Olman A. Villarreal. Universidad y Sociedad: ¿Otra vez atisbos de ejemplaridad pública, perfil de ser humano y poder?

El balance de la relación Universidad-Sociedad y los atisbos nos permiten precisar que somos las personas universitarias, las encargadas de continuar construyendo una renovada actitud y compromiso con el Faro de luz, siempre encendido, con combustible renovado de decencia, probidad, transparencia y ejemplaridad pública.

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Olman A. Villarreal Guzmán, Académico.

Hace unos días me cautivó un análisis de Fernando Vallespín en El País de España, donde nos comparte la vigencia del pensamiento y temores en la obra del destacado científico social alemán: Max Weber, a 100 años de su muerte, víctima de la “gripe española”.

Precisamente en estos tiempos de pandemia, resulta relevante detenerse a dialogar y “desempolvar” las ideas y reflexiones de personas, que con el paso del tiempo refuerzan preocupaciones, convicciones y esperanzas, especialmente para esa relación Universidad y Sociedad de nuestro tiempo. En primera instancia, tanto Max Weber como Rodrigo Facio me permiten la identificación de los atisbos que propongo develar y re-posicionar en la actual coyuntura universitaria, nacional e internacional.

En este sentido inicio esta reflexión, con algunos atisbos que considero relevantes:

Atisbo 1: A Max Weber, “…padre de la sociología moderna le preocupaba mucho “el tipo especial de ser humano” al que le encomendamos el poder”. (F. Vallespín, El País. 12-6-2020). Tratemos de explicarlo mejor. Este tipo especial de ser humano, desde la óptica Weberiana, se le impone la indudable contingencia, complicidad e integración de la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Lo anterior adquiere relevancia cuando observamos en medio de esta pandemia, una voz fuerte que prefiere y prioriza la vida y salud de las personas frente al “rugido” de algunos, que sólo priorizan los intereses económicos, mercantiles y materiales de una economía capitalista desgastada, deshumanizante y corrupta. Desde la sociedad el balance pareciera claro: tener en cuenta siempre las consecuencias de nuestras acciones (ética de la responsabilidad) versus la irracionalidad de la ética del mundo capitalista actual contraria a la ética de la convicción. Por ello ambas perspectivas éticas son indispensables de articular e integrar en las acciones y decisiones humanas.

Atisbo 2: Paralelamente y de forma complementaria Rodrigo Facio, desde la Universidad Pública, plantea que: «La superioridad del universitario y universitaria, si es que se desea emplear tal término, es simplemente superioridad en la aptitud para servir.» (R. Facio, Discurso Clausura año académico.1952). En este sentido es evidente la abierta contradicción con algunas acciones dentro y fuera de las universidades públicas que han alimentado una cultura clientelar, conformista y sustentadora de un estatu quo particular. En este escenario son altamente coincidentes las perspectivas éticas de Weber con Rodrigo Facio, en el sentido de resaltar la importancia de las vocaciones en las personas para el ejercicio de sus tareas, y especialmente para el ejercicio del poder y la autoridad en la sociedad moderna de las organizaciones.

Atisbo 3: El perfil y ejercicio del poder en la sociedad y en las organizaciones. Este es un factor clave y profundamente humano y social. Por ello la tensión-atracción entre poder, autoridad y dominación deviene en una ecuación básica que puede explicar de manera particular las dinámicas en la sociedad y en las organizaciones. Éstos son factores centrales, ya que nos permiten comprender los movimientos, momentos, estrategias y funcionamiento de los seres humanos en sociedad y en las organizaciones de las forman parte. Aquí la TRANSPARENCIA y ÉTICA PUBLICA en todas y cada una de las acciones, supone una buena dosis de congruencia entre el discurso y la acción, siguiendo el viejo y sabio precepto: TUS HECHOS HABLAN TAN FUERTE, QUE NO PUEDO ESCUCHARTE, o el otro que sentencia: POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS. En este sentido el ejercicio del poder devela un panorama complejo de acción humana, que calza adecuadamente con los anteriores atisbos descritos.

Atisbo 4: El filósofo español Javier Goma en su texto: Ejemplaridad Pública como modelo de gobernanza frente a la crísis (Taurus, 2009), permite ubicar este atisbo, cuando reafirma y explica este concepto de Ejemplaridad Pública: «Había un duro reproche a conductas de personas que NO eran procesadas o que, siéndolo, recibían luego la absolución del tribunal. Aunque no sancionables en Derecho, repugnaban a  la percepción mayoritaria de lo decente y lo honesto. Se necesitaba una palabra que explicara ese plus extra-jurídico de exigencia moral a dichas figuras. En una sociedad justa -esta sería la conclusión- cumplir la ley es condición necesaria pero NO suficiente.»

La ejemplaridad pública como antiguo y “nuevo normal” de conducta moral y social, que ubica la responsabilidad con la convicción, es precisamente lo medular –y rara excepción-en el comportamiento humano en las actuales circunstancias. Precisamente en esa línea y para el caso de la Universidad de Costa Rica, destaco al Consejo Universitario que observé en unas bellas, sencillas y coloquiales actas (Actas 38 a la 55) de 1952, donde se muestra un órgano deliberativo, respetuoso de la disidencia, prudente y siempre preocupado -y ocupado diría hoy-  por los altos ideales del «lucem aspicio.»

Una vez presentados estos atisbos, algunas lecturas relacionadas, acerca de esa compleja, contradictoria pero estimulante relación entre Universidad y Sociedad.

La primera lectura ubica el contexto estatal de dicha relación. La relación Universidad-Sociedad se debe inscribir en un contexto y modelo de Estado Nación, el cual presenta evidentes fisuras y oportunidades frente a los retos y demandas societales. Así se ha mostrado en los espacios nacionales, regionales y locales en los últimos años del siglo XX y hasta el presente. En los últimos tiempos se ha venido experimentando una transformación radical en las dinámicas sociales, económicas y políticas entre actores institucionales públicos, actores privados, y de actores de la sociedad civil. En esa transformación se han modificado los escenarios de alianzas, acuerdos, pugnas y conflictos, los cuales se inscriben en el siguiente postulado: los ciudadanos, ciudadanas y habitantes de un territorio están exigiendo a sus autoridades electas y funcionarios públicos más congruencia entre el discurso y la práctica. Es decir, requieren y exigen acciones concretas que cambien y modifiquen radicalmente sus condiciones y calidad de vida.

Una segunda lectura nos remite a los actores sociales, donde los movimientos sociales de corte tradicional en los años 1960 y 1970 del siglo pasado, han dado paso a complejos grupos y sectores sociales, algunos de ellos especializados en temas ligados a una constelación de luchas, como por ejemplo: por un medio ambiente sano y protegido, por espacios de mayor y mejor competitividad entre actividades productivas y de exportación, demandas por derechos humanos expresados en respeto a la diversidad, minorías étnicas, entre otros. Todo lo cual se manifiesta y expresa en luchas desde diferentes trincheras físicas y virtuales. Hoy en día la llamada globalización[1] no es solamente expresada en el campo del comercio internacional y las transacciones financieras, constituye una globalización de las ideas, de los paradigmas, de las modas, de los espacios virtuales como: gobierno digital, páginas web o portales interactivos con múltiples servicios en línea a su ciudadanía, habitantes y clientes, redes sociales como facebook, twiter, cadenas de noticias nacionales e internacionales, entre otras muchas existentes. Aquí resulta relevante destacar el hecho de que en esta “danza de actores”, se muestran importantes ribetes de “corrupción y evidente tráfico de influencias” de actores políticos de turno, actores sociales y económicos “clientelares y/o proveedores de las organizaciones públicas, y una “especie de casta o grupo institucional” con evidentes conexiones y alianzas con los primeros.

Al respecto interesa de manera particular resaltar el hecho de que las diversas corrientes conceptuales, metodológicas y especialmente las ofertas políticas de partidos, gremios y organismos internacionales se han concentrado en plantear una “exagerada” complacencia con puntuales grupos de interés –normalmente poderosos económica y financieramente, tanto nacionales como internacionales- lo cual les ha llevado a formular una serie de “recetas de modernización, ajustes, reformas tipo socarse la faja” a los diferentes gobiernos de esta aldea global, y especialmente a los latinoamericanos, que desde los años 1990 solo han mostrado evidentes sesgos, fracasos y descontento en amplios sectores sociales[2]. Eso se ha reflejado tanto en nuestra región, pero también en el selecto grupo de países de la OCDE, del cual forma parte nuestro país.

Una tercera lectura, permite develar una perspectiva más amplia de un Estado para el Desarrollo[3] en los espacios -nacionales y locales-. Para ello resulta un imperativo de las sociedades latinoamericanas, a que se propicie un “nuevo tipo” Estado con siete funciones esenciales, a saber:

  • Jardinero, que aporca y prepara el terreno;
  • Emprendedor, que construye y promueve iniciativas;
  • Rector, que conduce y dirige con estrategia;
  • Controlador, que regula y fiscaliza con efectividad y eficiencia social;
  • Custodio, que cuida, monitorea y apoya;
  • Productor, que genera bienes y servicios de calidad; y
  • Partero, que soporta y apoya la creación, es decir da vida y viabiliza a iniciativas innovadoras prometedoras para el desarrollo.

Todas estas funciones expresan las exigencias y desafíos de las sociedades del siglo XXI, aunque fueron ya planteadas desde la década de los años 1990 del siglo pasado. Las universidades públicas aquí tienen una tarea insoslayable e imperativa, la cual se ha mostrado con meridiana claridad en el contexto de la presente pandemia: una institucionalidad pública fuerte, robusta, comprometida, transparente, eficiente y efectiva, orientada a resultados y de cara a las necesidades y expectativas de la ciudadanía y habitantes. Tanto desde la OCDE como de la OMS-OPS, se ha destacado el trabajo del Gobierno y la sociedad costarricense frente al abordaje de la crisis del COVID-19. En Costa Rica el Estado social de Derecho, construido desde los años 1940 del siglo pasado, está cada vez y a pesar de los embates “neoliberales”, acercándose a ese perfil de Estado para el Desarrollo indicado, y presentando una faceta alentadoramente positiva de ese clásico modelo de Estado Nación.

A manera de síntesis una respuesta a la cuestión planteada, permite puntualizar lo siguiente:

Una primera respuesta supone considerar que la sociedad de inicios del siglo XXI es una sociedad compleja, con un perfil dominante de: desideologización, descrédito, desmotivación y alta confusión entre valores y principios[4], lo cual atiende a los procesos de legitimación del Estado y la institucionalidad pública frente a la sociedad.

Los atisbos y la pregunta central permiten precisar que las universidades públicas, como parte de la institucionalidad pública y su particular vinculación con el Estado, tienen un rol o papel vital en la conducción de una discusión, que sitúe y problematice el siguiente postulado y balance: “la reducción del Estado y sus organizaciones públicas es menos importante que el cambio en sus metas, límites y complejidad.[5]

La otra discusión supone explorar un camino permanente de búsqueda y construcción de espacios sostenibles de mejoramiento de la gestión universitaria, pública y social de cara al ciudadano, ciudadana y habitante de un territorio determinado. Aquí resulta conveniente provocar una refrescante discusión, con el siguiente postulado: un Estado y un gobierno más flexible y descentralizado que sustituye el control jerárquico por la rendición de cuentas directamente ante la ciudadanía.

Una segunda respuesta, supone considerar otro elemento que constituye un desafío en esa relación Universidad-Sociedad. En este sentido se percibe la existencia de un vacío fundamental entre los postulados teóricos y su realización plena e integral en la acción cotidiana de ese Estado y su Administración Pública. Es un desafío ya que sigue dominando un enfoque economicista y financista, que privilegia los intereses de grupos y sectores poderosos, que están llevando al límite del colapso a las sociedades, especialmente a los sistemas políticos y de gobernabilidad. Aquí los actos de corrupción, cinismo político y alta flexibilidad de valores públicos y privados –especialmente para satisfacer mezquinos intereses particulares y de gremios- parecen estar contribuyendo significativamente a que la modernización de la gestión pública se estanque y se mantenga como desafío pendiente.

Una tercera y última lectura, debe ser atendida desde la perspectiva del rol o papel de la Universidad Pública, donde los atisbos son una excusa ideal para repasar, discutir y abordar de forma directa una respuesta de la Universidad, respecto de la implementación de una agenda abiertamente neoliberal y privatizadora del modelo de universidad pública. Ese fuego se ve propiciado e incrementado en las últimas semanas a propósito del informe legislativo sobre el FEES, por los sectores sociales conservadores, neoliberales y abiertamente enemigos de las universidades públicas, con el fin de desacreditar y deslegitimar el trabajo que aquí se realiza, y desvalorizar su aporte al país. Esa situación NO es nueva ya que son esos mismos sectores que en 1952 calificó Rodrigo Facio como: «…observadores prejuiciados y los enemigos francos o encubiertos de la Institución.»

El balance de la relación Universidad-Sociedad y los atisbos nos permiten precisar que somos las personas universitarias, las encargadas de continuar construyendo una renovada actitud y compromiso con el Faro de luz, siempre encendido, con combustible renovado de decencia, probidad, transparencia y ejemplaridad pública.

 

[1] Cfr. Cuervo, Luis Mauricio. 2006.  Globalización y Territorio. Santiago de Chile: CEPAL, Serie gestión pública (56): 5-47; quien desarrolla una interesante y a nuestro juicio pertinente reflexión y propuesta acerca de este “tan llevado y traído” concepto de globalización, relacionándolo con los espacios concretos de gestión del Estado y su institucionalidad. Se rescata de manera especial un aporte para la comprensión de dicho fenómeno en la realidad latinoamericana.

[2] Cfr. Andreas P. Kakouris & Elina Meliou. 2011. New Public Management: Promote the Public Sector Modernization Through Service Quality. Current Experiences and Future Challenges. Greece: Public Organiz Rev 11:351–369. Interesa destacar de éste artículo la discusión en Grecia y la Europa Mediterránea en el contexto de la actual crisis de la Unión Europea, que afecta de manera particular a algunos países como: Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia, entre otros. Los resultados de este análisis plantean y re-plantean algunas viejas y –nuevas- interrogantes acerca de los procesos de implementación de la NGP y principalmente su utilización política –deliberada- a fin de justificar medidas complejas, elitistas y abiertamente impopulares.

[3] Cfr. Evans, Peter. 1996. El Estado como problema y como solución. México: Revista Desarrollo Económico. 35 (140). Traducido de S. Haggard y R. Kaufman, Eds. The politics of economic Adjuntment, N. J. Princenton University Press. USA, 1992.

[4] Cfr. López Barja de Quiroga, Jacobo. 2014. Introducción a la Teoría del Estado. Valencia, España.

[5] Cfr. Olias de Lima, Blanca et al. 2001. La nueva gestión pública. Madrid: Prentice Hall.

 

Olman A. Villarreal Guzmán.
Director del Posgrado en Evaluación de Programas y Proyectos de Desarrollo de la Universidad de Costa Rica.
Profesor asociado de la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Costa Rica.
Estudios Realizados: Magíster en Ciencias Administrativas, Escuela Superior de Ciencias Administrativas. Speyer (1992), República Federal de Alemania; y Licenciado en Sociología (1989). Universidad de Costa Rica.
olman.villarreal@ucr.ac.cr

 

 


 

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