Natalia Díaz: RCEP, el nuevo megabloque

Resulta que el 16 de noviembre, 15 naciones de países de Asia-Pacífico, otrora adversarios entre sí y protagonistas de guerras internas, suscribieron la creación de un megabloque, llamado la “Asociación Económica Integral Regional (RCEP)”, proveniente de sus letras de inicio en idioma inglés: Regional Comprehensive Economic Partnership.

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Natalia Díaz Quintana.

Mientras en América Latina – excepciones hechas – nos desgastamos con frenesí en encontrar la situación de un añejo dilema ideológico de izquierdas y derechas, de manera peyorativa, “neoliberales y neosocialistas”, en “un puente a ninguna parte”, nos llega una noticia que nos cuestiona con fuerza.

Resulta que el 16 de noviembre, 15 naciones de países de Asia-Pacífico, otrora adversarios entre sí y protagonistas de guerras internas, suscribieron la creación de un megabloque, llamado la “Asociación Económica Integral Regional (RCEP)”, proveniente de sus letras de inicio en idioma inglés: Regional Comprehensive Economic Partnership.

Cinco países líderes de esa región: China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, junto con los 10 países de la denominada “ASEAN” conformada por Birmania (Myanmar), Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam, lograron suscribir ese acuerdo multinacional.

Los países signatarios del tratado, en cifras aproximadas, constituyen cerca de un tercio de la población mundial, y la suma de sus productos internos brutos (PIBs) rondan entre porcentajes equivalentes de un 28% a un 30% de la economía mundial. Agreguemos que, a diferencia de otros acuerdos allí aprobados, priorizan la transferencia de tecnología en busca de garantizar un mayor desarrollo regional.

Evidentemente les permitirá reactivar sus economías con posterioridad, afrontar lo que se llamado “la nueva normalidad”, de una forma regional conjunta, a diferencia de lo que sucede en nuestro continente, cada día más disgregado de forma inconveniente, artificiosa y en confrontaciones estériles.

Sobrarán voces que busquen defectos al Tratado, que innegablemente como todo quehacer humano es y seguirá siendo imperfecto, así se le introduzcan decenas de ajustes y reformas. Lo más rescatable es la voluntad de unirse, asociarse en busca de un destino común para beneficiar a las personas que es lo único real, a lo cual deben orientarse esos esfuerzos, conceptualizarlos y dirigirlos. Los países y las economías deben estar siempre en función de ellos, ya que países y economías, no constituyen fines en sí mismo.

Nos referíamos a la voluntad de unión por encima de diferencias políticas. Estimamos que la cercanía de una época propicia de reflexión, mueva nuestros corazones hacia la convicción profunda que actuando de forma aislada, no es posible aspirar al interés superior.

Aprendamos esta lección que nos han dado.


Publicado originalmente en La República

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