Ml. Ernesto Herra Castro. En el conjunto de relaciones a través de las que se expresa la nueva cartografía del poder a escala global, se ponen en evidencia las tensiones Norte/Sur, Centro/Periferia aún prevalecientes. Sin embargo, dejan en evidencia que dichas tensiones van más allá de las nociones geográficas y se entraman en un conjunto de relaciones e interelaciones de tipo Privilegio/Opresión. En esta tensión se expresa la complejidad de nuestro tiempo que permite identificar que estamos inmersos en una reconfiguración planetaria muy similar a la “Revolución global del 68” pero con matices significativamente distintos para los cuales el lenguaje contenido en la filosofía y las ciencias sociales modernas no son suficientes. De ello da cuenta la política formal.
El lenguaje desplegado tanto por la derecha como la izquierda tiene como matriz la racionalidad occidental. Sin embargo, la actual tensión global está más allá que lo comprensible por dicha racionalidad, estructurada en base a la relación sujeto-predicado propio de los silogismos helenos, que ha tornado insuficiente el lenguaje contenido en la política formal para hacer frente al tipo de preocupaciones/problemas de nuestro tiempo histórico. Aún así, el regreso a los clásicos es pertinente en momentos de quiebre como el actual. En este “regreso” podemos identificar algunas de las pistas que nos impulsen a formular nuevo tipo de preguntas atinentes a nuestro tiempo histórico, a nuestras realidades y poder aportar así a la reflexión planetaria.
Para los economistas clásicos, desde Smith, Ricardo o el mismo Marx está claro que la fuerza de trabajo es la única en condición de crear los productos satisfactores de necesidad que, en el marco de las relaciones organizadas en torno al capital, devienen en mercancías. Lo anterior Marx lo hace visible a través de la categoría “valor” y la identifica como el núcleo de las relaciones organizadas en torno al capital.
La incorporación de la máquina en las relaciones de producción de mercancías, hacia el siglo XVIII, fue tornando el trabajo vivo, según palabras del mismo Marx, en algo innecesario, superfluo, de tal forma que la actualización constante de este tipo de relaciones han tornado al capital en una dinámica que se vuelca contra sigo mismo. Lo anterior se fundamenta en el hecho de que en la medida que el capital ha urgido de acortar el tiempo en que el trabajador necesita producir las condiciones materiales que aseguran su subsistencia, por medio de su salario a través de la incorporación de la máquina, éste, el capital, tiende a obtener una menor tasa de ganancia (Baja Tendencial de la Tasa de Ganancia). A lo anterior se suma el hecho de que en la medida que el capital se ha vuelto cada vez más dependiente de la máquina, el producto obtenido en cada una de las fases de reproducción del capital (producción, distribución, intercambio y consumo) está articulada en torno a mayores cantidades de dinero carente valor.
Desde la organización planetaria del capital en torno a la actualización de las condiciones de transferencia de valor de las “periferias” hacia el “centro” hacia 1973 con Chile, como primer laboratorio de organización planetaria en torno a Estados con orientación transnacional, las relaciones financieras que se transan a escala planetaria están respaldadas por el valor contenido en el dinero proveniente de las “periferias”, ya que en la medida que éstas tienen menores condiciones materiales para dotarse de componentes tecnológicos, el dinero que se transfiere de las “periferias” hacia el “centro” contiene el valor del que carece aquel con que el se transan las relaciones económicas en tiempos del transnacionalismo financiero. Lo anterior me permite pensar junto a ustedes en la siguiente hipótesis:
En la medida que el dinero sea una de las expresiones del capital; que el valor, y sobre todo el control de dicho valor, sea el motivo por el cual el mismo capital produce y reproduce el conjunto de relaciones articuladas en torno a él; y que el valor contenido en el capital actualmente sea producido, principalmente, por las “periferias” en un tiempo histórico en el que el dinero proveniente del “centro” carece de valor, es que me atrevo a sugerir que lo que otrora fuese considerado “periferia” las relaciones organizadas en torno al capital le sitúen, en la actualidad, en el centro mismo de la producción y reproducción del capital.
Si comparten conmigo lo anterior estaremos de acuerdo en que la organización transnacional del Estado costarricense no es otra cosa que la actualización de las condiciones racionales y materiales para la transferencia de valor de las “periferias” hacia el “centro”.
A la vez compartirían conmigo que, siendo las “periferias” hoy el “centro”, quizá tengamos claro que carecemos de condiciones materiales para disputar centralidad en la economía transnacional de nuestro tiempo. Sin embargo, estarían de acuerdo conmigo en que nuestro país tiene condiciones para impulsar el tipo de preguntas pertinentes a nuestro tiempo histórico, que están más allá del tipo de relación Sujeto-predicado y del cual el pueblo del que formamos parte, tiene ejemplos solidarios con el mundo. Para ello habrá primero que cobrar consciencia de nuestra centralidad histórica e impulsar, junto a los nuestros, “nuestra voz en el mundo”.
Ernesto Herra Castro es investigador, extensionista y docente en la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional de Costa Rica.

