Nicaragua: la lucha por la repulsión de la ciudadanía

El Estado policial y parapolicial implantado desde 2018, ha dejado más de 300 asesinados, decenas de desaparecidos, más de 2000 heridos y más de 65,000 desplazados en busca de refugio en otros países.

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El sentido común nos dice que los grupos políticos luchan por promover sus agendas, ganar adeptos, no perder la simpatía de la población y, al final de cuentas, obtener la mayor cantidad de votos en un proceso electoral venidero. En Nicaragua pareciera que ocurre todo lo contrario.

El país se encuentra sumergido desde abril de 2018 en la peor crisis sociopolítica de las últimas tres décadas. Hace dos años, el gobierno familiar de Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, perdieron toda credibilidad local e internacional por la respuesta represiva contra manifestantes que inicialmente protestaban contra las reformas al sistema de pensiones, pero al ver la excesiva represión de parte del régimen, terminaron protestando por cambios democráticos de fondos, demandas que aún se mantienen.

El Estado policial y parapolicial implantado desde 2018, ha dejado más de 300 asesinados, decenas de desaparecidos, más de 2000 heridos y más de 65,000 desplazados en busca de refugio en otros países. Pese a todos estos hechos, que sin duda no le grajean popularidad al régimen orteguista, la oposición formalizada en varias organizaciones estudiantiles, en la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), la Unidad Azul y Blanco (UNAB) y otros partidos opositores, la mayoría juntos con los anteriores conformando la Coalición Nacional, que sería la virtual plataforma política en las elecciones de 2021, no logran ponerse de acuerdo y parecieran competir contra Ortega por demostrar quién puede generar menos simpatía en la ciudadanía.

Muchos hemos pensado que, ante una situación tan extrema, en un país con una dictadura -a todas luces- que asesina sin que le tiemble la mano, la oposición (organizaciones civiles, universitarios, partidos políticos, empresarios, defensores de derechos humanos, etc.) iban a apartar diferencias y acercar similitudes y puntos comunes, no solo por ganarle al orteguismo, sino para hacerlo pronto porque la presión que el país está soportando era ya inmensa antes de la pandemia y ahora sumada esta nueva crisis, frente a la cual el oficialismo ha tratado de tosecita, enfermedad de burgueses o dicho, a través de sus propagandistas, que se cura con gárgaras, a la par que los hospitales se llenan, tampoco ha conseguido que la oposición tome seriedad.

El régimen no acierta una, hasta recurre a prácticas esotéricas en actos públicos, pero la oposición tampoco pega una. Hasta el 26 de junio la oposición aglutinada en diversas figuras (Alianza Cívica, UNAB, Movimiento Campesino, Fuerza Democrática Nicaragüense, Partido Restauración Nicaragüense, Yatama, Partido Liberal Constitucionalista-PLC), firmo los estatutos de la Colación Nacional. No obstante, esto no es garantía de nada aún.

Para llegar a ese punto, que a última hora casi hace agua porque la Alianza Cívica no quería firmar, se han tenido que sortear supremacismos morales, que no se traducen en acciones prácticas y solo quedan en meras competencias de egos, entre estudiantes, partidos, empresarios y movimientos sociales. Ha sido un logro la concreción de la Coalición, pero ciertamente agridulce, porque se ha alcanzado con el cansancio de los nicaragüenses que tienen sus esperanzas en recuperar la estabilidad del país, al menos, con dicha agrupación. No obstante, las luchas internas, el figureo y ciertamente la inclusión del PLC en dicha Coalición, no ha dejado tranquilo a más de algunos, pues téngase presente que el PLC es una agrupación bajo el control de Arnoldo Alemán y familia, como el FSLN con Daniel Ortega y Rosario Murillo, además que han sido cómplice del pacto que permitió a Ortega recuperar el poder en 2007.

Ciertamente por ello muchos de los empresarios presentes en la Alianza Cívica preferían trabajar con el partido de Ciudadanos por la Libertad (CxL), en vez del PLC, pero su jefa, Kitty Monterrey, dio largas, justificaciones banas y es la fecha, y sigue hablando de una gran coalición opositora para 2021, pero todo parece que en dicha coalición solo ella y su agrupación alcanzan. De nuevo, el supremacismo moral y las discusiones ideológicas de izquierdas y derechas han sido un obstáculo que la propia oposición se ha impuesto.

La Coalición ya conformada y abierta a que otros grupos se puedan sumar, no necesariamente tiene asegurado el voto de los nicaragüenses ni muchos menos le ha quitado por completo la posibilidad de que el orteguismo se vaya a animar a hacer fraude en 2021. Los nicaragüenses necesitamos una plataforma que prometa, presente propuesta y asegure estabilidad, la recuperación de la democracia y la certeza que Alemán y compinches no van a instrumentalizarla con la participación del PLC.

El voto indeciso es nuevamente el favorito hoy por hoy, y es necesario ganarlo y sumarlo a la Coalición. Es también necesario sumar todas las fuerzas, no solo por votos, sino para evitar dar las posibilidades de que el orteguismo encuentre justificaciones para cometer un fraude electoral.

2018 se nos presentó como una tormenta que nos podía permitir replantearnos el país bajo un modelo democrático y participativo. Sin embargo, dos años después, con una oposición que no ha estado a la altura, creo que el listón lo hemos bajado, y los nicaragüenses lo que les exigimos a esa oposición es que al menos nos den una plataforma que saque del poder al orteguismo y a una gran cantidad de vividores que están saqueando al estado a través de puestos fantasmas, empresas de maletín y desvíos de fondos. Lo mínimo que queremos es recuperar la posibilidad de poder escribir sobre un papel el país que anhelamos, porque sabemos que ellos no están a la altura para darse a esa tarea, que esa será obra de un futuro con el que no podemos soñar si sigue habiendo un Daniel Ortega y una Rosario Murillo cuyos deseos son órdenes y sus órdenes leyes.

Estamos hartos de actitudes infantiles, de figureos inútiles y de discursos vacíos que quieran explotar los miedos a las extremas izquierdas o extremas derechas. Ya sabemos que los comunistas no comen niños ni los hacen jabón, pero que les gusta los Rolex y la ópera. No más. ¡Una propuesta! Eso necesitamos.

A través de este medio les pregunto con nombres y apellidos a Luis Fley, Miguel Rosales, Juan Sebastian Chamorro, Medardo Mairena, Mauricio Muñoz, Anexa Alfred, Alexa Zamora, Saturnino Cerrato, ¿Cuándo acabará el show y tendremos una propuesta clara de parte de ustedes? Y a la señora Kitty Monterrey, dos preguntas: ¿Va a mantener su coalición independiente? Y si es así, conteste de una vez ¿quién estará en dicha coalición? Ojalá pudiéramos conseguir réplicas a estas preguntas.

R.P. 07/2020

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