Olga Goldenberg Guevara: Poemas del libro “Espirales del silencio”

Nudos. Nada. Miradas. Alucino.

Olga Goldenberg Guevara.

Poemas del libro Espirales del silencio

 

Nudos

 

Pende de un hilo la palabra

Es el hilo invisible del sentido

El hilo de la vida

que trama cada quien

a su manera

Con sus deseos

Con sus frustraciones

Con el brillo flagrante del pecado

Hilo de nudos apagados

sin olvido

atado a los pilares

del hecho inconfesable

inadmisible

impropio

El que yo cometí

silenciada la culpa

tapado el basurero

Nudo atorado

en el brocal del pozo

donde procuro hundir

aquello de lo cual

no me arrepiento.

 

 

Nada

 

El Hágase la luz

aún no ha sido dicho No ha sido pronunciado

El yurro enceguecido atraganta sin cauce íntegra su canción

Las voces de la elipsis sordas ya de solfeos

se asfixiaron opacas y sombrías

Soles ocultos en el infinito apagaron los grillos del silencio

Nadie reclama escucha

cuando ninguna vibración resuena nos alcanza ni mueve

En el negro agujero muda nada la nada.

 

Miradas

  

Tenaz apunta el sol

cada mañana

Despiertan bullangueros

los yigüirros

La esperanza

baila en las alamedas

descolgada del viento

Pintan los vuelos

alas de mariposas

y cantan soledades en mi patio

las flores del jazmín

¿Qué más puedo pedir?

Acaso un corazón

ciego de nortes

que clausure mis ojos a las cifras

            la estadística atroz de la pobreza

            la masa migratoria rechazada

al desmigajamiento del abrazo

y me deje soñar.

 

Alucino

 

Hay golpes

sordos

Palabras sin memoria

Flores encadenadas

a sedimentos de sospecha

Voces de multitud

en un túnel atávico

Y se advierten martillos

sigilosos

en el pisar de las agendas

El tiempo

interminable

—crudos sus goterones—

hierve un ruido

de pasta pegajosa

Dentro

en el fondo

voy atada

entre la distorsión de los mensajes

y su limo adherido a la piel

Mudas membranas

de aceite equinoccial

en los oídos.

Una fuerza convexa

divergente

cabalga de improviso

El aguallueve esconde

dos fosfóricos centros de agonía

La salamandra gigantesca

abre los ojos.

 

 

 

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