Necesaria reforma al Poder Judicial

El discurso tremendista no contribuye en nada. Los problemas de los que padecemos son solucionables si nos empeñamos en hacer los cambios necesarios con firmeza, con mesura y, en este caso, con sentido de oportunidad

0
Carlos Ricardo Benavides, Abogado. 
La reforma que requiere el Poder Judicial no es solo necesaria, sino urgente. Pasa por cambios normativos y también de actitud.
Batalla intestina. A esa institución la tiene herida una larga lucha interna por el poder. Ha faltado prudencia, mesura y majestad. Algunos, en sus distintas esferas, aprendieron a exportar sus peleas, filtrando intrigas, alimentando la inestabilidad institucional, promoviendo sus aspiraciones o denostando las de otros. La actual situación provoca la pérdida de confianza en ese poder. En otros países situaciones similares han atizado la aparición de improvisados héroes o heroínas judiciales, que amparados en la actuación o el discurso populista y generador del aplauso fácil, se fortalecieron desde afuera del sistema hasta convertirse en incuestionables manipuladores de la justicia. No queremos que eso suceda en Costa Rica.
Independencia. Los ciudadanos demandan un Poder Judicial capaz de actuar con imparcialidad y objetividad, tanto para exculpar, acusar o juzgar a la ciudadanía, como para hacerlo internamente. Su criterio y determinación deben elevarse por encima de toda presión política, mediática o de opinadores demagogos. Es realmente el bastión último de nuestra democracia. El Poder Judicial debe ser independiente, así, a secas. Independiente frente a la presión política, pero también frente a las presiones mediáticas y sociales.
Que el Poder Judicial sea independiente no significa que no deba estar sujeto a los controles que supone una estructura republicana y a la rendición de cuentas permanente frente a la ciudadanía, claro está. Lo que no implica que ese control sea tal que desvíe los fallos judiciales del recto proceder y del Derecho.
Reforma legal. Indiscutiblemente la reforma normativa también debe entrar en la ecuación. Comienzo por mencionar el desatinado caso del artículo 182 de su Ley Orgánica, que establece un trato preferencial para los magistrados a la hora de establecer una sanción. Para amonestarlos se requiere mayoría absoluta, pero para suspenderlos por falta grave la norma exige mayoría calificada. Eso está mal. Por eso hemos visto recientemente diferencias odiosas en el trato para una funcionaria de distinto rango versus el que se otorgó a magistrados por idéntico descuido o falta.
Debemos revisar también la normativa para la aplicación de las sanciones. No es sensato que esa Ley permita una pena de simple amonestación para faltas graves. La falta, si llega a ser calificada como grave, debe implicar necesariamente la suspensión por días, semanas o meses, dependiendo de su intensidad. La llamada de atención debe estar reservada sólo para las faltas leves.
El proceso de instrucción o investigación de una falta disciplinaria contra un magistrado no debería estar en manos de otro magistrado. Se podría prestar para situaciones inconvenientes, entre otras al menos dos: 1- Que se imponga el amiguismo o compadrazgo y por lo tanto se le dé un tratamiento complaciente ó 2- Que se imponga el revanchismo y la lucha interna de poder, dando como resultado una recomendación abiertamente arbitraria ó, peor aún, disimuladamente letal.
Debemos revisar el régimen de impedimentos para los efectos de acceder al cargo de magistrado (a). Es claramente inconveniente que personas que recién acaban de ser altos funcionarios de Gobierno o diputados pasen directamente a ser magistrados. Se impone establecer un plazo razonable (no menos de ocho años) entre su salida de los puestos políticos y su eventual integración a la Corte.
Estos y otros temas deben ser abordados en la Asamblea Legislativa comenzando de inmediato. El discurso tremendista no contribuye en nada. Los problemas de los que padecemos son solucionables si nos empeñamos en hacer los cambios necesarios con firmeza, con mesura y, en este caso, con sentido de oportunidad.
El autor ha sido Ministro y Diputado en dos períodos, actualmente el el jefe de Fracción del Partido Liberación Nacional.

Comentarios

Cargando...