Nicaragua y nosotros, o viceversa

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Ticos y nicas tenemos una relación simbiótica a través de la historia. Sus conflictos más severos terminan por alguna razón con nosotros. Sus aflicciones son a la postre nuestras y las nuestras de algún modo terminan siendo suyas. Don Pepe solía decir que Costa Rica tiene tres estaciones, seca, lluviosa y problemas con Nicaragua y que podemos escoger a nuestros amigos pero no a los vecinos. Igual le pasa por supuesto a Nicaragua con respecto a Costa Rica, sólo que a veces el chauvinismo criollo nos nubla la vista.

Nuestros conflictos o crisis más profundas, se dice que oscilan cada cincuenta años, los de Nicaragua tal parece que cada cuarenta, aunque procuramos hacerlos coincidir cuando de temas limítrofes se trata.  También se dice con menuda frecuencia sobre política, que los pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla. Eso nos pasa a ambos.  Con Nicaragua se mantienen muchas disputas, algunas realmente importantes y otras tan insulsas como el origen y la calidad del gallo pinto. Los conflictos sin embargo nos ha obligado a hermanarnos,  y posiblemente Costa Rica ha ganado más por cuanto una población tenaz y trabajadora ha posibilitado que algunas áreas de nuestra economía no queden rezagadas.  Eso es también gracias a los nicas. La xenofobia en todo caso es un mal cada vez más notorio de nuestros tiempos. Siempre habrá eso sí personas que no son buenas, pues hay malandrines y bichos aquí tanto como allá. Lo que pasa además, es que aun cuesta digerir que somos una aldea global, de mezclas y fusiones importantes entre pueblos, naciones y credos.  Hoy en día no sólo los bienes y servicios se desplazan sino también las personas en busca de mejores condiciones. Así debe ser.

Lo que también es cierto es que, cuando hay crisis políticas o inviernos históricos severos, las migraciones se agudizan y difícilmente pueda ser un fenómeno controlado. Ese temor existe hoy en día en Costa Rica, por la magnitud de las condiciones que existen en la hermana nación del Norte, sumadas a una carga negativa que se viene acumulando, como resultado lógico de la obcecada necedad de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo por mantenerse en el poder a costa del sandinismo hoy convertido en caricatura de lo que fue, aunque tratan de hacerlo a cualquier costo.

Una vez más Costa Rica tomará partido y lo hará al lado del pueblo nicaragüense hastiado del nepotismo crónico que hoy gobierna a Nicaragua. Una vez más el tema de las oleadas de nicas a Costa Rica será tema de debate nacional. Una vez más Nicaragua pegará su grito al cielo sobre la interferencia de nuestro país en sus asuntos por cuanto esta vez pareciera es su turno y hoy Nicaragua, procura encontrar entre las huestes a su propio Juan Santamaría, lo cual luce  justo, tanto como necesario.

La convulsión actual da para creer que esto para los Ortega es el principio del fin y para Nicaragua el fin para un nuevo comienzo de liberación  en aras de su desarrollo histórico político en este Siglo XXI.   Veremos cuánto demorará este proceso e inevitablemente coadyuvaremos a que eso sea así; tal y como lo dicta esta relación simbiótica entre ticos y nicas.

 

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