Nuestra democracia bajo acecho: Con decisiones contradictorias, urge discutir la democracia que queremos renovar

Para algunos, erróneamente a mi juicio, se trata de un estado de descomposición política y oposición generalizada a la Administración Alvarado Quesada

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Eduardo Carrillo Vargas, (Ph.D. Administración).

¿Qué ha producido la combinación de bloqueos y huelgas de días recientes? En materia de demostraciones callejeras, cuanto más delicada la situación, más agresividad sindical es desplegada. Lo que parecía una protesta contra el Ministro de Educación, desembocó en su renuncia forzada. Albino Vargas, secretario general de la Asociación de Empleados Públicos y Privados (ANEP) parece haber valorado un cierto nivel de malestar nacional para acercarse a los estudiantes y ampliar la base de su movimiento político. A su vez, los estudiantes, tal vez por un impulso natural a la protesta, aunque con incoherencias notables, fueron adoptando la retórica sindical.

El éxito del movimiento estudiantil para paralizar el transporte nacional nos sorprendió a todos, incluso a los sindicatos. La presencia de Albino Vargas fue más notable y los estudiantes aparecieron pidiendo la revocatoria del proyecto fiscal que hoy es ley nacional. Luego vimos una especie de asociación, voluntaria o de hecho, síndico-evangelista-trailera-estudiantil, acogiendo temas altamente contradictorios. Los pescadores en apoyo de técnicas agotadoras de sus fuentes de trabajo; los estudiantes contra las mejoras del sistema educativo y específicamente la educación dual, que no es obligatoria; la estabilidad fiscal que, sin correctivos, crea la posibilidad del impago de sueldos y pensiones; el respeto a los valores cristianos, que posiblemente chocan contra las posiciones estudiantiles, todo parte de una especie de lista de mercado en la que luego aparecieron 18 temas, incluso el pedido de renuncia o destitución de la Sra. Ministra de Hacienda.

Para algunos, erróneamente a mi juicio, se trata de un estado de descomposición política y oposición generalizada a la Administración Alvarado Quesada (AAQ). En realidad, ocurre lo mismo que ha venido ocurriendo históricamente con nuestra política: que gobiernos débiles ceden frente a pequeñas presiones en aras del mantenimiento de la paz y la concordia. Una noche de actuación sólida por parte del Gobierno bastó para eliminar la mayor parte de los bloqueos que habían secuestrado a la economía nacional, demostrando así que los acontecimientos no fueron producto de fortaleza sindical o de descomposición social, sino de la falta de autoridad para imponer un poco de disciplina a nuestra indisciplinada población. Los serios bloqueos que paralizan la economía, seguro se volverán a presentar (así parecen anunciarlo los empleados municipales), en especial si el gobierno sigue con su conducta complaciente, en vez de emplear los recursos que la ley le concede para tales situaciones. Las víctimas serán las mismas: una economía de por sí frágil; debilitamiento de la micro, pequeña y gran empresa; daño contundente contra la agricultura; e, impedimento para que nuestros enfermos no puedan ser atendidos en los hospitales y centros de atención.

Pero hay dos cosas más preocupantes en relación con nuestra democracia, sujeta a presiones populistas, exitosas en muchas partes del mundo. Lo primero es que la posible generalización de los movimientos de protesta, estimulados por la creencia de que, de cualquier manera, el Gobierno no aplicará los recursos punitivos contemplados por la ley. Actos que rayan en delincuencia, por ejemplo, las camionadas de materiales descargados en vías importantes no han sido confrontadas con la seriedad necesaria por el Gobierno. Además, si pequeños grupúsculos pueden detener el tránsito nacional, el fenómeno se puede repetir y contribuir a crear la impresión de una situación de malestar general, tal vez el principio de un nuevo combo, como el del ICE, o lo que alguien lo ha llamado el “efecto bumeran”.

La segunda preocupación en más seria, al menos en mi perspectiva. Todos los temas del reciente movimiento han sido políticos, no laborales. El tema ha sido discutido en forma aislada, sin que nadie (excepto quien escribe estas notas en participaciones anteriores) piense que con ello estamos abriendo portillos a los populistas, autócratas o dictadores. Devolvámonos por un instante al ABC de la democracia. Uno de sus ejes principales es el proceso electoral como foro de discusión de la dirección que el país debe seguir y de los programas necesarios para ello. El pueblo vota y el presidente electo adquiere un compromiso político de base soberana (respaldado por la mayoría). Este es el principio sobre el cual se asienta la política pública.

Si, en cambio, la política pública queda expuesta al veto sindical, entonces para qué votar. Si las decisiones importantes del gobierno se resuelven por presiones callejeras, impugnadas por los sindicatos, el proceso electoral no tiene sentido. La democracia ha dejado de existir, sustituida por el modelo de la calle, porque sería en las calles donde se encaran los grandes problemas nacionales. O, peor, de alguna manera estaríamos creando la figura de la dictadura de las minorías, con pequeños grupos de ciudadanos controlando el país, como ya lo hicieron los estudiantes, y decisiones de política pública dominadas por la presión huelguística de los sindicatos que, recordemos, representan menos del 14% de la fuerza laboral.

Es importante señalar que los políticos nos han fallado. Las numerosas crisis que hoy encara el país son el producto de malas decisiones que ellos nos han impuesto. Son ellos los responsables del bajo crecimiento, de la pobreza y de la desigualdad. Son también quienes fallaron en imponer una disciplina necesaria para el progreso social, económico y político. Nos quisieron dar libertad, pero resultó en libertinaje, definido como “Actitud irrespetuosa de la ley, la ética o la moral de quien abusa de su propia libertad con menoscabo de la de los demás”.  La administración pública es un emporio de caos, privilegios e impunidad. Pero todo debe resolverse mediante recursos que la democracia tiene para ello. Hoy más que nunca, la evidencia la tenemos en nuestra región, con Venezuela, Cuba y Nicaragua.

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