos meses. Este es un buen indicador que enfatiza la peligrosa tendencia a la informalidad.

La confianza de los consumidores es otro factor clave para estimular el consumo. Este indicador es otro parámetro que viene decayendo semana a semana, y es evidente que la entrada del paquete fiscal introduce temores hacia el futuro económico del país. El consumo de bienes y servicios disminuye ante la incertidumbre que generan los nuevos tributos.

Otros factores no menos importantes son los cobros altos en tasas e impuestos municipales, que suman a las cargas sociales en las planillas; la declaración de renta, el impuesto a las personas jurídicas y un sin número de tributos menores que pagamos en el quehacer cotidiano de nuestras actividades diarias.

El país se ha vuelto un complejo entramado de pagos costosos como lo son el precio de los combustibles y de la electricidad comercial, cuyos costos crecen y encarecen aún más la producción nacional.

Si el paquete fiscal fue un paso duro, orientado a tranquilizar a las calificadoras internacionales de riesgo, su objetivo principal, que fue la reducción del déficit, no va a ser lo exitoso que los proponentes del gobierno esperaron del mismo.

No observamos tampoco políticas claras y contundentes para reactivar la economía, como es lo deseable y urgente en la actual coyuntura. No hay pasos firmes para abrir el mercado eléctrico y abaratar la electricidad, como tampoco entrarle al monopolio de RECOPE que permitiría, aunque sea levemente, el descenso en el precio de los combuatibles.

 


La autora es administradora de empresas y publicista, ha sido Diputada y Vicepresidenta de la Asamblea Legislativa 
Publicado originalmente en La República

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